6 escritoras que forjaron la ciencia ficción: de lo clásico a lo moderno.

hace 7 meses

6 escritoras que forjaron la ciencia ficción: de lo clásico a lo moderno.

A menudo se atribuye a Julio Verne y H.G. Wells la creación del género de la ciencia ficción tal y como lo conocemos. Sin embargo, aunque ambos autores tuvieron una influencia masiva en el imaginario colectivo, lo cierto es que Mary Shelley se les adelantó por mucho. Ella escribió y publicó Frankenstein en 1818, años antes de que Verne y Wells siquiera nacieran. Esta obra no solo sentó las bases de la narrativa sobre el "científico loco", sino que exploró las consecuencias éticas de la tecnología y el progreso humano mucho antes de que la Revolución Industrial alcanzara su apogeo.

Aunque la ciencia ficción ha estado históricamente dominada por autores masculinos en las estanterías más visibles, existen muchísimas escritoras que han dejado una huella imborrable y fundamental en el género. Si te apasionan las historias sobre viajes en el tiempo, planetas alienígenas y futuros distópicos, debes conocer a estas seis mujeres cuyas historias han dado forma a la ciencia ficción moderna. Su visión no solo ha expandido los límites de lo posible, sino que ha aportado una profundidad sociológica y filosófica que hoy consideramos esencial en cualquier obra de calidad.

Índice
  1. Mary Shelley
  2. Ursula K. Le Guin
  3. Octavia E. Butler
  4. Margaret Atwood
  5. Suzanne Collins
  6. Becky Chambers
  7. Fuentes

Mary Shelley

Mary Shelley tenía solo 18 años cuando escribió lo que hoy se considera ampliamente como la primera novela de ciencia ficción: Frankenstein; o el moderno Prometeo. Esta historia gótica comenzó a gestarse en 1816, cuando Shelley (que por entonces aún usaba su apellido de soltera, Godwin) y su futuro esposo, Percy Bysshe Shelley, viajaron a Suiza para quedarse con Lord Byron en su villa cerca del lago Lemán. Lo que debían ser unas vacaciones idílicas se convirtieron en el caldo de cultivo para una de las obras más importantes de la literatura universal.

Aquel verano terminaron pasando la mayor parte del tiempo encerrados debido a un clima inusualmente frío y húmedo. 1816 pasó a la posteridad como "el año sin verano", un fenómeno provocado por la erupción del monte Tambora en Indonesia el año anterior, que cubrió el cielo de ceniza y alteró el clima global. Tras leer historias de fantasmas una noche, el trío —junto con el médico de Byron, John Polidori— se retó a escribir sus propios relatos de terror. De ese desafío nació la semilla de Frankenstein, una obra que exploraba el miedo a la ciencia descontrolada y la alienación del individuo.

La novela se publicó de forma anónima dos años después y mucha gente creyó erróneamente que Percy era el autor original. No fue hasta la traducción al francés en 1821 cuando se le dio el crédito correspondiente a Mary Shelley. Además de ser considerada la primera novela de ciencia ficción propiamente dicha, Frankenstein originó el tropo del científico loco. Personajes icónicos como el Dr. Jekyll de Robert Louis Stevenson en El extraño caso del doctor Jekyll y el señor Hyde (1886) y el Dr. Moreau de H.G. Wells en La isla del doctor Moreau (1896) tienen una deuda impagable con el Dr. Frankenstein de Shelley.

Aunque la mayoría de las novelas posteriores de Shelley fueron de corte histórico en lugar de especulativo, realizó otra incursión notable en el mundo de la ciencia ficción con El último hombre (1826). En esta obra, nos presenta una narrativa apocalíptica sobre una plaga de peste bubónica que causa la extinción de la humanidad. Es un texto precursor del género postapocalíptico que demuestra que Shelley no solo dominaba el terror gótico, sino que tenía una visión profética sobre el fin de la civilización tal como la conocemos.

Ursula K. Le Guin

Durante la primera mitad del siglo XX, la ciencia ficción vivió lo que se conoce como su era pulp. Se trataba de historias de ritmo rápido, divertidas y aventureras, impresas en papel barato creado a partir de pulpa de madera. Eran relatos centrados en la acción, los cohetes espaciales y las invasiones alienígenas, dejando poco espacio para la introspección o la crítica social profunda. Aunque hubo excepciones brillantes, el género necesitaba una evolución que lo alejara del mero entretenimiento juvenil.

Si bien existen muchos ejemplos de escritores de ciencia ficción que crearon historias intelectualmente estimulantes —como las obras de autores de la Edad de Oro, Isaac Asimov o Ray Bradbury—, no fue hasta la Nueva Ola de los años 60 cuando un estilo más sofisticado y filosófico empezó a ganar popularidad. Ursula K. Le Guin fue una de las figuras clave de este movimiento. Su enfoque no estaba tanto en la tecnología per se, sino en cómo esa tecnología afectaba a las estructuras sociales, la identidad de género y la psicología humana.

Le Guin exploró temas de feminismo, sexualidad y política con una maestría sin precedentes. Por ejemplo, uno de sus libros más conocidos, La mano izquierda de la oscuridad (1969), trata sobre una raza alienígena que no tiene un sexo fijo. A través de esta premisa, Le Guin nos obliga a cuestionar nuestras propias nociones de género y cómo estas moldean nuestra sociedad. Aunque una editorial rechazó la novela inicialmente por considerarla "tan infinitamente complicada por detalles de referencia e información" que la hacía "ilegible", el libro acabó ganando tanto el premio Hugo como el Nebula, los dos galardones más prestigiosos del género.

Pocos años después, Le Guin volvió a repetir esta hazaña con su novela utópica anarquista Los desposeídos (1974). Tras su fallecimiento, la autora Mary Robinette Kowal la elogió por ayudar a que la ciencia ficción recibiera una consideración más seria por parte del público general. Le Guin no solo luchó por el papel de la mujer en la literatura, sino que legitimó la ciencia ficción y la fantasía como formas de arte elevadas, capaces de analizar la condición humana con la misma agudeza que la literatura contemporánea más prestigiosa.

Octavia E. Butler

Cuando Octavia E. Butler tenía solo 12 años, vio una película de serie B titulada Devil Girl from Mars (1954). La película era tan mala que la inspiró a convertirse en escritora. En una charla de 1998, explicó los tres pensamientos sucesivos que se le vinieron a la cabeza mientras la veía: "Cielos, yo puedo escribir una historia mejor que esa", "Cielos, cualquiera puede escribir una historia mejor que esa" y "A alguien le han pagado por escribir esa historia tan horrible". Esa determinación la llevó a pasar gran parte de su juventud escribiendo y perfeccionando su estilo.

Tras ver el filme, Butler empezó a enviar sus propios relatos a revistas de ciencia ficción. Poco más de una década después, se convirtió en la primera escritora negra de ciencia ficción en ser publicada, con su relato corto Crossover, que apareció en una antología de 1971. A menudo se la cita como la "madre del Afrofuturismo", y sus novelas —incluyendo la historia de viajes en el tiempo Parentesco (1979) y la obra postapocalíptica Parábola del sembrador (1993)— se consideran pilares fundamentales del género.

Butler utilizó la ciencia ficción para explorar temas de injusticia social, racismo y supervivencia. En Parentesco, por ejemplo, utiliza el viaje en el tiempo para obligar a una mujer moderna a enfrentarse a la brutalidad de la esclavitud en el sur de Estados Unidos, creando un puente visceral entre el pasado y el presente. Su habilidad para crear mundos donde las jerarquías de poder son examinadas bajo el microscopio de lo especulativo la convirtió en una voz única y necesaria.

Su legado ha inspirado a generaciones de autores que buscan representar voces diversas dentro de la ciencia ficción. Butler no solo escribía sobre el futuro; escribía sobre quiénes somos y cómo nuestras identidades heredadas dictan nuestras posibilidades de supervivencia. Sus historias son a menudo duras y realistas, pero contienen una honestidad brutal que resuena profundamente en los lectores actuales que buscan algo más que escapismo.

Margaret Atwood

Lo curioso de Margaret Atwood es que ella misma no se considera una escritora de ciencia ficción en el sentido tradicional. Según su propia definición, la ciencia ficción trata sobre "cosas que no podrían suceder de ninguna manera", mientras que la ficción especulativa —el género en el que ella sitúa gran parte de sus obras— trata sobre "cosas que realmente podrían suceder, pero que no habían ocurrido por completo cuando los autores escribieron los libros". Esta distinción es clave para entender su impacto en el género.

Con El cuento de la criada (1985), una novela distópica sobre las pocas mujeres fértiles que quedan en la Tierra siendo forzadas a engendrar bebés para la élite gobernante, Atwood fue tan estricta que solo incluyó elementos que hubieran ocurrido realmente en algún lugar y en algún momento de la historia. El resultado es una crítica mordaz sobre el sexismo y el poder que se siente tan relevante hoy como lo era en 1985. Al basarse en hechos históricos reales, Atwood eliminó la barrera de "lo imposible", haciendo que el horror de su mundo fuera mucho más cercano y tangible.

Al escribir historias especulativas más plausibles y fundamentadas, Atwood ayudó a cerrar la brecha entre la ficción literaria y la ciencia ficción. Su obra ha sido estudiada en universidades y debatida en círculos políticos, demostrando que el género puede ser una herramienta poderosa para el comentario social. Además de su obra más famosa, ha explorado temas de ingeniería genética y colapso ambiental en su trilogía de MaddAddam, consolidándose como una de las voces más críticas con la dirección que está tomando nuestra civilización.

Para vosotros, como lectores, la obra de Atwood ofrece una ventana a los peligros del extremismo y la erosión de los derechos humanos. Su estilo elegante y su capacidad para extrapolar las tendencias actuales hacia sus consecuencias más extremas han hecho que sus libros sean esenciales para entender las ansiedades del siglo XXI. No es solo literatura; es un aviso que exige nuestra atención constante sobre los cambios sociales que a veces permitimos sin cuestionar.

Suzanne Collins

Aunque existen algunos libros distópicos protagonizados por adolescentes anteriores a Los Juegos del Hambre —siendo Battle Royale (1999) de Koushun Takami el ejemplo principal—, es innegable que el libro de Suzanne Collins de 2008 fue el que inició la tendencia masiva de la distopía juvenil o Young Adult. La historia sigue a la adolescente Katniss Everdeen mientras compite en los Juegos del Hambre, un torneo televisado en el que los concursantes deben matarse entre sí hasta que solo quede un vencedor.

Para cuando la adaptación cinematográfica, protagonizada por Jennifer Lawrence, llegó a los cines en 2012, el libro ya había vendido la asombrosa cifra de 26 millones de copias. Los siguientes dos libros de la serie, En llamas (2009) y Sinsajo (2010), también fueron superventas, y la trilogía completa lideró un auge editorial de historias similares. Collins no solo creó un fenómeno comercial, sino que introdujo temas complejos como la propaganda de guerra, el trauma postraumático y la desigualdad económica a una audiencia masiva y joven.

Series como Divergente de Veronica Roth, la trilogía Juntos de Ally Condie y la serie La Selección de Kiera Cass son solo algunas de las distopías juveniles que siguieron la estela de Los Juegos del Hambre. El impacto de Collins reside en haber democratizado el género distópico, haciéndolo accesible sin sacrificar la profundidad de su mensaje político. A través de los ojos de Katniss, toda una generación aprendió a cuestionar la autoridad y a entender el poder de los símbolos en la resistencia social.

El éxito de Collins también demostró que las protagonistas femeninas fuertes podían liderar franquicias de ciencia ficción con un éxito comercial sin precedentes. Katniss Everdeen no es la típica heroína perfecta; es una superviviente traumatizada, pragmática y a menudo reticente a su papel de líder, lo que la convierte en un personaje humano y complejo. Su influencia en la cultura popular es innegable y ha abierto la puerta a que muchas más voces femeninas encuentren su lugar en la ciencia ficción comercial de gran presupuesto.

Becky Chambers

El largo viaje a un pequeño planeta iracundo (2014) es una "space opera" acogedora que sigue las aventuras de la tripulación a bordo de la nave espacial Wayfarer. Originalmente, fue una obra autopublicada; Becky Chambers recaudó el dinero que necesitaba para completar el libro a través de Kickstarter. La novela se convirtió en el primer título autopublicado en ser preseleccionado para un premio Kitschie, un logro que finalmente llevó a que el libro fuera publicado de forma tradicional por una editorial importante.

Esta obra pronto dio lugar a la serie Wayfarers, que ganó el premio Hugo a la mejor serie en 2019. Las historias de Chambers, incluyendo la novela corta To Be Taught, if Fortunate (2019) y la serie Monje y Robot, son esperanzadoras y reconfortantes. Esto ha llevado a que sea nombrada como una de las pioneras de un nuevo subgénero de la ciencia ficción: el hopepunk. El término es un juego de palabras inspirado en otros subgéneros como el cyberpunk o el steampunk, pero con una filosofía opuesta.

El hopepunk es esencialmente lo contrario a los libros de estilo grimdark, como la serie Canción de hielo y fuego de George R.R. Martin. Mientras que el grimdark se centra en el pesimismo, la violencia y la amoralidad, el hopepunk defiende que la esperanza y la bondad son actos de resistencia radical. En un mundo que a menudo parece desmoronarse, las historias de Chambers ofrecen un refugio donde la empatía, el entendimiento mutuo y el cuidado de los demás son las herramientas más importantes para navegar por el universo.

Como ella misma dijo en una entrevista con la BBC en 2022: "La esperanza es algo que se necesita desesperadamente. Y se necesita ahora mismo". Chambers ha demostrado que la ciencia ficción no tiene por qué ser oscura o cínica para ser relevante. Sus mundos son inclusivos y diversos, y sus conflictos se resuelven a menudo mediante el diálogo y la comprensión en lugar de la violencia. Para los lectores que buscáis una visión del futuro donde la humanidad (y otras especies) puedan coexistir de forma armónica, la obra de Becky Chambers es una lectura obligatoria que reconforta el alma.

Fuentes

https://www.ool.co.uk/blog/h-g-wells-the-father-of-science-fiction/

https://www.britishlibrary.cn/en/works/frankenstein/

https://www.penguin.co.uk/discover/articles/geneva-holiday-frankenstein-mary-shelley

https://academic.oup.com/dsh/article/38/2/750/6773078

https://www.discovermagazine.com/how-the-term-mad-scientist-began-and-how-it-shapes-our-world-44141

https://sf-encyclopedia.com/entry/pulp

https://lithub.com/perhaps-were-being-dense-rejection-letters-sent-to-famous-writers/

https://www.npr.org/2018/01/24/580107623/the-influence-of-ursula-k-le-guin

https://web.mit.edu/m-i-t/articles/butler_talk_index.html

https://nmaahc.si.edu/explore/stories/remembering-afrofuturist-octavia-butler

https://gizmodo.com/if-it-is-realistic-or-plausible-then-it-is-not-science-5847421

https://web.archive.org/web/20180120160422/https:/www.theguardian.com/books/2018/jan/20/margaret-atwood-i-am-not-a-prophet-science-fiction-is-about-now

https://www.bbc.co.uk/culture/article/20180425-why-the-handmaids-tale-is-so-relevant-today

https://www.goodreads.com/blog/show/351-the-dystopian-timeline-to-the-hunger-games-infographic

https://www.publishersweekly.com/pw/by-topic/childrens/childrens-book-news/article/51167-the-hunger-games-franchise-the-odds-seem-ever-in-its-favor.html

https://www.britannica.com/biography/Suzanne-Collins

https://gizmodo.com/the-long-way-to-a-small-angry-planet-is-this-year-s-mos-1730270921

https://www.thehugoawards.org/hugo-history/2019-hugo-awards/

https://web.archive.org/web/20210916100911/https:/www.wired.com/story/is-becky-chambers-ultimate-hope-science-fiction/

https://www.bbc.co.uk/culture/article/20220113-the-sci-fi-genre-offering-radical-hope-for-living-better

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