Los fármacos detrás de Ozempic y Wegovy se están adaptando para otros usos: aquí presentamos otros 5.
hace 7 meses

En 1957, una empresa farmacéutica alemana introdujo la talidomida, un fármaco destinado a combatir la ansiedad y el insomnio. En aquel entonces, se creía ampliamente —de forma incorrecta— que su consumo era seguro durante el embarazo, y muchos médicos europeos lo recomendaban para aliviar las náuseas matutinas. Era una época en la que los controles de seguridad no eran tan estrictos como los que conoces hoy en día, lo que permitió que el fármaco se distribuyera masivamente sin prever las devastadoras consecuencias que estaban por venir.
En los Estados Unidos, una revisora de la Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA) llamada Frances Kelsey tuvo sus dudas y negó la aprobación del medicamento, exigiendo más pruebas sobre su seguridad. Su decisión resultó ser un acierto histórico: en 1961, la talidomida fue retirada de los mercados europeos por causar miles de malformaciones congénitas graves, según un informe publicado en Wiley. Sin embargo, este no fue el final de la talidomida. Años más tarde, el fármaco resurgió tras ser aprobado para tratar ciertos tipos de cáncer, como el mieloma múltiple, así como lesiones cutáneas asociadas con la enfermedad de Hansen (lepra). La talidomida no es el único medicamento que ha protagonizado un regreso inesperado; muchos otros fármacos han sido reposicionados para usos completamente distintos a los originales.
Como explica Catherine H. Schein, profesora del departamento de bioquímica y biología molecular de la Rama Médica de la Universidad de Texas en Galveston, el reposicionamiento consiste en utilizar un fármaco destinado a una afección para tratar otra diferente. Por ejemplo, se ha descubierto que muchos fármacos antiinflamatorios son útiles en el tratamiento de pacientes con cáncer. Esta práctica, aunque parezca fruto del azar, es una de las estrategias más sólidas de la medicina moderna para ofrecer soluciones rápidas a enfermedades que antes carecían de tratamiento efectivo. Si alguna vez te has preguntado por qué un medicamento para la tensión termina tratándote la calvicie, la respuesta reside en la compleja y a veces sorprendente biología de nuestro cuerpo.
- ¿Qué es exactamente un fármaco reposicionado?
- El proceso científico detrás del reposicionamiento
- 1. Minoxidil (Loniten): De la tensión arterial al cuero cabelludo
- 2. Dupilumab (Dupixent): Una solución para múltiples inflamaciones
- 3. Cariprazina (Vraylar): Equilibrando la química cerebral
- 4. Azidotimidina (AZT): De un fracaso en el cáncer a un hito contra el VIH
- 5. Risankizumab-rzaa (Skyrizi): Un enfoque diana contra la inflamación
- El futuro de la medicina y los fármacos reutilizados
- Fuentes
¿Qué es exactamente un fármaco reposicionado?
Desarrollar un nuevo medicamento desde cero es una tarea titánica que requiere una inversión masiva. Las empresas farmacéuticas pueden llegar a gastar hasta 2.000 millones de dólares y dedicar unos 15 años al desarrollo de un solo fármaco. A pesar de este esfuerzo, la mayoría de estos compuestos nunca llegan al mercado, según un informe publicado en Progress in Molecular Biology and Translational Science. Menos del 10 por ciento de los candidatos recibe la aprobación de la FDA debido a problemas de seguridad o falta de eficacia. Esta baja tasa de éxito supone un riesgo financiero enorme para la industria, lo que incentiva la búsqueda de alternativas más eficientes.
Por ello, si un fármaco ya ha logrado la aprobación oficial y ha demostrado ser seguro para el consumo humano, resulta extremadamente ventajoso para las empresas encontrarle otros usos. Según un estudio en Advances in Pharmacological and Pharmaceutical Sciences, este enfoque ahorra tiempo y dinero, ya que gran parte de la investigación básica y los ensayos de seguridad ya se han completado. Si tú utilizas un fármaco que ya ha pasado por estas etapas, el camino hacia una nueva indicación médica es mucho más corto y menos arriesgado. Los agonistas del receptor de GLP-1, como Ozempic y Wegovy, son el ejemplo contemporáneo más claro. Inicialmente se aprobaron para tratar la diabetes tipo 2, pero recientemente han recibido luz verde para tratar la obesidad y otras condiciones relacionadas.
Schein comenta que hace apenas cinco años habría sido difícil predecir que un fármaco que requiere inyecciones regulares, y cuyos efectos secundarios incluyen náuseas y aversión a la comida, tuviera tanto éxito en áreas que van desde la pérdida de peso hasta la terapia para la adicción al alcohol y las drogas. Este fenómeno demuestra que los efectos secundarios de un medicamento, que a menudo se consideran un inconveniente, pueden convertirse en la clave para tratar una patología distinta. La ciencia avanza observando estos resultados inesperados y transformándolos en oportunidades terapéuticas que pueden cambiar la vida de millones de personas.
El proceso científico detrás del reposicionamiento
Cuando escuchas hablar de fármacos reutilizados, podrías pensar que se trata de una simple casualidad, pero detrás hay un proceso científico riguroso. El reposicionamiento de fármacos se basa en el principio de que una molécula puede interactuar con múltiples dianas biológicas en el cuerpo humano. Esto significa que un compuesto diseñado para bloquear una proteína específica en el pulmón podría, inesperadamente, afectar una vía metabólica en el hígado. Los investigadores analizan estas interacciones secundarias para determinar si pueden ser beneficiosas para otras enfermedades que comparten mecanismos biológicos similares.
En la actualidad, el uso de la inteligencia artificial y el análisis de grandes bases de datos (Big Data) ha acelerado este proceso de manera exponencial. En lugar de esperar a que un médico observe un efecto secundario curioso en un paciente, los científicos pueden realizar cribados virtuales de miles de fármacos existentes contra nuevas dianas terapéuticas. Esto permite identificar rápidamente qué medicamentos ya aprobados podrían ser efectivos contra virus emergentes o tipos de cáncer raros. Para vosotros, esto significa que la medicina puede responder con mayor agilidad ante crisis sanitarias, utilizando herramientas que ya tenemos en nuestro botiquín farmacéutico.
1. Minoxidil (Loniten): De la tensión arterial al cuero cabelludo
El minoxidil es quizás uno de los casos más famosos de reposicionamiento accidental. Fue introducido originalmente en 1979 en forma de pastilla bajo el nombre de Loniten, con el objetivo de tratar la hipertensión arterial severa. Su mecanismo de acción consistía en relajar y ensanchar los vasos sanguíneos para reducir la presión arterial. Sin embargo, los pacientes que lo tomaban empezaron a notar un efecto secundario muy particular: el crecimiento de vello en lugares inesperados del cuerpo, incluyendo el cuero cabelludo y las extremidades.
Este crecimiento no deseado de vello alertó a los científicos sobre el potencial del minoxidil para tratar la pérdida de cabello, según un informe en Drug Design, Development and Therapy. Al observar que el fármaco estimulaba los folículos pilosos, los investigadores desarrollaron una formulación tópica para aplicarla directamente sobre la piel, minimizando así los efectos sobre la presión arterial sistémica. En 1988, la FDA aprobó esta versión tópica para el tratamiento de la calvicie de patrón masculino. La aprobación para tratar la pérdida de cabello en mujeres llegó en la década de 1990, consolidando al minoxidil como un estándar de oro en dermatología que todavía hoy utilizáis muchos de vosotros.
La historia del minoxidil nos enseña que lo que en un principio parece un "error" o un efecto molesto puede ser la solución a un problema estético o de salud que afecta a la confianza de millones de personas. Hoy en día, sigue siendo uno de los tratamientos más accesibles y estudiados, demostrando que la observación clínica detallada es fundamental para el progreso de la farmacología.
2. Dupilumab (Dupixent): Una solución para múltiples inflamaciones
El dupilumab representa una nueva era en la medicina biológica. Aprobado originalmente en 2017 para tratar el eccema moderado a grave (dermatitis atópica), este fármaco funciona bloqueando la subunidad alfa del receptor de la interleucina-4. Al frenar esta parte específica de la respuesta inmunitaria, el dupilumab permite que la piel de las personas con eccema sane, reduciendo drásticamente el picor y la inflamación que suelen ser debilitantes. Pero los científicos no tardaron en darse cuenta de que esa misma vía inmunitaria estaba implicada en otras enfermedades.
Para las personas que padecen asma, el fármaco ha demostrado ser capaz de reducir la inflamación de las vías respiratorias y mejorar significativamente la capacidad pulmonar. No se detiene ahí; la reducción de la inflamación sistémica también ayuda a controlar los pólipos nasales y aliviar la congestión crónica que a menudo acompaña a estas afecciones, según detalla un informe en StatPearls. Al atacar la raíz de la respuesta inflamatoria tipo 2, el dupilumab se ha convertido en una herramienta versátil para tratar lo que antes se consideraban problemas de salud aislados.
Si tú sufres de alergias crónicas o problemas respiratorios, el uso de este tipo de fármacos biológicos supone un cambio de paradigma. Ya no se trata solo de aliviar los síntomas con inhaladores o cremas con esteroides, sino de reprogramar la respuesta inmunitaria de tu cuerpo para que deje de atacarse a sí mismo. El éxito del dupilumab ha abierto la puerta a investigar su uso en otras condiciones autoinmunes, ampliando constantemente su repertorio terapéutico.
3. Cariprazina (Vraylar): Equilibrando la química cerebral
La cariprazina es un ejemplo fascinante de cómo la neurociencia puede ajustar la función cerebral de manera precisa. Aprobada inicialmente en 2015 para el tratamiento de la esquizofrenia, la cariprazina es un antipsicótico de nueva generación que regula niveles de dopamina y serotonina. Lo que la hace especial es que, en lugar de bloquear totalmente la señalización de estos neurotransmisores, actúa como un estabilizador: ayuda a equilibrar el sistema tanto cuando la actividad es demasiado alta como cuando es demasiado baja.
Esta capacidad de modulación permitió que los investigadores exploraran su eficacia en otros trastornos del estado de ánimo. Para quienes padecen trastorno bipolar o trastorno depresivo mayor, encontrar el equilibrio químico adecuado es un reto constante. Según hallazgos publicados en CNS Spectrums, la cariprazina ayuda a mitigar los picos extremos de energía que conducen a la manía, así como los valles profundos de desesperanza que caracterizan a la depresión. Es un fármaco que se adapta a las necesidades fluctuantes de tu química cerebral.
El reposicionamiento de la cariprazina subraya la importancia de comprender que muchas enfermedades mentales comparten mecanismos biológicos comunes. Al tratar la desregulación de la dopamina, no solo se abordan los síntomas de la esquizofrenia, sino que se ofrece una red de seguridad para personas que luchan contra la inestabilidad emocional crónica. Esto proporciona a los psiquiatras una herramienta más flexible para personalizar los tratamientos según lo que tú necesites en cada etapa de tu recuperación.
4. Azidotimidina (AZT): De un fracaso en el cáncer a un hito contra el VIH
La historia de la azidotimidina, mejor conocida como AZT, es una de las más dramáticas en la historia de la medicina. En 1964, científicos del Instituto Nacional del Cáncer desarrollaron este compuesto con la esperanza de que pudiera frenar el crecimiento de tumores. Sin embargo, los resultados fueron decepcionantes y el proyecto se abandonó, calificándolo como un "fracaso" en el Journal of Pharma Insights and Research. El AZT quedó guardado en los estantes de los laboratorios durante décadas, sin un propósito claro.
Todo cambió en los años 80 con la irrupción de la epidemia del SIDA. Ante la desesperada necesidad de un tratamiento para un virus que entonces era una sentencia de muerte, los investigadores volvieron a examinar compuestos antiguos y descubrieron que el AZT tenía la capacidad de impedir que el virus se replicara dentro de las células humanas, según informa el NIH. En 1987, el AZT se convirtió en el primer tratamiento contra el SIDA en recibir la aprobación de la FDA, marcando el inicio de una nueva era en la lucha contra el VIH.
Aunque el AZT presentaba efectos secundarios graves y hoy en día se utiliza principalmente como parte de una terapia combinada con otros antirretrovirales, su éxito inicial salvó incontables vidas y transformó nuestra comprensión de cómo tratar los virus. Para vosotros, el ejemplo del AZT es un recordatorio de que la investigación médica nunca es realmente un desperdicio; un compuesto que no funciona para una cosa hoy puede ser la clave para resolver la mayor crisis sanitaria del mañana.
5. Risankizumab-rzaa (Skyrizi): Un enfoque diana contra la inflamación
El risankizumab-rzaa es un fármaco diseñado con una precisión molecular asombrosa. Fue aprobado originalmente en 2019 para tratar la psoriasis en placas moderada a grave, una condición que causa lesiones cutáneas dolorosas y visibles. Su mecanismo consiste en inhibir específicamente la interleucina-23, una citoquina que desempeña un papel crucial en la cascada inflamatoria del cuerpo. Al "apagar" esta señal, el fármaco permite que la piel recupere su estado normal en muchos pacientes.
Dada la efectividad con la que controlaba la inflamación en la piel, los científicos se preguntaron si este mismo mecanismo podría ayudar en otras partes del cuerpo donde la interleucina-23 también causa estragos. Pronto se descubrió que era eficaz para tratar la artritis psoriásica, la enfermedad de Crohn y la colitis ulcerosa. Según un estudio en Springer Nature, las personas con estas enfermedades inflamatorias intestinales experimentan una reducción significativa de la inflamación en el tracto digestivo, mejorando su calidad de vida de forma notable.
Si tú sufres de alguna de estas enfermedades crónicas, sabes lo difícil que es encontrar un tratamiento que funcione a largo plazo sin causar efectos secundarios sistémicos graves. El risankizumab ofrece un enfoque más dirigido, atacando solo las vías que causan el problema. Este caso refuerza la idea de que la inflamación es un lenguaje común en muchas enfermedades, y que aprender a "traducir" y controlar ese lenguaje nos permite usar el mismo medicamento para tratar desde la piel hasta el intestino.
El futuro de la medicina y los fármacos reutilizados
A medida que avanzamos, el reposicionamiento de fármacos se perfila como la estrategia dominante en la industria farmacéutica. La velocidad con la que necesitamos respuestas ante nuevas enfermedades, como se vio durante la pandemia de COVID-19, hace que el modelo tradicional de desarrollo de 15 años sea a veces insuficiente. El uso de fármacos que ya conocemos nos permite saltarnos etapas de incertidumbre y llegar directamente a lo que importa: curar al paciente.
Además, esta tendencia fomenta una visión más holística del cuerpo humano. Ya no vemos los órganos como compartimentos estancos, sino como sistemas interconectados por señales químicas. Si un fármaco para el corazón puede curar la calvicie, o uno para la piel puede sanar el intestino, es porque nuestra biología es mucho más fluida de lo que imaginábamos. Tú, como paciente, te beneficias de una ciencia que es capaz de reciclar sus propios éxitos para ofrecerte soluciones cada vez más eficaces y seguras.
En definitiva, la próxima vez que leas el prospecto de un medicamento y veas una lista de usos que parecen no tener nada que ver entre sí, recuerda que detrás de cada indicación hay años de observación, algunos fracasos iniciales y una gran dosis de ingenio científico. La medicina no solo consiste en inventar lo nuevo, sino en saber mirar con ojos nuevos lo que ya tenemos.
Fuentes
https://onlinelibrary.wiley.com/journal/10970258
https://www.sciencedirect.com/bookseries/progress-in-molecular-biology-and-translational-science
https://www.hindawi.com/journals/aps/
https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC6691938/
https://www.statpearls.com/ArticleLibrary/viewarticle/40344
https://www.cambridge.org/core/journals/cns-spectrums
https://clinicaltrials.gov/ct2/show/NCT00000810
https://www.nature.com/articles/s41591-022-01827-z
https://www.fda.gov/drugs/development-approval-process-drugs/drug-repurposing
https://discovermagazine.com/health/repurposed-drugs-that-work-for-other-conditions

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