Tumbas de la Edad de Piedra de hace 5.500 años revelan cómo los cazadores-recolectores valoraban la familia.
hace 2 semanas

Los arqueólogos suelen dar por hecho que las personas enterradas juntas en tumbas antiguas formaban parte de una familia nuclear cercana. Sin embargo, un nuevo estudio de ADN realizado en un cementerio de 5.500 años de antigüedad en la isla de Gotland, Suecia, complica significativamente esta visión tradicional. A través de este análisis, se ha revelado que la estructura social de los cazadores-recolectores de la Edad de Piedra era mucho más compleja y sofisticada de lo que podrías imaginar en un principio.
Al analizar las tumbas compartidas en el yacimiento de Ajvide, los investigadores descubrieron que muchos de los individuos enterrados juntos no eran parientes inmediatos. En su lugar, se trataba de parientes más lejanos, como primos, tías abuelas o hermanastros. Este hallazgo sugiere que estos grupos humanos realizaban un seguimiento de sus linajes familiares con una precisión sorprendente, valorando los vínculos de la familia extendida tanto o más que los de la familia nuclear.
Los resultados, publicados en Proceedings of the Royal Society B Biological Sciences, ofrecen una ventana genética única a la vida de los cazadores-recolectores del norte de Europa. Estas comunidades persistieron en su estilo de vida tradicional mucho tiempo después de que la agricultura se hubiera extendido por gran parte del continente. Como puedes observar, este estudio no solo nos habla de la muerte, sino de cómo estas personas entendían la pertenencia y la lealtad grupal hace más de cinco milenios.
Es inusual que este tipo de tumbas de cazadores-recolectores se conserven en tan buen estado, lo que hace que los estudios de parentesco en estas culturas sean escasos y limitados. Según explica la genetista de poblaciones Tiina Mattila, la oportunidad de analizar un cementerio con 85 entierros conocidos, de los cuales varios son múltiples, permite reconstruir un mapa social que hasta ahora era invisible para la ciencia moderna.
- Lo que las tumbas compartidas revelan sobre las familias de la Edad de Piedra
- El papel del ADN en la identificación del parentesco antiguo
- La importancia de Ajvide en la prehistoria de Escandinavia
- La cultura de la cerámica perforada y su organización social
- Sofisticación cognitiva y memoria histórica en la prehistoria
- Comparativa con los agricultores neolíticos contemporáneos
- El futuro de la investigación en el yacimiento de Ajvide
- Fuentes
Lo que las tumbas compartidas revelan sobre las familias de la Edad de Piedra
El cementerio de Ajvide incluye al menos ocho tumbas que contienen a dos o más individuos. En esta nueva investigación, los científicos se centraron en cuatro de ellas, descubriendo relaciones que desafían las suposiciones que la arqueología ha mantenido durante décadas. Si alguna vez has pensado que una tumba con una mujer y niños representaba automáticamente a una madre con sus hijos, los datos genéticos de Ajvide te obligarán a reconsiderarlo.
En una de las fosas analizadas, una mujer joven de unos veinte años yacía de espaldas, flanqueada por dos niños pequeños: uno de unos cuatro años y otro de apenas un año y medio. El ADN demostró que los niños eran hermanos de padre y madre, un niño y una niña, pero la mujer no era su madre. Los datos sugieren que probablemente era la tía paterna de los pequeños o, posiblemente, una hermanastra de su padre. Este tipo de entierro plantea preguntas fascinantes sobre quiénes eran los cuidadores principales en estas sociedades y cómo se decidía quién debía acompañar a quién en el viaje final.
Otra de las tumbas contenía a un individuo joven junto a un hombre adulto cuyos restos parecían haber sido trasladados allí desde otro lugar. El análisis genético reveló que la persona joven era una niña y que el hombre era, efectivamente, su padre. Este caso demuestra que, aunque los lazos extendidos eran vitales, los vínculos directos de paternidad también recibían un tratamiento especial, incluso cuando implicaba la reubicación de restos óseos para reunir a la familia en la muerte.
En una tercera fosa, dos niños (un niño y una niña) fueron enterrados juntos, pero no eran hermanos. Su similitud genética los situaba como parientes de tercer grado, lo más probable es que fueran primos. Finalmente, una cuarta tumba contenía a una niña y a una mujer joven que también eran parientes de tercer grado, quizás tía abuela y sobrina nieta, o primas. Como puedes ver, la selección de quién compartía el espacio sagrado de la tumba no era aleatoria, sino que respondía a un conocimiento profundo del árbol genealógico.
El papel del ADN en la identificación del parentesco antiguo
Para comprender la importancia de estos hallazgos, debes tener en cuenta que identificar el sexo biológico de los niños a partir de sus esqueletos es casi imposible mediante los métodos arqueológicos tradicionales. Los rasgos óseos que diferencian a hombres y mujeres suelen desarrollarse durante la pubertad, por lo que los restos infantiles suelen clasificarse como de sexo indeterminado a menos que se recurra a la genética.
En el caso de Ajvide, los investigadores extrajeron ADN de dientes y huesos para determinar tanto el sexo como el grado de parentesco. El sexo se identificó buscando la presencia de dos cromosomas X o un cromosoma X y uno Y. Este paso fue crucial para mapear correctamente las relaciones familiares y entender si los patrones de entierro seguían líneas patrilineales (a través del padre) o matrilineales (a través de la madre).
El parentesco se calculó midiendo cuánta información genética compartían los individuos. Los parientes de primer grado, como padres e hijos o hermanos, comparten aproximadamente la mitad de su ADN. Los parientes de segundo grado, como abuelos y nietos o tíos y sobrinos, comparten una cuarta parte. Por último, los parientes de tercer grado, como los primos hermanos, comparten alrededor de un octavo de su material genético. Gracias a esta precisión técnica, puedes ver cómo la ciencia actual es capaz de "entrevistar" a personas que vivieron hace 5.500 años.
Ajvide es, sin duda, uno de los yacimientos más significativos de la Edad de Piedra en toda Escandinavia. Su fama se debe a la excepcional conservación de sus tumbas, algo poco común en suelos que suelen ser ácidos y destructivos para el colágeno óseo. Hace unos 5.500 años, los habitantes de esta zona formaban parte de lo que los arqueólogos denominan la Cultura de la Cerámica Perforada (Pitted Ware Culture).
Estos grupos vivían a lo largo de las costas y dependían en gran medida de la caza de focas y de la pesca. Lo que hace que estos habitantes de Gotland sean tan interesantes para vosotros es que, mientras la agricultura ya se había extendido por la mayor parte de Europa y las poblaciones vecinas empezaban a cultivar tierras, ellos decidieron mantener su estilo de vida como cazadores-recolectores. Genéticamente, se mantuvieron distintos de las poblaciones agrícolas cercanas, mostrando una resistencia cultural y biológica notable.
La elección de permanecer como cazadores-recolectores no fue por falta de conocimiento, sino probablemente una decisión consciente basada en la abundancia de recursos marinos que ofrecía el mar Báltico. Este aislamiento genético relativo facilita que los científicos hoy puedan estudiar sus estructuras familiares sin el "ruido" genético que provocaría el mestizaje constante con las oleadas de agricultores neolíticos que transformaron el resto del continente.
Para entender por qué enterraban a sus muertos de esta manera, debemos sumergirnos en el día a día de la cultura de la cerámica perforada. Su nombre proviene de la decoración característica de sus vasijas de barro, que presentaban profundas perforaciones circulares. Estas personas eran expertas navegantes y su economía giraba en torno al mar, lo que posiblemente influyó en su estructura social.
En las sociedades que dependen de recursos estacionales y a veces impredecibles, como la caza de focas, las redes de apoyo extendidas son fundamentales para la supervivencia. Si un padre moría en una expedición de caza, el sistema de parentesco de tercer grado aseguraba que otros miembros del clan, como los primos o los tíos, asumieran la responsabilidad del cuidado de los hijos y, finalmente, de su rito funerario.
Este estudio nos indica que el concepto de "hogar" y "familia" para ellos no se limitaba a quienes vivían bajo un mismo techo de ramas y pieles. Probablemente se veían a sí mismos como parte de un linaje mucho más amplio que se extendía a lo largo de la costa de Gotland. Al enterrar a los niños con sus tías o primos, estaban reforzando visual y simbólicamente los lazos que mantenían unida a la comunidad frente a un entorno que podía ser hostil.
Sofisticación cognitiva y memoria histórica en la prehistoria
Uno de los aspectos más fascinantes de este descubrimiento es lo que nos dice sobre las capacidades cognitivas y la memoria de estas personas. Para enterrar a alguien con un pariente de tercer grado, la comunidad debía mantener un registro oral preciso de quién era quién durante varias generaciones. No bastaba con recordar quiénes eran tus padres; debías saber quiénes eran los hermanos de tus abuelos y sus descendientes.
Este seguimiento de los linajes sugiere una sofisticación social que a menudo se les niega a las culturas de cazadores-recolectores, a las que a veces se retrata erróneamente como grupos simples o primitivos. Los habitantes de Ajvide tenían una cosmología y una estructura legal interna basada en la genealogía. El cementerio no era solo un lugar para los muertos, sino un archivo físico de la historia de su pueblo.
Imagínate por un momento la escena: cuando alguien fallecía, los ancianos o los líderes del grupo debían decidir en qué parte del cementerio de 85 tumbas debía descansar el cuerpo. Esa decisión dependía de una red de parentesco que conectaba a los vivos con los ancestros. La ubicación de cada cuerpo era una declaración política y social sobre la identidad del fallecido y su lugar en la jerarquía del clan.
Comparativa con los agricultores neolíticos contemporáneos
Es interesante comparar estos hallazgos con lo que sabemos de las comunidades agrícolas que vivían en la misma época en el sur de Suecia y el resto de Europa. Los agricultores del Neolítico solían construir tumbas monumentales, como los megalitos o dólmenes, donde a menudo se enterraban docenas de personas a lo largo de siglos. En esos casos, el ADN suele mostrar una mezcla de parentesco cercano y personas sin relación biológica evidente, lo que sugiere una estructura basada en la propiedad de la tierra y la residencia.
En cambio, en Ajvide, los cazadores-recolectores mantenían entierros individuales o en grupos muy pequeños y seleccionados. Esto indica que su identidad estaba más ligada al linaje biológico específico que al territorio compartido o a la propiedad comunal de granjas. Aunque no cultivaban la tierra, su conexión con sus antepasados era igual de fuerte, manifestándose en la meticulosa organización de sus cementerios.
La persistencia de los cazadores-recolectores en Gotland frente al avance de la agricultura es un testimonio de la eficacia de su sistema social. Al mantener redes familiares extendidas y bien rastreadas, pudieron gestionar los recursos marinos de forma sostenible y mantener una cohesión grupal que les permitió sobrevivir como una entidad cultural distinta durante siglos, resistiendo la asimilación por parte de las culturas agrícolas dominantes.
El futuro de la investigación en el yacimiento de Ajvide
El trabajo de los investigadores en Ajvide está lejos de terminar. Tras analizar estas cuatro tumbas, el equipo tiene planes de ampliar su estudio interdisciplinario a más de 70 individuos del mismo cementerio. El objetivo final es reconstruir no solo los árboles genealógicos, sino también las historias de vida completas de estas personas.
A través del análisis de isótopos estables en los dientes, los científicos podrán determinar qué comía cada individuo y si se mudaron de región durante su vida. Combinando esto con los datos de parentesco, podrías llegar a saber si, por ejemplo, los hombres tendían a quedarse en su lugar de nacimiento mientras las mujeres se trasladaban para unirse a otros grupos, o viceversa. Esto revelaría los patrones de residencia y matrimonio que definieron a la prehistoria nórdica.
Cada nuevo dato que extraemos de los huesos de Ajvide nos ayuda a derribar prejuicios sobre el pasado. Como habéis podido comprobar, la imagen de la familia prehistórica está evolucionando desde una visión simplista hacia un modelo de redes complejas y sofisticadas. Estos antiguos habitantes de Gotland nos recuerdan que la necesidad humana de pertenecer y de recordar a nuestros parientes, incluso a los más lejanos, es algo que llevamos grabado en nuestro ADN desde hace miles de años.
Fuentes
https://royalsocietypublishing.org/doi/10.1098/rspb.2024.0718
https://www.eurekalert.org/news-releases/1116791
https://www.su.se/english/research/dna-reveals-kinship-in-stone-age-burial-ground-1.681245
https://www.sciencedaily.com/releases/2024/09/240904141523.htm
https://www.archaeology.wiki/blog/2024/09/05/dna-reveals-kinship-patterns-at-stone-age-site/

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