¿Por qué tememos a las serpientes? Las razones podrían empezar en la infancia.
hace 2 semanas

Las serpientes son, probablemente, los animales más incomprendidos del planeta. Para muchos de nosotros, la sola mención de estos reptiles evoca imágenes de peligro, veneno y una agilidad silenciosa que despierta un miedo instintivo. Sin embargo, una nueva investigación publicada en la revista Anthrozoös sugiere que este rechazo no es necesariamente algo con lo que nazcamos, sino una construcción social que se forja en nuestros primeros años de vida. La forma en que tus padres o tutores te hablaron sobre las serpientes cuando eras pequeño podría haber moldeado de manera definitiva tu percepción actual sobre ellas, convirtiendo a un animal fascinante en un objeto de asco o temor.
El estudio analiza pormenorizadamente cómo las serpientes suelen ser descritas mediante un lenguaje negativo o cosificador, lo que lleva a los niños a pensar en ellas de una manera radicalmente distinta a como lo harían con otros animales, como perros o gatos. Este tipo de pensamiento no es una simple anécdota cultural; tiene consecuencias reales y tangibles en el mundo natural, ya que contribuye activamente al peligro de extinción de ciertas especies de serpientes. Si no empatizamos con un ser vivo, es poco probable que nos importe su desaparición. No obstante, hay un rayo de esperanza: la investigación descubrió que una intervención mínima es suficiente para que los niños cambien radicalmente su percepción sobre estos reptiles.
- ¿Nacemos con miedo a las serpientes o es un comportamiento aprendido?
- En busca de la raíz del desdén hacia las serpientes
- Cómo el lenguaje moldea la mente infantil
- La importancia de la empatía en la conservación de especies
- Superando el estigma cultural: un reto para el futuro
- Consejos prácticos para fomentar el respeto por la fauna incomprendida
- Fuentes
¿Nacemos con miedo a las serpientes o es un comportamiento aprendido?
Uno de los debates más antiguos en la psicología evolutiva es si los seres humanos tenemos una predisposición genética a temer a las serpientes. Según el estudio mencionado, aunque las serpientes desempeñan un papel vital en sus ecosistemas, una gran parte de la población siente hacia ellas un miedo profundo o una repulsión instintiva. Esta actitud es determinante para su conservación, especialmente si tenemos en cuenta que 450 especies de serpientes figuran actualmente en la Lista Roja de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN). Si la sociedad ve a estos animales como monstruos, los esfuerzos políticos y económicos para protegerlos serán siempre insuficientes.
Jeff Loucks, coautor del estudio y profesor en la Universidad de Oregon, señala que todavía se sabe poco sobre cómo desarrollamos exactamente estos sentimientos, pero todo indica que el proceso comienza en la infancia. Investigaciones previas citadas por Loucks revelan que el 54 por ciento de las personas siente algún nivel de ansiedad al ver una serpiente y que el ciudadano medio en Occidente siente una aversión clara hacia ellas. Este desdén llega a extremos preocupantes: los datos indican que es común que los conductores en Estados Unidos se desvíen de su trayectoria deliberadamente para atropellar a una serpiente que cruza la carretera, un acto de crueldad que rara vez se vería con otros animales.
Esta hostilidad generalizada sugiere que no se trata solo de una precaución biológica ante un posible veneno, sino de un odio culturalmente reforzado. Si comparas la reacción de una persona ante una serpiente con su reacción ante un perro potencialmente peligroso, notarás que en el segundo caso hay un respeto por la vida del animal, mientras que en el primero suele haber un deseo de eliminación. Comprender la raíz de esta diferencia es esencial para revertir la tendencia de extinción que sufren estos reptiles en todo el mundo.
En busca de la raíz del desdén hacia las serpientes
Para profundizar en los orígenes de estos sentimientos negativos, Loucks y la autora principal del estudio, Denée Buchko, de la Universidad de Regina, decidieron examinar cómo el lenguaje y el desarrollo cognitivo contribuyen a la antipatía hacia las serpientes. El experimento se centró en niños de cinco años, una edad crítica en la que se forman las categorías mentales sobre lo que es "bueno", "malo", "parecido a nosotros" o "totalmente ajeno". En el estudio participaron los niños junto a sus padres, utilizando imágenes de serpientes y analizando cuidadosamente el lenguaje empleado durante la interacción.
El equipo utilizó lo que se conoce como una tarea de inducción, una técnica psicológica que incita un comportamiento o razonamiento específico para evaluar hasta qué punto los niños creen que las serpientes son similares a los humanos, a otros animales o a objetos inanimados. Es fascinante observar cómo un niño puede otorgar cualidades humanas a un oso de peluche o a un perro, pero se le enseña a negárselas sistemáticamente a un reptil. El objetivo era medir si esa "deshumanización" del animal era algo espontáneo o inducido por el entorno adulto.
Antes de realizar la tarea principal, los investigadores pidieron a los padres que miraran un libro de fotos de serpientes con sus hijos. Además, se les leyó a los niños un cuento sobre "un día en la vida de una serpiente". Aquí radicaba la clave del experimento: el cuento se presentaba en dos versiones. En una, se hablaba de la serpiente como si fuera un objeto, utilizando pronombres neutros (como "eso") y evitando cualquier mención a sus pensamientos o sentimientos. En la otra versión, se la describía de forma más personal, utilizando pronombres como "ella" y haciendo referencia a sus necesidades biológicas y estados emocionales.
Cómo el lenguaje moldea la mente infantil
Los resultados del experimento fueron reveladores. Cuando los padres o tutores utilizaban un lenguaje negativo o despectivo para referirse a la serpiente, el niño tendía a ver al animal como algo completamente ajeno y diferente a los seres humanos. El uso de un lenguaje cosificador en el cuento produjo exactamente el mismo efecto. Si tú le hablas a un niño de una serpiente como si fuera una "cosa" peligrosa y sin conciencia, el niño procesará esa información categorizando al animal al mismo nivel que un objeto inanimado o una amenaza mecánica, eliminando cualquier posibilidad de conexión empática.
Sin embargo, el estudio arrojó un dato inesperado que obligó a los investigadores a realizar una segunda fase. En la primera prueba, los niños generalmente pensaban que las serpientes eran similares a otros animales no humanos, a pesar del lenguaje negativo. Para profundizar, realizaron un segundo estudio con sujetos diferentes, eliminando el libro de fotos y el cuento inicial, y pasando directamente a la tarea de inducción. En este caso, sin ninguna información previa ni exposición mediada por adultos, los niños no consideraron que las serpientes fueran similares ni a los humanos ni a otros animales.
Este hallazgo sugiere que, en las culturas occidentales, los niños de cinco años tienden a ver a las serpientes como seres "excluidos" del reino animal tradicional, a menos que reciban algún tipo de educación o información que las integre en él. Al reintroducir los libros en el segundo grupo de prueba, los resultados volvieron a cambiar: los niños volvieron a percibir a las serpientes como similares a otros animales. Esto demuestra que la educación y la exposición positiva pueden actuar como una "vacuna" contra los prejuicios culturales heredados, permitiendo que los más pequeños desarrollen un respeto genuino por estas criaturas.
La importancia de la empatía en la conservación de especies
La forma en que nos relacionamos con la fauna silvestre depende directamente de nuestra capacidad para reconocer en ellos necesidades y sentimientos básicos. Si consideras que una serpiente no siente dolor, hambre o miedo, te resultará mucho más fácil ignorar su sufrimiento o incluso justificar su muerte. El estudio de Loucks y Buchko pone de relieve que la cosificación es el primer paso hacia la indiferencia ecológica. Cuando usamos el lenguaje para distanciar a los animales de nuestra propia experiencia vital, estamos creando una barrera que impide cualquier esfuerzo de conservación serio.
Es vital entender que las serpientes no son "objetos" que decoran el paisaje o "amenazas" que deben ser eliminadas. Son depredadores y presas esenciales que mantienen el equilibrio de la naturaleza. Controlan las poblaciones de roedores que pueden transmitir enfermedades a los humanos y sirven de alimento para aves rapaces y otros mamíferos. Al cambiar la narrativa y empezar a hablar de las serpientes como seres vivos con propósitos y biología compleja, estamos dándoles una oportunidad de supervivencia que el miedo irracional les ha negado durante siglos.
Como adultos, tenéis una responsabilidad enorme en cómo presentáis el mundo natural a las nuevas generaciones. Si al ver una serpiente en un documental o en el campo, tu reacción es de asco o violencia, estás transmitiendo ese patrón a tus hijos. Por el contrario, si muestras curiosidad y explicas su importancia biológica, estás fomentando una mentalidad de respeto. La ciencia nos dice que no hace falta mucho para cambiar esta percepción; un simple cuento que hable de la serpiente como un individuo con necesidades es suficiente para que la mente de un niño se abra a la compasión.
Superando el estigma cultural: un reto para el futuro
El estigma que rodea a las serpientes en las sociedades occidentales tiene raíces profundas que van desde la religión hasta la mitología y el cine. Sin embargo, no todas las culturas comparten este desprecio. En muchas sociedades orientales o indígenas, las serpientes son veneradas como símbolos de sabiduría, renovación y protección. Esto refuerza la idea de que nuestro rechazo es, en gran medida, un producto cultural que podemos y debemos desaprender si queremos proteger la biodiversidad de nuestro planeta.
El estudio publicado en Anthrozoös no solo nos habla de serpientes, sino de nuestra propia psicología y de cómo construimos la alteridad. La tendencia a "otrorizar" lo que nos parece diferente o lo que no comprendemos es un mecanismo que aplicamos no solo a los reptiles, sino a menudo a otros seres humanos. Aprender a ver la "humanidad" o la "animalidad" compartida en una serpiente es un ejercicio de humildad y expansión mental que nos beneficia a todos. Al final del día, la conservación no se trata solo de salvar especies, sino de salvar nuestra propia capacidad de conectarnos con la vida en todas sus formas.
Para que las 450 especies en peligro tengan una oportunidad, necesitamos una generación de personas que no se desvíen para atropellarlas, sino que se detengan para admirarlas desde una distancia respetuosa. El cambio empieza con algo tan pequeño como elegir las palabras adecuadas al leer un cuento antes de dormir. Si logramos que los niños vean a las serpientes como parte del gran tejido de la vida, estaremos asegurando un futuro más equilibrado y justo para todos los habitantes de la Tierra.
Consejos prácticos para fomentar el respeto por la fauna incomprendida
Si quieres ayudar a que los niños a tu cargo desarrollen una actitud más sana hacia los animales que suelen generar rechazo, puedes empezar por pequeños cambios en tu vida cotidiana. Evita usar palabras como "asqueroso" o "monstruo" cuando aparezca un reptil o un insecto en pantalla. En su lugar, usa términos que describan su función o sus características físicas de manera objetiva, como "escamoso", "rápido" o "cazador". Esto ayuda a que el niño categorice al animal por sus atributos biológicos y no por una carga emocional negativa impuesta por los adultos.
Otra estrategia eficaz es buscar información juntos sobre las especies locales. Aprender que una serpiente específica de vuestra zona no es venenosa y que ayuda a que no haya plagas de ratones en los campos cercanos puede cambiar totalmente la perspectiva del niño. El conocimiento es el mejor antídoto contra el miedo irracional. Cuando entiendes cómo funciona un ser vivo, dejas de verlo como una amenaza impredecible para verlo como un vecino más en el ecosistema global.
Finalmente, recuerda que tu comportamiento es el espejo en el que ellos se miran. Si tú muestras calma y respeto ante la naturaleza, ellos aprenderán que no hay necesidad de entrar en pánico. La empatía es una habilidad que se entrena, y no hay mejor gimnasio para ella que el respeto por aquellos seres que son más diferentes a nosotros. Las serpientes, con su falta de extremidades y su mirada fija, son el test definitivo para nuestra capacidad de amar y proteger la vida en toda su diversidad.
Fuentes
https://www.tandfonline.com/doi/full/10.1080/08927936.2024.2405820

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