¿De dónde sacan los nombres los meses?
hace 7 meses

Los orígenes de los nombres de los meses, así como el calendario de 12 meses que suman 365 días, se encuentran en la historia antigua, varios siglos antes de la era común. El sistema que utilizamos hoy en día, conocido como el calendario gregoriano, es una evolución directa de un sistema ideado por los romanos hace más de dos milenios.
La antigua leyenda romana cuenta que Rómulo (el de Rómulo y Remo, supuestamente amamantados y criados por lobos), el primer rey de Roma, instituyó un calendario de 10 meses alrededor del 738 a.C. Este calendario comenzaba en primavera, alineándose con el ciclo agrícola y militar, y constaba de: Martius, Aprilis, Maius, Juniius, Quintilis, Sextilis, September, October, November y December. Es importante notar que los historiadores ya no atribuyen el desarrollo del antiguo calendario republicano romano a Rómulo, a quien hoy se le considera más una figura de leyenda que de la historia.
Aunque han pasado más de dos milenios y medio, la mayoría de los nombres de los meses nos resultan familiares, si bien algunos han abandonado hace tiempo las terminaciones latinas. Pero, ¿qué significan realmente estos nombres? ¿Por qué los últimos cuatro meses llevan nombres numéricos incorrectos? ¿Qué fue de Quintilis y Sextilis? Y, sobre todo, ¿dónde estaban los otros dos meses que faltaban para completar el año? Para entenderlo, debemos sumergirnos en la mitología y las reformas políticas de la Roma antigua.
Enero
Nuestro año calendario comienza en enero, que es cuando el año nuevo empieza en el calendario romano desde algún momento a mediados del siglo II a.C. El mes de enero toma su nombre del antiguo dios romano Jano (Janus), una deidad de las puertas, los umbrales, los comienzos y los finales.
Jano es una figura fascinante en la mitología romana, representada con dos caras en lados opuestos de su cabeza, mirando simultáneamente hacia el pasado y hacia el futuro. Esta dualidad simboliza perfectamente la transición, el cruce de un umbral temporal. ¿Podría haber un nombre más apropiado para el mes que marca el final del año viejo y el inicio del nuevo? En el período romano, el mes era conocido como Januarius, honrando a esta deidad que custodiaba las entradas y salidas de la vida y el tiempo.
Aunque Januarius marca el inicio del año moderno, no siempre fue así. El calendario original de diez meses no incluía este mes. Fue la necesidad de ajustar el calendario civil con el año solar la que impulsó la inclusión de dos meses adicionales. Con su adición, y el cambio del inicio del año de marzo a enero (marcando la fecha en la que los cónsules romanos asumían su cargo), Jano se consolidó como el guardián de la cronología romana.
Febrero
Febrero recibe su nombre de Februalia, un antiguo festival romano de purificación. Este ritual se celebraba para honrar a la diosa Juno en su advocación como Februa, una deidad conectada con el amor erótico y, principalmente, con la limpieza y la fertilidad necesarias para el ciclo agrícola que estaba a punto de comenzar en marzo.
Según la leyenda romana, el segundo rey de Roma, Numa Pompilio (quien sucedió a Rómulo), añadió tanto febrero como enero al calendario original de 10 meses (que sumaba 304 días, y los 61 días restantes simplemente se ignoraban) alrededor del 700 a.C. Los estudiosos modernos consideran que la datación de esta reforma es precisa, pero creen que la adición de los dos meses fue producto de un largo proceso y no obra de una única figura legendaria. La necesidad de un calendario que cubriera todo el ciclo solar, especialmente el frío invierno, forzó esta ampliación.
Esta forma temprana del calendario romano de 12 meses colocaba a febrero después de diciembre, marcándolo como el último mes del año. Sin embargo, en el 452 a.C., fue movido a su lugar actual entre enero y marzo. Como era el último mes, se le asignaron menos días, lo que explica por qué febrero es el mes más corto, una peculiaridad que ha persistido a través de milenios y reformas calendáricas hasta hoy, incluyendo la necesidad de un día bisiesto cada cuatro años.
Marzo
Lo que hoy llamamos marzo era conocido en la antigüedad como Martius, en honor al dios romano de la guerra, Marte. Esta elección tiene profundas raíces en la cultura romana.
Marte no solo era el dios de la guerra y la estrategia militar, sino también una deidad importante asociada con la fertilidad y la agricultura. En las primeras versiones del calendario romano, se consideraba que el año nuevo comenzaba en marzo. Esto tenía una lógica práctica: con la llegada de la primavera, el clima mejoraba, permitiendo tanto las campañas militares (de ahí su conexión con la guerra) como el inicio de la siembra (su rol agrícola). Esta designación se mantuvo hasta mediados del siglo II a.C., cuando enero fue designado como el primer mes del año calendario, pero la impronta de Marte en el tercer mes ya era inamovible.
Esta transición histórica es crucial: mientras que Jano marcaba el inicio administrativo del año para los romanos (la toma de posesión de los cónsules), Marte simbolizaba el inicio natural, militar y agrícola. Si observáis la raíz de los nombres de los meses que siguen, entenderéis por qué Marte (el primer mes) es tan importante para el sistema de numeración subsiguiente, que aún arrastramos en los nombres de septiembre a diciembre.
Abril
Abril se conocía como Aprilis en la antigua Roma. Los romanos consideraban que este mes estaba consagrado a Venus, la diosa del amor, la belleza y la fertilidad.
El origen etimológico de Aprilis es debatido y tiene dos interpretaciones principales. Una teoría sugiere que el nombre deriva de Afrodita, el equivalente griego de Venus, enfatizando su carácter de mes sagrado a la diosa del amor. La otra teoría, quizás más poética y ligada al ciclo de la naturaleza, propone que proviene de la palabra latina aperire (abrir), probablemente haciendo referencia a la apertura de las yemas y los brotes con la llegada plena de la primavera. Al igual que marzo preparaba la tierra, abril la hacía explotar en vida.
Durante Aprilis, los romanos celebraban festivales importantes como la Parilia, dedicada a la purificación de los rebaños y la renovación de la tierra, consolidando su conexión con la vida que florece tras el invierno. La dulzura de la primavera, que permite el inicio de la vida amorosa y vegetal, encajaba perfectamente con la protección de Venus, garantizando el éxito de las cosechas y la prosperidad.
Mayo
Mayo, llamado Maius en el calendario original de 10 meses de la antigua Roma, posiblemente lleva el nombre de Maia, la diosa romana de la fertilidad y el crecimiento.
Maia era una deidad asociada con la Primavera y el concepto de crecimiento (maius en latín a menudo implica 'más grande' o 'creciente'). Como una de las Pléyades, también estaba conectada a las observaciones astronómicas que eran cruciales para determinar los tiempos de siembra. Su papel era asegurar la abundancia y la floración de la naturaleza. Era un mes de celebraciones centradas en la maduración temprana de los frutos y la culminación de la fase de preparación de la tierra, iniciada en marzo y continuada en abril.
Además de honrar a Maia, este mes era vital para los ritos dedicados a los ancestros y la estabilidad social. La tradición de celebrar la vida y la fertilidad en mayo ha perdurado a través de los siglos, influyendo en muchas culturas europeas que adoptaron y adaptaron el calendario romano.
Junio
Juniius, como se le llamó por primera vez en el calendario romano antiguo, probablemente lleva el nombre de Juno, la esposa de Júpiter. Juno era la Reina de los dioses, la protectora del Estado romano y, crucialmente, una diosa conectada con muchos aspectos de la vida de las mujeres, especialmente el matrimonio, la fertilidad y el parto.
Junio sigue siendo un mes tradicionalmente asociado con las bodas, una costumbre que se remonta directamente a la antigüedad romana, donde casarse bajo la protección de Juno se consideraba un augurio de felicidad y descendencia próspera. La importancia de Juno para la estructura social y familiar romana garantizaba que su mes estuviera lleno de celebraciones religiosas y sociales que fomentaban la armonía y el crecimiento.
El vínculo con Juno era tan fuerte que incluso cuando Julio César implementó su gran reforma, el nombre de este mes permaneció intacto. A diferencia de lo que ocurrió con los meses posteriores, nadie se atrevió a desafiar la protección de la poderosa Reina de los Dioses.
Julio
Julio se llamaba originalmente Quintilis, que significa "quinto mes". Este nombre indicaba su posición en el calendario cuando el año comenzaba con Marzo (Martius). En el calendario que iniciaba con Marte, el quinto mes mantuvo este nombre numérico hasta que fue renombrado Julius alrededor del 44 a.C., en honor a Julio César.
Julio César fue una figura trascendental que no solo conquistó vastos territorios y remodeló la República Romana, sino que también intervino en el tiempo mismo. El calendario republicano romano pre-Julio era notoriamente caótico y desalineado con el año solar. Para corregir este desastre, César, con la ayuda del astrónomo Sosígenes de Alejandría, introdujo el Calendario Juliano en el 45 a.C.
Este calendario juliano estableció un año de 365 días con un día bisiesto cada cuatro años, una mejora monumental en la precisión y simplicidad que duró hasta la reforma gregoriana en el siglo XVI. Para honrar a su creador, el Senado Romano decidió cambiar el nombre del mes Quintilis, el mes de nacimiento de César, a Julius. Esta fue la primera vez que un mes se nombró en honor a una figura mortal y marcó un precedente para la deificación de los líderes romanos.
Agosto
El mes que ahora llamamos agosto recibió ese nombre alrededor del 8 a.C., durante el reinado de Augusto César, para honrarle. Durante cientos de años antes de eso, este mes había sido conocido como Sextilis, que significa "sexto mes", por su lugar en el calendario de 10 meses de la antigua Roma, contando de nuevo desde marzo.
Augusto César, el primer emperador de Roma, deseaba ser honrado al igual que su predecesor, Julio César. Sextilis fue elegido porque fue durante este mes que Augusto logró varias de sus victorias más significativas, incluyendo la conquista de Egipto y el fin de la guerra civil.
Existe una anécdota popular, aunque debatida por los historiadores, de que Sextilis originalmente tenía 30 días, mientras que Julius (Julio) tenía 31. Para asegurarse de que su mes no fuera inferior al de Julio César, Augusto supuestamente le robó un día a febrero para darle 31 días a agosto. Aunque los registros históricos del Calendario Juliano sugieren que ambos meses ya tenían 31 días desde la reforma de César, la leyenda persiste como una muestra del ego y el poder de los primeros emperadores. Lo cierto es que, al igual que Julio, Agosto cimentó la tradición de nombrar meses en honor a los grandes líderes.
La Persistencia de la Antigua Numeración: Septiembre a Diciembre
Septiembre, octubre, noviembre y diciembre obtienen sus nombres de sus posiciones numéricas en el calendario original de 10 meses utilizado en la antigua Roma antes de que Julio César introdujera el calendario juliano.
La clave de este aparente error es que el calendario comenzaba en Marzo. Por lo tanto:
- Septiembre (del latín septem) era el séptimo mes.
- Octubre (del latín octo) era el octavo mes.
- Noviembre (del latín novem) era el noveno mes.
- Diciembre (del latín decem) era el décimo mes.
Incluso cuando estos meses se convirtieron en el noveno, décimo, undécimo y duodécimo mes de un calendario de 12 meses, conservaron los mismos nombres que habían tenido durante más de dos milenios y medio. Este hecho es un testimonio de la inercia cultural y lingüística de la sociedad romana.
Hubo varios intentos posteriores por parte de otros emperadores romanos de seguir la tradición de César y Augusto, renombrando los meses numéricos para honrarse a sí mismos. Calígula intentó renombrar septiembre como Germanicus; Nerón intentó llamar a abril Neronius y a mayo Claudius. Domiciano, en particular, intentó renombrar octubre como Domitianus. Sin embargo, estas denominaciones imperiales nunca se arraigaron más allá de sus reinados. Tan pronto como el emperador moría o caía en desgracia, el pueblo y el Senado revertían a los nombres numéricos tradicionales. Esto demuestra que la autoridad religiosa y la costumbre popular finalmente prevalecieron sobre el capricho político, dejando estos nombres como un fascinante recordatorio de cómo funcionaba el calendario romano original.
La estructura actual del tiempo, con sus 12 meses, 365 días y los nombres latinos que resuenan con dioses de guerra, amor y puertas, es quizás uno de los legados más duraderos y universales que la civilización romana nos ha dejado. La próxima vez que mires un calendario, recuerda que estás contemplando la huella de Rómulo, Numa y los grandes Césares.
Fuentes
https://www.britannica.com/biography/Romulus-and-Remus
https://www.britannica.com/science/Roman-republican-calendar
https://www.almanac.com/how-did-months-get-their-names
https://www.britannica.com/topic/Juno-Roman-goddess
https://www.britannica.com/biography/Numa-Pompilius
https://www.history.com/topics/ancient-rome/julius-caesar
https://www.history.com/topics/ancient-history/augustus
https://www.britannica.com/science/Gregorian-calendar

Deja una respuesta