La sorprendente razón por la que tantos créditos de películas incluyen a un «Alan Smithee»
hace 2 semanas

Los créditos cinematográficos suelen ser un motivo de orgullo para las muchas personas que trabajan en una película. Ver tu nombre listado al final de un filme es una forma de decir: "¡Mirad lo que he hecho!". Es el equivalente adulto a que tu madre cuelgue tu dibujo en la nevera y se lo enseñe a cada visitante que entra en casa. Pero, ¿qué ocurre cuando el proyecto en el que has trabajado resulta ser tan desastroso que preferirías cortar cualquier conexión que tengas con él? Esta es la premisa que dio origen a una de las figuras más prolíficas y, a la vez, inexistentes de la industria del cine.
A primera vista, Alan Smithee parece ser un director veterano con un currículum que abarca unos treinta años de largometrajes, además de otros veinte de episodios de televisión, cortometrajes y anuncios publicitarios. Al observar más de cerca, la calidad de muchas de estas películas es, cuanto menos, cuestionable. No era porque Alan Smithee fuera un director terrible, o porque eligiera trabajar únicamente en proyectos, digamos, interesantes. La verdadera razón es que Alan Smithee, en realidad, no existe. Es el fantasma más famoso de Hollywood, un nombre que sirve como refugio para el talento que se siente traicionado por su propia obra.
- La historia de Alan Smithee
- ¿Qué hay detrás de un nombre?
- El proceso burocrático de la desautorización
- Casos emblemáticos: De Dune a Hellraiser
- La importancia de la visión creativa
- An Alan Smithee Film: Burn Hollywood Burn
- Smithee se expande a otros medios
- El legado cultural del director fantasma
- ¿Qué nombres se utilizan hoy en día?
- La psicología del anonimato en Hollywood
- Fuentes
La historia de Alan Smithee
Alan Smithee, a menudo apodado el peor director del mundo, es el seudónimo creado por el Sindicato de Directores de Estados Unidos (DGA) para los cineastas que querían distanciarse de una película. La DGA exigía que cada película diera crédito al director, pero se encontró con un dilema en 1969. Los directores de Death of a Gunfighter querían, por todos los medios, no tener nada que ver con el resultado final de la cinta tras una serie de conflictos durante la producción.
Robert Totten dirigió el western Death of a Gunfighter durante aproximadamente un año hasta que el actor principal, Richard Widmark, hizo que lo apartaran del proyecto debido a diferencias creativas. Totten fue reemplazado por Don Siegel, quien terminó el rodaje pero no quería ser acreditado por el trabajo de Totten, ya que consideraba que la mayor parte de la película no reflejaba su estilo. La DGA decidió que un seudónimo sería la solución ideal para proteger la reputación de ambos profesionales, y así nació el nombre de Allen Smithee. Curiosamente, la crítica elogió la dirección de la película, sin saber que el hombre al que alababan no era más que una invención burocrática.
¿Qué hay detrás de un nombre?
Cuando la DGA estaba ideando el seudónimo, una de las primeras sugerencias fue Alan Smith. Sin embargo, se determinó que era un nombre demasiado común y que podría causar problemas legales o confusiones con personas reales que se llamaran así. Para evitarlo, simplemente añadieron dos letras "e" al final, creando un apellido único. Aunque en los primeros usos del seudónimo, como en el caso de Death of a Gunfighter, la grafía era "Allen Smithee", con los años se estandarizó como "Alan Smithee" para los hombres y "Alana Smithee" para las mujeres, aunque esta última variante fue mucho menos frecuente.
No cualquiera podía usar este seudónimo a la ligera. La DGA estableció estándares muy estrictos para permitir el uso de "Alan Smithee", principalmente porque no querían que los productores coaccionaran a directores tímidos para que renunciaran a sus créditos por motivos económicos o de ego de los estudios. Los directores tenían que demostrar ante un comité de la DGA que su visión creativa había sido arruinada, ya fuera durante el rodaje o en la fase de edición de la película. El proyecto debía ser algo que el director ya no pudiera identificar como suyo para que el sindicato permitiera que Alan Smithee recibiera el crédito oficial en pantalla.
El proceso burocrático de la desautorización
Para que un director pudiera "convertirse" en Alan Smithee, el proceso no era tan sencillo como rellenar un formulario. Se requería una audiencia formal donde se exponían las razones por las cuales el director consideraba que el estudio o los productores habían mutilado su obra. Si el sindicato fallaba a favor del director, este obtenía el derecho a usar el seudónimo, pero con una condición innegociable: el director original no podía hablar mal de la película públicamente ni revelar que él era el verdadero autor. Esta regla se implementó para no dañar las posibilidades comerciales del filme, aunque paradójicamente, la aparición del nombre Alan Smithee se convirtió pronto en una señal de alerta para los críticos y el público.
Esta política de silencio era a menudo lo más difícil de cumplir para los cineastas. Imagina haber dedicado meses o años de tu vida a un proyecto, ver cómo lo destrozan en la sala de montaje y luego estar obligado por contrato a no decir ni una palabra mientras el nombre de un director inexistente se lleva las culpas o las burlas. Este acuerdo de confidencialidad era el precio que debían pagar por mantener su nombre real alejado de un posible fracaso estrepitoso que pudiera hundir sus carreras futuras.
Casos emblemáticos: De Dune a Hellraiser
Alan Smithee fue acreditado como director en un par de docenas de largometrajes entre 1969 y el año 2000. Algunos directores aceptaban las versiones cinematográficas de sus películas pero renegaban de las versiones editadas para televisión, donde a menudo se cortaban escenas por tiempo o contenido, alterando el ritmo y la coherencia. Uno de los casos más famosos fue la película Dune de 1984. David Lynch aparece acreditado en la versión de cine, pero pidió que se usara el nombre de Alan Smithee para la versión extendida de televisión, con la que no estaba en absoluto de acuerdo.
Otro ejemplo notable fue Hellraiser: Bloodline (1996). El director original, Kevin Yagher, tuvo intensos conflictos con el estudio sobre el final de la película y el metraje total. Cuando el estudio decidió re-rodar partes y cambiar la estructura narrativa, Yagher solicitó el seudónimo. La película terminó siendo una amalgama de ideas que no satisfizo ni al director ni a los fans de la saga, consolidando la reputación de Smithee como el director al que acudes cuando el caos se apodera del set. Otros filmes como Solarcrisis o la comedia Ghost Fever también terminaron en las manos del "inexistente" Alan.
La importancia de la visión creativa
El uso de Alan Smithee no solo hablaba de la mala calidad de una película, sino de la lucha de poder constante en Hollywood entre el arte y el comercio. Muchos de los directores que recurrieron a él eran profesionales respetados que simplemente perdieron el control de sus proyectos. En un sistema donde el "final cut" (el derecho al montaje final) es un privilegio que solo los grandes nombres poseen, el seudónimo era la única arma de defensa para el director de rango medio frente a las interferencias corporativas.
A veces, las diferencias eran puramente artísticas; otras veces, se trataba de recortes de presupuesto que obligaban a eliminar escenas clave, dejando la trama ininteligible. En cualquier caso, el nombre de Smithee funcionaba como una especie de botón de pánico. Al activarlo, el cineasta sacrificaba su autoría a cambio de proteger su marca personal, permitiéndole seguir trabajando en la industria sin el estigma de haber dirigido un desastre absoluto, aunque en los círculos internos de Hollywood casi siempre se terminaba sabiendo quién estaba detrás de la máscara.
An Alan Smithee Film: Burn Hollywood Burn
En 1997, se estrenó la película que acabaría con la carrera de Alan Smithee en el cine comercial. An Alan Smithee Film: Burn Hollywood Burn era un falso documental que pretendía satirizar el uso del seudónimo y ponerlo en el conocimiento del gran público. La trama giraba en torno a un director llamado precisamente Alan Smithee (interpretado por Eric Idle) que descubre que la única forma de renegar de su película es usar el seudónimo Alan Smithee, lo cual resulta inútil dado que es su nombre real.
La ironía alcanzó niveles metafísicos cuando el director de la vida real de la película, Arthur Hiller, tuvo sus propios conflictos con el guionista y productor Joe Eszterhas. Hiller no estuvo de acuerdo con el montaje final que Eszterhas realizó y, en un giro del destino que superaba a la ficción, solicitó retirar su nombre de los créditos. Como resultado, una película que se burlaba de Alan Smithee terminó siendo dirigida, oficialmente, por Alan Smithee. Tras el fracaso absoluto en taquilla y las bromas constantes sobre la situación, la DGA decidió retirar oficialmente el seudónimo en el año 2000 para evitar que se siguiera utilizando como un chiste recurrente.
Smithee se expande a otros medios
Aunque el Sindicato de Directores decidió dejar de usar a Alan Smithee de manera oficial, eso no significó que Smithee dejara de trabajar por completo. Alan Smithee tiene su propio perfil en IMDb, con más de 150 créditos de dirección. Estos incluyen películas hechas para televisión y ciertos episodios de series, vídeos musicales, cortometrajes y anuncios donde el sindicato no tiene una jurisdicción tan estricta o donde se sigue usando el nombre por tradición o como broma interna.
Además de dirigir, Smithee ha diversificado su carrera. Tiene créditos como guionista, productor, director de fotografía e incluso como actor. Ha aparecido en los créditos de cómics cuando los autores no estaban de acuerdo con los cambios editoriales, y en videojuegos donde el desarrollo fue tan problemático que los responsables prefirieron el anonimato. Se ha convertido en el chivo expiatorio más prolífico de la industria del entretenimiento, una figura que absorbe el fracaso para que otros puedan sobrevivir profesionalmente.
El legado cultural del director fantasma
Incluso sin la aprobación oficial de la DGA para grandes producciones, Alan Smithee ha seguido "aceptando" el crédito de proyectos de los que otros se avergüenzan. Su nombre ha pasado a formar parte del léxico popular del cinefilo. Cuando alguien menciona que una obra parece dirigida por Smithee, se entiende inmediatamente que se trata de un proyecto fallido, desarticulado o víctima de una producción problemática. Es un recordatorio constante de que el cine es un esfuerzo colaborativo donde, a veces, la colaboración falla estrepitosamente.
La figura de Smithee también ha inspirado a otros artistas a crear sus propios seudónimos de protesta. En la industria del anime, por ejemplo, se han utilizado nombres similares cuando los directores sienten que el presupuesto o los tiempos de entrega han comprometido la calidad del dibujo. Smithee es el patrón de los artistas descontentos, una entidad que permite que el sistema siga funcionando a pesar de sus imperfecciones.
¿Qué nombres se utilizan hoy en día?
Tras la jubilación oficial de Alan Smithee en el año 2000, la DGA adoptó una política de asignar seudónimos únicos para cada caso específico. Esto se hizo para evitar que un solo nombre acumulara tal cantidad de basura cinematográfica que se convirtiera en una parodia de sí mismo. Ahora, si un director gana una disputa contra un estudio, se le permite elegir un nombre falso que no haya sido utilizado anteriormente, manteniendo así un perfil más bajo y evitando la atención inmediata de la prensa especializada.
A pesar de esto, algunos nombres han intentado heredar el trono de Smithee. Por ejemplo, el nombre Thomas Lee fue utilizado por el director Walter Hill en la película de ciencia ficción Supernova (2000) tras una producción plagada de problemas y reediciones. Sin embargo, ninguno ha logrado alcanzar el estatus icónico de Alan Smithee. El vacío que dejó Smithee en la cultura pop sigue siendo notable, y de vez en cuando, el nombre reaparece en producciones menores como un guiño nostálgico a una época donde el fracaso tenía un nombre y apellido estándar.
La psicología del anonimato en Hollywood
El caso de Alan Smithee nos invita a reflexionar sobre el ego y la autoría en el arte comercial. Para muchos directores, su nombre es lo más valioso que poseen; es su marca y su garantía de futuro. Renunciar a él y dárselo a una entidad ficticia es un acto de dolor profesional extremo. Es admitir que la batalla por la visión artística se ha perdido por completo. Sin embargo, también es un acto de liberación. Al borrar su nombre, el director recupera su libertad para pasar al siguiente proyecto sin el lastre de un error que, en muchas ocasiones, ni siquiera fue suyo.
Hoy en día, en la era de las redes sociales y el acceso constante a la información de "detrás de las cámaras", es mucho más difícil mantener el misterio de un Alan Smithee. Los fans suelen saber quién dirigió qué mucho antes de que se estrenen los créditos. Aun así, la leyenda de Smithee persiste como un recordatorio de que, en el corazón de la fábrica de sueños de Hollywood, a veces las pesadillas burocráticas son las que terminan firmando la obra final. Alan Smithee siempre estará allí, esperando en las sombras de la sala de montaje para rescatar al próximo director en apuros.
Fuentes
https://www.imdb.com/name/nm0000647/
https://www.latimes.com/archives/la-xpm-2000-jan-15-ca-54271-story.html
https://www.plagiarismtoday.com/2023/03/29/the-birth-death-and-legacy-of-alan-smithee/
https://archive.org/details/directedbyallens0000unse/page/8/mode/2up

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