Los fósiles revelan que los antiguos canguros gigantes podían saltar, pero solo en ráfagas cortas
hace 1 mes

Aunque los canguros actuales son mundialmente famosos por su capacidad de salto, se creía que sus ancestros gigantes probablemente no saltaban de un lugar a otro debido a su enorme tamaño. Sin embargo, una nueva investigación podría haber revelado el antiguo pasado saltador de estos canguros gigantes.
Algunas de estas especies ancestrales de canguros podían pesar hasta 250 kilogramos (550 libras), y debido a este peso, investigaciones anteriores indicaban que eran sencillamente demasiado pesados para que sus huesos del tobillo soportaran el impacto y la tensión del salto. En un artículo innovador publicado en la revista Scientific Reports, los investigadores reanalizaron fósiles y huesos de diversas especies de canguros para determinar si estas afirmaciones previas realmente se sostenían.
"Nuestros hallazgos demuestran que estos animales no eran simplemente versiones más grandes de los canguros actuales. Estaban construidos de manera diferente, de formas que les ayudaban a gestionar su enorme tamaño", afirmó Megan Jones, investigadora principal, en un comunicado de prensa. Este descubrimiento no solo cambia nuestra comprensión de la biomecánica de la megafauna, sino que también nos ofrece una ventana a la rica y compleja diversidad ecológica de la Australia prehistórica. La idea de que el animal terrestre más grande de Australia utilizaba el salto como un modo de locomoción, aunque modificado, desafía décadas de suposiciones paleontológicas.
Reexaminando la Biomecánica del Salto
Megan Jones, de la Universidad de Mánchester, junto a colegas de la Universidad de Bristol y la Universidad de Melbourne, llevó a cabo esta nueva investigación. Su objetivo principal era refutar o confirmar las afirmaciones pasadas de que no era mecánicamente posible que un canguro que pesara más de 150 kilogramos (330 libras) saltara. Estas afirmaciones originales surgieron de estudios que extrapolaron el tamaño y la estructura ósea de los canguros modernos a sus parientes gigantes extintos.
El equipo de investigación, liderado por Jones, consideró que estos hallazgos anteriores podían ser engañosos, ya que la evolución rara vez se limita a un escalado lineal. Si un organismo crece exponencialmente, sus estructuras de soporte (como los huesos y los tendones) deben reforzarse y rediseñarse de manera proporcionalmente mayor para evitar el colapso. Esta adaptación es un principio fundamental en la biología de los grandes mamíferos.
La Falacia del Escalado Simple
El método tradicional para estimar la locomoción de la megafauna extinta a menudo se basaba en el principio del escalado simple o alométrico. Este principio supone que, si se tiene un animal moderno (como un canguro rojo de 80 kg) y se le aplica un factor de multiplicación a todas sus dimensiones para alcanzar los 250 kg, se obtendrá la forma y función de su ancestro.
Sin embargo, como señaló Megan Jones, "las estimaciones anteriores se basaban en simplemente escalar canguros modernos, lo que puede significar que nos perdemos cruciales diferencias anatómicas". La investigación reveló que la arquitectura esquelética de los gigantes, como Procoptodon goliah y Protemnodon, había evolucionado con modificaciones específicas en sus extremidades posteriores que no se observan en las especies actuales de menor tamaño.
La Estructura Ósea Clave para el Impacto
Para llevar a cabo el estudio, el equipo analizó las extremidades traseras de 94 ejemplares modernos y 40 fósiles, representando 63 especies distintas de canguros y ualabíes. Este amplio abanico de especímenes permitió comparar las estructuras anatómicas de las especies extintas más grandes con la diversidad existente hoy en día.
El equipo se centró en identificar los factores limitantes que evitarían que estas especies gigantes saltaran. A partir de su análisis exhaustivo, identificaron dos puntos críticos: la resistencia de los huesos del pie y la capacidad del tobillo para anclar los poderosos tendones que son esenciales para un salto propulsivo y elástico. La locomoción del canguro es única en el reino animal, ya que utiliza sus tendones como resortes, almacenando y liberando energía elástica con cada impacto, lo que les confiere una eficiencia energética tremenda a altas velocidades.
Los resultados fueron reveladores: los huesos del pie de los canguros gigantes eran notablemente más cortos y gruesos. Esta geometría ósea les permitía resistir fuerzas de aterrizaje significativamente mayores, distribuyendo el estrés de manera más efectiva a lo largo de la estructura. Además, descubrieron que el hueso del talón (calcáneo) del canguro gigante era mucho más ancho en comparación con los canguros modernos. Un calcáneo más ancho proporcionaba una superficie de anclaje robusta para tendones del tobillo más gruesos y resistentes, una adaptación crucial para evitar la rotura bajo el peso extremo.
Megafauna Australiana: Un Mundo de Gigantes Saltadores
El Pleistoceno (hace 2,6 millones a 11.700 años) fue una era de megafauna en todo el planeta, pero Australia albergó algunas de las criaturas más inusuales y masivas, los llamados megamarsupiales. Estos incluían diprotodontes del tamaño de rinocerontes y, por supuesto, los canguros gigantes.
La presencia de especies como Protemnodon, el grupo extinto de canguros gigantes que se incluyó en este estudio, y Procoptodon, el 'canguro de cara corta' que ostentaba el récord de tamaño con sus 250 kg, dominó el paisaje australiano. Comprender cómo se movían estos animales es vital para reconstruir la ecología de ese período y entender cómo interactuaban con su entorno antes de la llegada de los humanos modernos. La hipótesis previa de que estos gigantes se desplazaban únicamente caminando cuadrúpedamente o bipedalmente (como un humano lento) les restaba parte de la dinámica que caracteriza a su linaje evolutivo.
El Desafío del Tamaño: Procoptodon y Protemnodon
El género Procoptodon, y en particular la especie P. goliah, es fascinante. No solo era el más grande de los macrópodos conocidos, sino que también poseía pies con adaptaciones extremas. A diferencia de los canguros modernos que tienen cuatro dedos funcionales en el pie, el Procoptodon había evolucionado hacia un pie monodáctilo, con un único dedo central grande y fuerte, similar a la pezuña de un caballo, aunque con garras.
Aunque el Procoptodon es un caso extremo y probablemente un caminante bípedo primario, el estudio se centró en especies como Protemnodon, que morfológicamente estaban más cerca de los canguros modernos, pero con la notable diferencia de peso. La clave de la investigación fue demostrar que, incluso en el rango de peso que anteriormente se consideraba el límite mecánico (alrededor de 150 kg), el salto no estaba completamente descartado como una opción de escape o movimiento rápido. Sus anatomías, más robustas y compactas, eran la respuesta evolutiva a la necesidad de moverse eficientemente sin romperse los tobillos.
Las Implicaciones de una Danza Lenta
Aunque los resultados del estudio demostraron que estos canguros gigantes eran capaces de saltar mecánicamente, el equipo de investigación concluyó que probablemente no saltaban con la misma frecuencia ni con la misma eficiencia que sus primos modernos. Su mayor peso y la necesidad de tendones más gruesos dictaban un estilo de vida locomotor diferente.
Katrina Jones, investigadora de la Royal Society en la Universidad de Bristol y coautora del estudio, explicó las consecuencias de esta arquitectura reforzada: "Los tendones más gruesos son más seguros, pero almacenan menos energía elástica". Los tendones más gruesos son menos flexibles, lo que reduce la cantidad de energía que pueden devolver, haciendo que el salto sea más costoso desde el punto de vista metabólico.
¿Por Qué Saltar si Eres Tan Lento?
Esta limitación biomecánica probablemente hizo que los canguros gigantes fueran saltadores más lentos y menos eficientes. No estaban diseñados para viajes de larga distancia a alta velocidad, sino que estaban "mejor adaptados a ráfagas cortas de movimiento", según Jones.
El salto, sin embargo, no tiene por qué ser extremadamente eficiente energéticamente para ser útil. Estos animales probablemente utilizaban su capacidad de salto para cruzar terrenos difíciles de manera rápida o, crucialmente, para escapar de un peligro inminente. Imagina un canguro gigante de 250 kg que camina de forma cuadrúpeda lenta la mayor parte del tiempo, pero que activa un salto potente y explosivo (aunque solo por unos pocos metros) para esquivar a un depredador como un león marsupial (Thylacoleo carnifex).
El equipo de investigación también sugirió que estos canguros ancestrales podrían haber empleado una variedad de estrategias de movimiento. Estas incluían la caminata vertical sobre dos patas, el uso de las cuatro patas para pastar lentamente, y el salto como una opción de emergencia. El salto puede haber sido simplemente una de las muchas formas en que estos antiguos macrópodos se movían por su paisaje. Esta versatilidad contrasta marcadamente con los canguros modernos, cuyo modo de locomoción dominante es el salto.
Diversidad Ecológica y Adaptación
El hecho de que los canguros ancestrales no dependieran exclusivamente del salto (o no fueran tan expertos en él como sus homólogos modernos) sugiere una gama mucho más amplia de nichos ecológicos en el Pleistoceno australiano. La necesidad de estructuras óseas más robustas y tendones más fuertes limitaba su velocidad y resistencia, empujándolos hacia estrategias alimentarias que no requerían el desplazamiento rápido a largas distancias característico de los canguros rojos de las llanuras abiertas actuales.
Robert Nudds, profesor titular de Evolución, Infección y Genómica en la Universidad de Mánchester y coautor del estudio, destacó la importancia ecológica de estos hallazgos: "Nuestros hallazgos contribuyen a la noción de que los canguros tenían una diversidad ecológica más amplia en la Australia prehistórica de la que encontramos hoy en día".
Esta diversidad se manifestaba en sus dietas. Mientras que algunas especies grandes eran pastadoras (se alimentaban de hierba) como los canguros modernos, otras eran ramoneadoras (se alimentaban de hojas y brotes). Esta última especialización, el nicho de ramoneador entre los grandes canguros, prácticamente ha desaparecido en las especies grandes de la actualidad. La variedad de estrategias de movimiento, desde el salto lento y seguro hasta la caminata bípeda y cuadrúpeda, permitió a estos gigantes explotar diferentes tipos de vegetación y terrenos, contribuyendo a la rica complejidad del ecosistema australiano prehistórico. La extinción de estos gigantes hace unos 50.000 años, un evento que coincidió con la llegada de los primeros humanos, marcó el fin de este fascinante experimento evolutivo de la naturaleza.
Fuentes
- https://www.nature.com/articles/s41598-024-53912-8
- https://www.eurekalert.org/news-releases/1113455
- https://www.eurekalert.org/news-releases/1113155
- https://press.anu.edu.au/publications/series/monographs-and-short-works/megafauna-australia-science-story
- https://royalsocietypublishing.org/doi/full/10.1098/rspb.2017.2023

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