El oxígeno pudo haber sido clave para el surgimiento de la vida compleja.
hace 2 semanas

La historia de cómo comenzó la vida compleja es uno de los relatos más fascinantes de la biología evolutiva. Aunque gran parte del proceso se comprende de forma general, siempre ha existido una contradicción que no terminaba de encajar en el rompecabezas de la existencia. Las plantas, los animales y los hongos —conocidos colectivamente como eucariotas— surgieron probablemente cuando dos microbios muy diferentes formaron una alianza estrecha y duradera. Uno de esos microbios acabó convirtiéndose en la mitocondria, esa estructura especializada en la producción de energía que reside en el interior de tus células.
Esta asociación emparejó a un microbio que utilizaba oxígeno con otro que, según se pensaba, vivía sin él. Aquí es donde surgía el dilema: si sus hábitats rara vez coincidían, ¿cómo pudieron encontrarse y unirse en primer lugar? Un nuevo estudio publicado en la revista Nature sugiere que esta separación podría haber sido exagerada durante años. Al parecer, algunos de los microbios más estrechamente emparentados con nuestros ancestros más remotos eran perfectamente capaces de utilizar el oxígeno, lo que cambia radicalmente nuestra visión sobre el origen de la complejidad biológica.
La investigación arroja luz sobre un periodo oscuro de la historia terrestre. Brett Baker, coautor del estudio, explica que, aunque la mayoría de las arqueas de Asgard que conocemos hoy en día se encuentran en entornos sin oxígeno, los linajes más cercanos a los eucariotas habitan en lugares donde el oxígeno está presente, como sedimentos costeros poco profundos. Esto sugiere que el ancestro común que compartimos con estos microbios ya poseía las herramientas metabólicas necesarias para prosperar en un mundo que estaba empezando a cambiar químicamente.
El misterio de los orígenes eucariotas
Para entender la magnitud de este descubrimiento, debes imaginar la Tierra hace miles de millones de años. En aquel entonces, la vida era exclusivamente unicelular y microscópica. La transición hacia las células eucariotas, que son mucho más grandes y complejas, fue el paso necesario para que existieras tú y todo lo que ves a tu alrededor. Este proceso, conocido como endosimbiosis, postula que una célula hospedadora engulló a una bacteria, pero en lugar de digerirla, ambas establecieron una relación de beneficio mutuo que transformó la energía del planeta.
Sin embargo, la identidad de esa célula hospedadora ha sido objeto de debate durante décadas. El consenso científico actual apunta a las arqueas, un dominio de microorganismos unicelulares que, aunque se parecen a las bacterias, poseen una maquinaria genética y molecular muy distinta. El hallazgo de las arqueas de Asgard en 2015 proporcionó el eslabón perdido, ya que estos microbios contienen genes que antes se consideraban exclusivos de los eucariotas. El problema era que casi todas las arqueas de Asgard conocidas eran anaerobias estrictas, lo que dificultaba explicar su encuentro con bacterias aeróbicas en un entorno compartido.
La importancia de este nuevo estudio radica en que rompe con la idea de que nuestros ancestros estaban confinados a rincones oscuros y sin aire. Al demostrar que estas arqueas podían tolerar y usar el oxígeno, los investigadores han eliminado la barrera física y ecológica que supuestamente separaba a los dos socios de la simbiosis más importante de la historia. Esto implica que la evolución hacia la vida compleja no fue un accidente fortuito en un entorno extremo, sino una adaptación lógica a las condiciones cambiantes de la atmósfera terrestre.
Las arqueas de Asgard y nuestro árbol genealógico
Los microbios en el centro de esta investigación pertenecen a un grupo conocido como arqueas de Asgard. Identificadas por primera vez en sedimentos marinos cerca de una fuente hidrotermal llamada el "Castillo de Loki", estas criaturas microscópicas son consideradas los parientes vivos más cercanos de los eucariotas. Su nombre, inspirado en la mitología nórdica, refleja su estatus casi legendario en la biología, ya que poseen las piezas fundamentales para construir el citoesqueleto y otros sistemas complejos de transporte celular que definen a tus propias células.
Hasta hace poco, la mayoría de las arqueas de Asgard estudiadas estaban vinculadas a entornos con muy poco o nada de oxígeno. Esta observación ayudó a dar forma a la teoría de que la fusión que dio lugar a las células complejas ocurrió bajo condiciones de anoxia. No obstante, la nueva investigación ofrece una imagen mucho más amplia y diversa. Mediante el ensamblaje de miles de genomas microbianos a partir de muestras de sedimentos marinos recogidas en múltiples expediciones internacionales, el equipo científico casi ha duplicado la diversidad conocida de este grupo, construyendo un árbol evolutivo mucho más robusto.
Al analizar con detenimiento un subgrupo específico llamado Heimdallarchaeia —el linaje que genéticamente se sitúa más cerca de los eucariotas—, los científicos encontraron pruebas genéticas claras de un metabolismo basado en el oxígeno. Estos microbios no eran anaerobios estrictos, como se pensaba anteriormente. Todo indica que podían tolerar el oxígeno e incluso utilizarlo para sus procesos vitales. Este hallazgo sugiere que el ancestro de todos los animales, plantas y hongos ya estaba preparado para aprovechar el oxígeno mucho antes de que la vida compleja fuera una realidad.
El papel del oxígeno en la evolución temprana
La cronología de este descubrimiento encaja perfectamente con los cambios drásticos en la atmósfera de la Tierra. Durante gran parte de la historia temprana de nuestro planeta, el oxígeno era un recurso escaso. Sin embargo, hace unos 2.400 millones de años, los niveles de este gas comenzaron a aumentar significativamente durante lo que se conoce como el Gran Evento de Oxidación. Posteriormente, otros incrementos elevaron los niveles de oxígeno hasta acercarlos a las condiciones modernas. No mucho después de estos periodos de oxigenación, los primeros fósiles claros de eucariotas aparecen en el registro geológico.
Si algunos ancestros de Asgard ya eran capaces de utilizar el oxígeno, estos cambios atmosféricos habrían ofrecido una ventaja evolutiva sin precedentes. El metabolismo basado en el oxígeno es extremadamente eficiente: genera muchísima más energía (en forma de ATP) que las vías anaeróbicas. Los microbios que pudieron aprovechar esta fuente de energía habrían tenido más combustible para crecer, dividirse y, lo más importante, desarrollar una mayor complejidad celular. La energía extra permitió la construcción de estructuras internas más sofisticadas que habrían sido imposibles de mantener con un metabolismo más pobre.
Por lo tanto, en lugar de actuar como una barrera que mantenía separados a dos organismos incompatibles, el oxígeno pudo haber sido el catalizador que hizo que su asociación fuera rentable desde un punto de vista energético. La capacidad de las arqueas de Asgard para gestionar el oxígeno facilitó la integración de la futura mitocondria, permitiendo que la simbiosis prosperara en un mundo que se volvía cada vez más aeróbico. Es una lección sobre cómo la vida no solo se adapta al entorno, sino que aprende a explotar nuevas oportunidades químicas para dar saltos evolutivos gigantescos.
Un cambio en la perspectiva del hábitat
El hecho de que los parientes más cercanos de los eucariotas vivan en sedimentos costeros poco profundos y floten en la columna de agua tiene implicaciones profundas. Estos son entornos dinámicos, donde el oxígeno fluctúa y la luz solar llega con facilidad. Esto contrasta con las profundidades abisales o los sedimentos profundos donde se descubrieron las primeras arqueas de Asgard. Este cambio de hábitat nos dice que el "escenario" donde se produjo el origen de la vida compleja fue mucho más similar a los ecosistemas marinos que conocemos hoy en día de lo que nos atrevíamos a imaginar.
Al habitar en estas zonas de transición, las arqueas tenían contacto constante con una enorme variedad de bacterias, incluidas las alfaproteobacterias, que son las precursoras de las mitocondrias. Esta coexistencia física en ambientes oxigenados eliminó la necesidad de buscar explicaciones complicadas sobre cómo dos microbios de mundos opuestos terminaron viviendo uno dentro del otro. Simplemente, estaban en el mismo sitio, respirando el mismo aire y compartiendo los mismos recursos.
La tecnología detrás del descubrimiento
Este avance científico no habría sido posible sin un esfuerzo de secuenciación masivo. El equipo de investigación logró ensamblar más de 13.000 genomas microbianos a partir de aproximadamente 15 terabytes de ADN ambiental. Esta técnica, conocida como metagenómica, permite a los científicos estudiar organismos que nunca han sido cultivados en un laboratorio, simplemente analizando el material genético que dejan en su entorno. Dentro de ese inmenso tesoro de datos, surgieron cientos de nuevos genomas de arqueas de Asgard que antes eran totalmente desconocidos para la ciencia.
Para comprender qué hacían exactamente esos microbios con sus genes, los investigadores recurrieron a herramientas de vanguardia como AlphaFold2. Esta es una herramienta de inteligencia artificial desarrollada por DeepMind que predice cómo las proteínas se pliegan en formas tridimensionales. Dado que en biología la estructura determina la función, estas predicciones son fundamentales para saber qué procesos químicos puede llevar a cabo un organismo. Gracias a la IA, se descubrió que varias proteínas producidas por las Heimdallarchaeia se parecen asombrosamente a las que utilizamos los eucariotas modernos para el metabolismo energético basado en el oxígeno.
Proteínas que revelan el pasado
El análisis de estas proteínas ha permitido identificar funciones metabólicas que estaban "escondidas" en el código genético de las arqueas. No solo se trata de la capacidad de respirar oxígeno, sino también de gestionar los subproductos potencialmente dañinos de este proceso, como las especies reactivas de oxígeno (radicales libres). Esto demuestra que estos microbios no solo estaban expuestos al oxígeno de forma pasiva, sino que tenían un kit de herramientas completo para interactuar con él de manera segura y productiva.
Este uso de la inteligencia artificial para reconstruir la biología de organismos que vivieron hace miles de millones de años marca un antes y un después en la paleontología molecular. Ya no dependemos únicamente de encontrar fósiles físicos, que son extremadamente raros para los microbios, sino que podemos leer la historia de la vida escrita en el ADN de sus descendientes modernos. La precisión de estas herramientas nos permite visualizar con un detalle asombroso cómo eran las piezas de la maquinaria celular antes de que se ensamblaran en la primera célula compleja.
Implicaciones para la biología evolutiva moderna
El origen de la vida compleja sigue siendo uno de los saltos evolutivos más importantes de la biología, equiparable al origen de la vida misma o a la aparición del lenguaje en los seres humanos. Estos resultados sugieren que el ancestro de las células complejas no estaba confinado a hábitats marginales o carentes de oxígeno. Por el contrario, es muy probable que fuera un organismo versátil, equipado para aprovechar un mundo en constante transformación y cada vez más rico en oxígeno.
Este descubrimiento obliga a revisar los libros de texto sobre la evolución celular. La narrativa tradicional de una arquea anaeróbica que "se ve obligada" a asociarse con una bacteria aeróbica para sobrevivir al "veneno" del oxígeno está siendo reemplazada por una historia de oportunidad y compatibilidad metabólica. Si la célula hospedadora ya sabía manejar el oxígeno, la llegada de la mitocondria no fue una medida de salvación desesperada, sino una actualización tecnológica masiva que permitió a la vida alcanzar nuevas cotas de tamaño y complejidad.
Además, este estudio subraya la importancia de la biodiversidad microbiana que aún permanece oculta. A pesar de décadas de investigación, solo estamos empezando a rascar la superficie de lo que las arqueas y bacterias pueden enseñarnos sobre nuestra propia historia. Cada vez que exploramos un nuevo sedimento o aplicamos una nueva herramienta de análisis genómico, descubrimos que el árbol de la vida es mucho más frondoso y complejo de lo que sospechábamos, y que nuestras raíces están profundamente conectadas con microorganismos que poseen capacidades sorprendentes.
Desafíos y futuras investigaciones
A pesar de la claridad que aportan estos hallazgos, todavía quedan muchas preguntas por responder. Una de las mayores dificultades sigue siendo la imposibilidad de cultivar la mayoría de estas arqueas de Asgard en el laboratorio. Estos organismos crecen extremadamente despacio y suelen depender de interacciones complejas con otros microbios para sobrevivir. Hasta que no logremos verlos crecer y dividirse bajo el microscopio en condiciones controladas, gran parte de nuestro conocimiento seguirá basándose en inferencias genéticas y simulaciones por inteligencia artificial.
El siguiente paso para la ciencia será intentar recrear estas condiciones de vida compartida para observar cómo se produce la interacción entre una arquea de Asgard y una bacteria moderna similar a la que dio origen a la mitocondria. Además, los científicos están interesados en explorar otros linajes de Asgard para ver si la capacidad de usar oxígeno está aún más extendida de lo que indica este estudio. La historia de nuestro origen es un puzle de miles de millones de piezas, y aunque hoy tenemos una imagen mucho más clara, todavía nos faltan fragmentos cruciales para comprender la magnitud total del evento que nos dio la vida.
En última instancia, este tipo de investigaciones nos recuerdan que la vida compleja es el resultado de una cooperación extraordinaria. Tú, como ser humano, eres el heredero de una alianza que comenzó en el barro marino hace eones. Comprender que nuestros ancestros microscópicos ya estaban explorando las posibilidades del oxígeno nos ayuda a valorar la increíble continuidad de la vida y la elegancia de los mecanismos evolutivos que, a partir de simples microbios, han sido capaces de crear la asombrosa diversidad del mundo natural que habitamos.
Fuentes
https://www.nature.com/articles/s41586-024-07361-w
https://www.eurekalert.org/news-releases/1116590

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