Un evento histórico griego de terremoto y tsunami podría no haber sido tan devastador como se registró en su momento.
hace 1 mes

A veces, solo hace falta que un investigador detecte una única inconsistencia para descubrir cómo un terremoto que durante mucho tiempo se creyó que fue uno de los más devastadores de la historia de Grecia, probablemente no fue tan dramático como se pensaba.
Analizando antiguos informes periodísticos y los escritos de un viajero, una científica de la Universidad Helénica del Mediterráneo demostró que los registros del terremoto de 1843 en la isla de Chalke, reportado con una magnitud de 6.4, seguido de un tsunami y un saldo de 600 muertos, necesitan ser actualizados. Este hallazgo, publicado en la revista Seismological Research Letters, muy probablemente conducirá a un cambio fundamental en los cálculos de riesgo sísmico para la región. Esto prueba, una vez más, que mantener registros históricos precisos es absolutamente crítico para la gestión del riesgo en la actualidad.
La Falsa Devastación de 1843: Cuando la Historia Sobredimensionó un Sismo
La sismicidad en Grecia es una preocupación constante. Ubicada en una de las zonas tectónicamente más activas del Mediterráneo, la recopilación de datos históricos sobre eventos pasados es esencial para modelar el futuro. En este contexto, la Dra. Ioanna Triantafyllou, investigadora asociada en el Instituto de Física del Interior de la Tierra y Georiesgos en la Universidad Helénica del Mediterráneo, comenzó a trabajar en los terremotos más impactantes de Grecia en 2017. Su interés se centró particularmente en el sismo de 1843 en Chalke, una pequeña isla griega cercana a Rodas.
Este evento había sido catalogado durante mucho tiempo como uno de los 10 terremotos más mortíferos del país hasta la fecha. Los registros oficiales describían el incidente con una magnitud entre 6.4 y 6.75, seguido de un devastador tsunami y la pérdida de más de 600 vidas. Este relato, sin embargo, chocaba fuertemente con la realidad geográfica y demográfica de Chalke. Triantafyllou sintió una profunda sorpresa y se preguntó cómo una isla tan pequeña, hace casi 200 años, podía haber registrado un número de víctimas tan elevado. Esta duda fue el motor que la impulsó a buscar fuentes históricas primarias y originales que pudieran confirmar, o desmentir, el número de víctimas y la intensidad real del evento.
Una inspección detallada de estudios anteriores sobre el sismo de 1843 reveló una deficiencia metodológica clave: los autores previos no habían incluido ninguna información macroseísmica primaria. Este tipo de información es la que describe cómo se vieron afectadas las personas, los edificios y el entorno visible, lo cual es fundamental para asignar una intensidad real a un evento antes de la era de los sismógrafos. Para corregir este error histórico y poner los hechos en su sitio, Triantafyllou rastreó diligentemente fuentes primarias contemporáneas que habían sido omitidas por los investigadores anteriores, pintando un panorama completamente diferente de los sucesos.
Sus nuevos cálculos arrojaron una conclusión significativa: el sismo principal se acercó más a una magnitud de 5.93. Esta reducción, de un rango de 6.4-6.75 a 5.93, es inmensa en términos de energía liberada y, por tanto, de potencial destructivo. Pero la sorpresa no terminó ahí. ¿Qué hay del tsunami y las supuestas 600 bajas? Sorprendentemente, ninguna de las fuentes primarias que analizó la investigadora griega incluía registros de una gran ola oceánica o, lo que es más crucial, de muertes. Esto sugiere que la cifra de 600 víctimas mortales fue, en realidad, un error de transcripción o una exageración que se perpetuó a lo largo de las décadas.
La Clave Macroseísmica: Buscando Evidencia en el Pasado
Para entender la reevaluación de Chalke, es vital comprender la diferencia entre la magnitud sísmica y la intensidad macroseísmica. La magnitud (como 5.9 o 6.4) mide la energía total liberada en el epicentro, generalmente determinada hoy por instrumentación sísmica. La intensidad macroseísmica, por otro lado, mide los efectos observados en la superficie, en las estructuras y en las personas, y se clasifica mediante escalas como la de Mercalli Modificada (MM) o la EMS-98. Antes de que existieran los sismógrafos (principios del siglo XX), la única forma de catalogar y comparar terremotos históricos era a través de la asignación de intensidades basadas en los daños reportados.
La labor de Triantafyllou consistió en tomar esos relatos (cartas, periódicos, diarios) y aplicarles rigurosamente una escala de intensidad. Por ejemplo, si un informe describe "daños menores a estructuras bien construidas" y "caída de chimeneas", se puede asignar una intensidad específica (por ejemplo, VIII). Una vez que se tienen suficientes puntos de intensidad en diferentes ubicaciones, los sismólogos pueden modelar la atenuación de la onda sísmica y, a partir de ahí, retro-calcular la magnitud real del evento. La discrepancia inicial provenía de que los estudios anteriores habían asumido una alta magnitud sin la base macroseísmica suficiente, probablemente basándose en reportes muy tardíos o de fuentes secundarias.
El hecho de que fuentes primarias contemporáneas no mencionaran ni un tsunami ni las muertes es la prueba más fuerte de que el evento de 1843 fue un terremoto moderado (alrededor de M 6.0), capaz de causar daños, pero no de generar una catástrofe de la magnitud previamente asumida. El rigor en la búsqueda y validación de esta información histórica es lo que transforma la sismología histórica de una simple recopilación de anécdotas en una herramienta científica indispensable.
Cazar Temblores en el Tiempo: El Valor de las Fuentes Primarias de Hace 200 Años
Encontrar informes históricos para reconstruir terremotos pasados es una tarea ardua y meticulosa. "Cuanto más te remontas en el tiempo, más difícil resulta encontrar fuentes primarias relacionadas con los terremotos", señaló Triantafyllou. Este proceso es radicalmente diferente a cómo se rastrean los eventos geológicos en la era digital actual, donde los datos se generan en tiempo real y a gran escala.
Tradicionalmente, los investigadores tienen que sumergirse en archivos polvorientos, examinando recortes de prensa, registros eclesiásticos, documentos gubernamentales, y, de forma crucial, diarios de viajeros. Estos documentos no fueron escritos con fines científicos, sino para registrar la vida cotidiana, las finanzas o las experiencias personales, lo que les otorga una calidad de testimonio independiente y, a menudo, muy detallado.
En el caso particular del terremoto de Chalke de 1843, la clave para reconstruir con precisión lo que realmente sucedió residía en una colección de informes de periódicos griegos e internacionales de la época, combinados con los escritos del profesor de arqueología alemán Ludwig Ross. Ross no era sismólogo, sino un erudito que viajaba por las islas griegas en ese momento.
Triantafyllou explica que "el libro de Ross es un buen ejemplo de un autor fiable que mantuvo un diario detallado durante sus viajes por las islas griegas". Los diarios de viajeros como Ross son invaluables porque proporcionan información contextual detallada. Sus descripciones de los efectos del sismo ofrecen datos apropiados para la reconstrucción, permitiendo asignar intensidades macroseísmicas basadas en el daño a los edificios, las fallas del terreno y la sacudida sentida en diferentes puntos. Esto proporciona un 'mapa de intensidad' que no estaba disponible en los estudios anteriores, permitiendo un cálculo de magnitud mucho más fiable que el que se había mantenido en los catálogos durante más de un siglo.
¿Por Qué Confiar en los Diarios de Viajeros del Siglo XIX?
Podríamos preguntarnos por qué un diario personal, en lugar de un registro oficial, debería ser la base para cambiar cálculos de riesgo vitales. La respuesta reside en la metodología de la verificación histórica. Los registros oficiales de la época, especialmente en regiones bajo control otomano o con estructuras administrativas incipientes, a menudo se enfocaban en la pérdida de ingresos o en las reparaciones urgentes, y no siempre eran exactos en el conteo de víctimas o en la magnitud del daño físico. Además, las noticias de segunda mano podían magnificar el evento.
Los viajeros, en cambio, solían ofrecer una perspectiva externa y detallada, registrando lo que veían in situ. Ludwig Ross, por ejemplo, registró no solo el temblor, sino también el estado de las estructuras que estudiaba y la reacción de la población. Su testimonio se convierte en un ancla de la realidad al ser contrastado con múltiples recortes de prensa que podían estar sesgados por el sensacionalismo o la agenda política de la época.
La fiabilidad de estos documentos se evalúa por su consistencia. Cuando varios periódicos (nacionales e internacionales) y el diario de un viajero independiente coinciden en que no hubo un desastre de proporciones bíblicas, la narrativa de un sismo catastrófico con 600 muertos se desmorona. La sismología histórica nos obliga a ser detectives, a no dar por sentada la información transmitida en un "juego de teléfono" de décadas de duración, sino a ir a la raíz de la evidencia.
El Impacto Crítico en el Cálculo del Riesgo Sísmico Regional
Pero, ¿por qué es tan fundamental corregir los detalles de un evento que ocurrió hace tanto tiempo? El motivo es puramente práctico y de seguridad. Las magnitudes de los terremotos históricos se incorporan a los catálogos sísmicos regionales, que son la piedra angular de todas las evaluaciones de peligrosidad sísmica actuales. Estos catálogos alimentan los modelos que predicen la probabilidad de que ocurra un sismo de cierta magnitud en una región dada dentro de un periodo de tiempo específico (por ejemplo, 50 años).
Si se asume que Chalke experimentó un M 6.4 en 1843, el modelo de riesgo se ve obligado a incluir la posibilidad de que eventos de esa magnitud ocurran en la región del Dodecaneso (Egeo Meridional) con una determinada tasa de recurrencia. Al corregir la magnitud a 5.93, Triantafyllou reduce significativamente el máximo evento histórico conocido para ese período en la isla.
La consecuencia directa de esta corrección es la reducción del riesgo sísmico global de la región en los cálculos de peligro probabilístico. Esto no significa que el riesgo sísmico desaparezca, ya que la zona sigue siendo activa, sino que la comprensión de la amenaza se refina. Un riesgo menor implica que los ingenieros pueden reevaluar los parámetros de aceleración máxima del terreno (PGA) para el diseño de nuevas estructuras y pueden justificar inversiones económicas de manera más eficiente.
Un catálogo sísmico sobreestimado puede llevar a que un estado o una ciudad invierta innecesariamente en medidas de mitigación para un nivel de peligro que nunca ocurrirá, desviando recursos que podrían usarse en otras zonas de mayor riesgo. Por el contrario, un catálogo subestimado es directamente peligroso, ya que las construcciones no estarán preparadas para el nivel de sacudida real. El trabajo de Triantafyllou asegura que los códigos de construcción modernos en Grecia se basen en una realidad histórica, no en un mito. La precisión de los datos históricos es un requisito previo indispensable para la gestión de infraestructura y la planificación territorial.
El Desafío de la Sismicidad Griega: Más Allá de Chalke
Grecia, situada en la compleja interacción de las placas Africana y Euroasiática, es una de las regiones sísmicas más activas de Europa. La subducción y el fallamiento de desgarre han generado terremotos devastadores a lo largo de la historia, incluyendo eventos de gran magnitud en el Peloponeso, Creta y el Mar Egeo. En este contexto de alta amenaza, la exactitud de los catálogos históricos es incluso más crucial que en zonas menos activas.
El caso de Chalke demuestra que, incluso en regiones con abundante investigación sismológica, es necesario someter los registros a una revisión crítica constante. Muchos de los terremotos de los siglos XVIII y XIX que hoy consideramos de magnitud 7.0 o superior se basan en reconstrucciones similares a la que Triantafyllou ha desafiado. Si un evento en una isla pequeña como Chalke pudo ser inflado por el tiempo y la transmisión de información, es plausible que otros eventos mayores también puedan haber sido malinterpretados en ausencia de datos instrumentales sólidos.
La sismología moderna ya no puede limitarse a recopilar datos geológicos y geofísicos recientes; debe integrar la investigación histórica con la misma rigurosidad que aplica a los datos instrumentales. El trabajo de revisión histórica de eventos como el de Chalke es una llamada de atención para la comunidad científica global: la gestión efectiva del riesgo sísmico comienza por asegurarnos de que el pasado que utilizamos para proyectar el futuro sea completamente verídico. Solo así podremos garantizar que las decisiones de inversión en infraestructura, las pólizas de seguro y, lo que es más importante, los códigos de construcción, protejan realmente a la población de la amenaza geológica inherente a sus territorios.
Fuentes
https://doi.org/10.1785/0220230277
https://www.eurekalert.org/news-releases/1113721
https://www.seismosoc.org/publications/srl/
https://www.hellenicmedu.gr/en/
https://eqarchive.gein.noa.gr/ (Archivo de terremotos históricos y recientes en Grecia)

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