Casi un tercio de los hombres de la Generación Z dice que la esposa debe obedecer a su marido: el doble de propensos que los Baby Boomers.
hace 6 meses

A pesar de haber crecido en una época definida por constantes conversaciones sobre la igualdad, una parte significativa de los hombres de la Generación Z sigue manteniendo visiones sorprendentemente tradicionales sobre las relaciones, la masculinidad y la independencia de las mujeres. De hecho, los datos revelan una realidad que muchos consideraban superada: casi un tercio de estos jóvenes afirma que una esposa debe obedecer a su marido. Si creías que las nuevas generaciones venían con el chip del progreso totalmente integrado, estas cifras te obligarán a replantearte lo que sabes sobre el panorama social actual.
Estos hallazgos provienen de una extensa encuesta internacional realizada a más de 23.000 personas en 29 países, incluyendo naciones tan diversas como España, Gran Bretaña, Estados Unidos, Brasil, Australia e India. Basada en el estudio del Día Internacional de la Mujer de 2026, la investigación dibuja un panorama complejo sobre cómo la generación de adultos más joven percibe los roles de género y por qué estas opiniones podrían ser determinantes para el futuro de la igualdad a nivel global. Lo que estamos viendo no es solo un estancamiento, sino en algunos aspectos, un retroceso hacia ideales que vuestros padres o abuelos ya creían haber dejado atrás.
Resulta preocupante observar que las actitudes hacia la igualdad de género no son más positivas, especialmente entre los hombres jóvenes. No solo ocurre que muchos hombres de la Generación Z están imponiendo expectativas limitantes a las mujeres, sino que también se están atrapando a sí mismos dentro de normas de género restrictivas. Así lo ha expresado Julia Gillard, presidenta del Instituto Global para el Liderazgo de las Mujeres, quien advierte que este fenómeno no afecta únicamente a la libertad femenina, sino que también constriñe la salud emocional y el desarrollo personal de los propios hombres jóvenes.
La visión contradictoria de la Generación Z sobre las mujeres
Uno de los hallazgos más inquietantes de la encuesta tiene que ver con las actitudes hacia el papel de la mujer dentro de las relaciones sentimentales. Entre los hombres de la Generación Z (aquellos nacidos aproximadamente entre 1997 y 2012), el 31 por ciento se mostró de acuerdo con la idea de que una esposa debe obedecer siempre a su marido. Además, alrededor de un tercio afirmó que el esposo debería tener la última palabra en las decisiones importantes del hogar. Si comparas estos datos con los hombres de la generación de los Baby Boomers (nacidos entre 1946 y 1964), te llevarás una sorpresa: los jóvenes de la Generación Z tienen el doble de probabilidades de sostener estas visiones tradicionales sobre el matrimonio que sus predecesores de mayor edad.
Esta tendencia sugiere que el paso del tiempo no garantiza necesariamente una progresión hacia valores más liberales. La encuesta también reveló que casi una cuarta parte de los hombres de la Generación Z cree que las mujeres deberían evitar parecer demasiado independientes o autosuficientes. Esta idea de que la independencia femenina es una amenaza para la estabilidad de la pareja o para la propia masculinidad del hombre parece estar ganando terreno en los espacios digitales donde estos jóvenes consumen información, creando un ecosistema donde la autonomía de la mujer se percibe con recelo.
Sin embargo, este mismo grupo de jóvenes mostró actitudes mucho más modernas en otros ámbitos, lo que genera una dualidad desconcertante. Los hombres de la Generación Z son, al mismo tiempo, la generación con más probabilidades de afirmar que las mujeres con carreras profesionales exitosas les resultan atractivas. Esto sugiere que la admiración por el éxito profesional de la mujer puede convivir con expectativas domésticas mucho más tradicionales y restrictivas. Es como si aceptaran la igualdad en el espacio público y laboral, pero exigieran una jerarquía anticuada en el espacio privado del hogar.
Esta dualidad en las perspectivas abre un diálogo vital sobre cómo se están reformulando las normas de género. Nos obliga a profundizar en los factores culturales, sociales y económicos que influyen en estas creencias. Según explica Kelly Beaver, directora ejecutiva de Ipsos, este choque entre modernidad y tradición es un reflejo de una generación que navega por un mundo hiperconectado pero que, a la vez, se refugia en estructuras de poder antiguas ante la incertidumbre del futuro. Si te detienes a pensarlo, es una respuesta compleja a un cambio social que quizá están sintiendo como demasiado acelerado.
¿Cómo percibe la Generación Z la masculinidad?
La encuesta no solo puso el foco en lo que los hombres esperan de las mujeres, sino también en las presiones que los propios jóvenes se imponen a sí mismos. La construcción de la masculinidad moderna parece estar sufriendo una crisis de identidad. Por ejemplo, el 30 por ciento de los hombres de la Generación Z cree que los hombres no deberían decir te quiero a sus amigos varones. Este dato refleja una persistencia de la barrera emocional que impide a los hombres expresar afecto, perpetuando un modelo de hombría basado en la frialdad y el distanciamiento emocional.
Además, el 43 por ciento de los encuestados estuvo de acuerdo en que los hombres jóvenes deben intentar ser físicamente fuertes y duros, incluso si no son corpulentos por naturaleza. Esta presión por cumplir con un canon estético y de fortaleza física sigue muy presente, alimentada en gran medida por las redes sociales y ciertos nichos de contenido que glorifican una virilidad hiperbólica. Lo más llamativo es que un 21 por ciento cree que los hombres que asumen roles de cuidado de los hijos son menos masculinos que los que no lo hacen, lo que pone en riesgo el avance hacia la corresponsabilidad en la crianza.
Estos hallazgos sugieren que las ideas tradicionales sobre la masculinidad siguen siendo extremadamente poderosas, incluso en una generación que ha crecido bajo el paraguas del activismo por la igualdad de género. Es posible que estéis presenciando un efecto de reacción; a medida que las definiciones de género se vuelven más fluidas, algunos sectores de la población joven se aferran con más fuerza a los estereotipos rígidos para encontrar un sentido de pertenencia o identidad en un mundo que perciben como caótico.
La investigación también reveló una desconexión fascinante entre las creencias personales y las expectativas sociales percibidas. A nivel mundial, solo una de cada seis personas cree personalmente que las mujeres deberían encargarse de la mayor parte del cuidado de los hijos o del trabajo doméstico. Sin embargo, muchos de los participantes pensaban que esas expectativas tradicionales todavía están ampliamente extendidas en sus respectivos países. Esto crea un efecto de espejismo social donde la gente actúa según lo que cree que los demás esperan de ellos, en lugar de seguir sus propias convicciones más igualitarias.
Por qué las actitudes sobre el género son determinantes hoy
Los investigadores sostienen que estas contradicciones demuestran que las generaciones más jóvenes están renegociando activamente las normas de género en un contexto de cambio cultural acelerado. No se trata simplemente de que sean machistas o conservadores por defecto, sino de que están expuestos a una cantidad ingente de discursos contrapuestos. Por un lado, reciben educación en igualdad en las aulas, pero por otro, consumen algoritmos que los dirigen hacia contenidos que refuerzan la dominación masculina y la sumisión femenina como valores de éxito.
Abordar este problema requiere conversaciones abiertas y honestas sobre la masculinidad, la igualdad y lo que realmente significa ser un hombre en el siglo XXI. La persistencia de estas normas no solo perjudica a las mujeres, reduciendo sus oportunidades y su autonomía, sino que también genera un profundo malestar en los hombres, que se sienten obligados a cumplir con estándares de dureza y represión emocional que son insostenibles a largo plazo. Si no se rompen estas dinámicas, el progreso hacia una sociedad más justa corre el riesgo de estancarse o incluso retroceder décadas.
Como sociedad, debemos resistir la presión de volver hacia atrás y, en su lugar, acelerar el ritmo del cambio. Julia Gillard enfatiza que la investigación rigurosa es crítica para fomentar un debate razonado y avanzar hacia el futuro. No podemos permitir que el miedo o la nostalgia por modelos de relación obsoletos definan vuestro futuro o el de las próximas generaciones. La igualdad no es un juego de suma cero donde uno pierde para que el otro gane; es la única base sólida sobre la cual construir relaciones saludables y sociedades prósperas.
Entender por qué un joven de 20 años en la actualidad puede ser más conservador en el hogar que un hombre de 70 es fundamental para diseñar políticas educativas y sociales efectivas. Este fenómeno nos recuerda que los derechos y los avances sociales nunca deben darse por sentados; requieren una defensa constante y una pedagogía que conecte con las preocupaciones reales de los jóvenes. Solo a través de la empatía y el entendimiento de estas nuevas inseguridades masculinas podremos volver a encaminar el objetivo de una igualdad real y efectiva en todos los rincones del mundo.
El papel de los algoritmos y la cultura digital
No podemos ignorar el impacto que tiene el entorno digital en la formación de estas opiniones. Gran parte de la Generación Z obtiene su visión del mundo a través de plataformas como TikTok, Instagram o YouTube, donde ciertos creadores de contenido han capitalizado el sentimiento de desorientación de algunos hombres jóvenes. Estos discursos suelen presentar la igualdad de género como un ataque a la identidad masculina, promoviendo en su lugar un retorno a los roles tradicionales como una forma de recuperar el control y el estatus.
Si observáis las tendencias actuales, veréis que el contenido que refuerza la idea del macho alfa o la necesidad de que la mujer sea femenina y sumisa para que una relación funcione, se vuelve viral con una facilidad asombrosa. Esto crea cámaras de eco donde los jóvenes solo ven reforzadas estas visiones, aislándolos de debates más constructivos y plurales. La facilidad con la que estas ideas se propagan entre los menores de 30 años es uno de los mayores retos a los que se enfrenta la educación por la igualdad en la actualidad.
Por tanto, es crucial que las herramientas para combatir estos prejuicios también se trasladen al terreno digital. No basta con enseñar igualdad en los libros de texto si los referentes que estos jóvenes siguen en sus pantallas predican lo contrario. Necesitamos fomentar un pensamiento crítico que os permita, como usuarios y consumidores de contenido, identificar cuándo se os está vendiendo una nostalgia tóxica por una época que, en realidad, limitaba las capacidades y la felicidad de todos, hombres y mujeres por igual.
Fuentes
https://www.eurekalert.org/news-releases/1118488
https://www.ipsos.com/en/international-womens-day-2024-global-survey-results

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