4 teorías inquietantes sobre la muerte de Mozart que los expertos aún no pueden explicar.

hace 6 meses

4 teorías inquietantes sobre la muerte de Mozart que los expertos aún no pueden explicar.

Viena, diciembre de 1791. Un compositor célebre se encuentra postrado en cama, consumido por la fiebre y convencido de que algo va terriblemente mal. En cuestión de pocos días, Wolfgang Amadeus Mozart exhala su último aliento. No hubo autopsia, ni diagnósticos claros; solo un rastro de síntomas desconcertantes y una especulación que se ha prolongado durante siglos. Lo que queda de aquel fatídico invierno se lee menos como un informe médico y más como un rompecabezas: extremidades hinchadas, un declive repentino, relatos contradictorios y un debate historiográfico que parece no tener fin.

Si te detienes a analizar los documentos de la época, te darás cuenta de que la muerte de Mozart es uno de los mayores "casos fríos" de la historia del arte. Historiadores y científicos han revisado el caso repetidamente, analizando desde cartas familiares hasta registros parroquiales de defunción, y sin embargo, no se ha determinado una única explicación definitiva. Acompáñame en este trabajo de detective sobre el fallecimiento de uno de los compositores más renombrados del mundo, explorando las teorías más plausibles y el contexto de una vida que fue tan brillante como atormentada en su tramo final.

Índice
  1. ARCHIVO 1: LA VIDA Y OBRA DE MOZART
  2. ARCHIVO 2: LOS ÚLTIMOS DÍAS Y LAS 4 TEORÍAS QUE PERDURAN
    1. 1. Envenenamiento
    2. 2. Una infección estreptocócica que derivó en insuficiencia renal
    3. 3. Una enfermedad inflamatoria rara
    4. 4. Tratamientos médicos obsoletos
  3. ARCHIVO 3: UNA SINFONÍA DE SUPOSICIONES
    1. Más datos sobre Mozart:
  4. Fuentes

ARCHIVO 1: LA VIDA Y OBRA DE MOZART

La reputación de Mozart como prodigio no tiene prácticamente parangón en la historia de la humanidad. Si conoces su biografía, sabrás que ya de niño recorría Europa asombrando a reyes y emperadores con su virtuosismo al piano y al violín. Al alcanzar la edad adulta, ya había producido un cuerpo de trabajo extraordinario que abarcaba sinfonías, óperas, música de cámara y mucho más. Piezas como La flauta mágica, Pequeña serenata nocturna y la Sinfonía n.º 40 siguen siendo tan queridas hoy como lo fueron hace más de 200 años, manteniendo una frescura que desafía el paso del tiempo.

Sin embargo, debes saber que su vida distaba mucho de ser idílica o carente de esfuerzo. Las tensiones financieras, las cargas de trabajo extenuantes y las enfermedades recurrentes le persiguieron hasta la edad adulta. Los registros, incluidas las cartas de su padre, sugieren que se enfrentó a repetidas infecciones a lo largo de los años, lo que podría haberle dejado mucho más vulnerable de lo que nadie consideró en su momento. Viena, aunque era el epicentro cultural del mundo, era también un lugar insalubre donde las epidemias acechaban en cada esquina, y Mozart, a pesar de su genio, no era inmune a la fragilidad biológica.

A pesar de estas dificultades, sus últimos años estuvieron lejos de ser tranquilos o improductivos. Mozart se mantuvo creativamente activo hasta el último suspiro, completando obras maestras y manteniendo una agenda exigente. Es fascinante pensar que, mientras su cuerpo fallaba, su mente seguía operando a un nivel de perfección casi divino. Trabajaba en su famoso Réquiem mientras sentía que la vida se le escapaba, una ironía que ha alimentado la leyenda romántica del artista que compone su propia misa de difuntos.

Para entender realmente el impacto de su pérdida, debes considerar que Mozart no era solo un músico, sino una inversión social y cultural de la Viena de los Habsburgo. Su muerte a los 35 años supuso un golpe devastador para el panorama musical. No obstante, la precariedad de su salud y la rapidez con la que se marchó dejaron demasiadas preguntas sin respuesta, preguntas que hoy, con la ayuda de la ciencia moderna y la revisión de archivos, intentamos desentrañar para separar la realidad del mito.

ARCHIVO 2: LOS ÚLTIMOS DÍAS Y LAS 4 TEORÍAS QUE PERDURAN

La enfermedad de Mozart progresó a una velocidad alarmante. Las descripciones modernas de sus últimos días mencionan fiebre alta, dolores intensos y una hinchazón pronunciada, especialmente en brazos y piernas (un síntoma conocido como edema). En aproximadamente dos semanas desde la aparición de estos síntomas incapacitantes, el genio falleció. En aquella época, sin las herramientas de diagnóstico del siglo XXI, los médicos solo podían hacer conjeturas fundamentadas sobre su estado, basándose en la observación visual y los limitados conocimientos sobre patología de finales del siglo XVIII.

Hoy en día, los investigadores continúan ese esfuerzo, proponiendo varias explicaciones principales que intentan dar sentido a ese cuadro clínico de fiebre y edema. Si analizas las teorías existentes, verás que oscilan entre el drama criminal y la epidemiología médica. A continuación, desglosamos las cuatro vías de investigación más aceptadas y discutidas por los expertos contemporáneos que buscan poner nombre al mal que silenció a Mozart.

1. Envenenamiento

La idea de que Mozart fue envenenado deliberadamente ha perdurado durante generaciones, alimentando el imaginario colectivo. Relatos de ficción, especialmente la obra de teatro de 1979 de Peter Shaffer, Amadeus, destacan las rivalidades con el compositor Antonio Salieri, retratado como el antagonista envidioso que orquesta su caída. La adaptación cinematográfica de 1984, ganadora del Oscar, siguió una trama similar y dio una visibilidad mundial a esta teoría, aunque muchos historiadores la consideran una injusticia histórica hacia Salieri.

Debes tener en cuenta que hay pocas pruebas sólidas que respalden esta teoría del asesinato. Es cierto que el propio Mozart, según se informa, temió ser envenenado cerca del final de su vida, mencionándolo a su esposa Constanze durante un paseo por el Prater. Sin embargo, las sustancias tóxicas como el mercurio eran comunes en la medicina del siglo XVIII, lo que añade un atisbo de credibilidad a la idea de un envenenamiento accidental o terapéutico. Aun así, la mayoría de los historiadores modernos consideran que el envenenamiento intencionado por parte de un rival es sumamente improbable.

2. Una infección estreptocócica que derivó en insuficiencia renal

Una de las explicaciones con mayor base científica surge de un análisis exhaustivo de los registros de defunción en Viena realizado en años recientes. Los investigadores notaron un aumento significativo en las muertes que involucraban hinchazón (anasarca) en el mismo periodo en que murió Mozart. Esto sugiere que no se trató de un evento aislado, sino de un brote epidemiológico que afectó a una parte de la población joven y productiva de la ciudad.

Esta observación ha llevado a la teoría de que sufrió una infección por estreptococos, similar a una faringitis estreptocócica grave, que desencadenó complicaciones renales graves, como la glomerulonefritis. Un cuadro así explicaría perfectamente la hinchazón descrita en los relatos históricos, así como la progresión rápida y febril de su dolencia. Si bien esta hipótesis encaja muy bien con las pruebas disponibles y el contexto sanitario de la Viena de 1791, sigue siendo una reconstrucción educada y no un diagnóstico confirmado por análisis biológicos directos.

3. Una enfermedad inflamatoria rara

Otra posibilidad que barajan los expertos es que Mozart desarrollara una enfermedad autoinmune relacionada con los vasos sanguíneos, como la denominada púrpura de Henoch-Schönlein. Este tipo de patología puede aparecer tras una infección común y provocar una inflamación generalizada que daña seriamente los riñones y otros órganos. Si observas el historial médico de Mozart, verás que ya había dado muestras de debilidad inmunológica en el pasado, lo que podría haberle predispuesto a una reacción tan violenta de su propio cuerpo.

Quienes apoyan esta teoría señalan el historial de enfermedades recurrentes de Mozart y la naturaleza generalizada de sus síntomas finales. Se trata de una explicación más especializada, pero que se ajusta al patrón descrito en los informes que han sobrevivido, donde se habla de erupciones cutáneas y dolores articulares además de la hinchazón. Es una muestra de cómo la medicina retrospectiva intenta aplicar categorías modernas a descripciones de hace dos siglos, a veces con resultados sorprendentemente coherentes.

4. Tratamientos médicos obsoletos

No podemos olvidar que la atención médica en tiempos de Mozart era, en ocasiones, tan dañina como la propia enfermedad. La sangría, un tratamiento de rutina para la fiebre en aquel entonces, dejaba a los pacientes considerablemente debilitados, particularmente cuando se realizaba de forma repetida en un corto espacio de tiempo. Si Mozart se sometió a estas intervenciones durante su última semana, es muy probable que su condición empeorara drásticamente en lugar de mejorar.

Algunos investigadores sugieren que la combinación de una infección subyacente con la pérdida de sangre inducida por los médicos pudo haber acelerado su declive fatal. Imagina a un hombre con insuficiencia renal al que se le drena la sangre; el resultado es una caída en picado de la presión arterial y un fallo multiorgánico inminente. En lugar de curarle, la medicina oficial de su tiempo podría haberle dado el empujón definitivo hacia la tumba, una paradoja trágica para alguien que todavía tenía tanto que ofrecer al mundo.

ARCHIVO 3: UNA SINFONÍA DE SUPOSICIONES

El análisis médico moderno tiende a favorecer una causa infecciosa vinculada al fallo renal antes que un complot de asesinato impulsado por los celos de un compañero compositor. Si buscas estudios científicos actuales, verás que la tendencia es buscar explicaciones biológicas y ambientales. Sin embargo, debes recordar que incluso las teorías más convincentes se basan en registros incompletos y descripciones de segunda mano. No existen restos preservados (el cráneo que supuestamente le pertenece sigue siendo objeto de duda) y no hay pruebas definitivas para cerrar el caso.

La falta de una autopsia en su momento se debió a las leyes y costumbres de la Viena de José II, que favorecían entierros rápidos y sencillos para evitar la propagación de enfermedades. Esto ha generado el mito del "entierro de pobre", aunque la realidad es que Mozart recibió un entierro estándar para la clase media de la época. No obstante, esa falta de examen forense es lo que ha permitido que la sombra de la duda crezca y se transforme en leyenda, dejando un vacío que la ciencia intenta llenar con modelos estadísticos y analogías clínicas.

En última instancia, la muerte de Mozart permanece como un caso abierto en los anales de la historia. Cada teoría ofrece una explicación supuesta, pero ninguna resuelve plenamente todas las contradicciones de los relatos de los testigos presenciales. Al igual que una de sus composiciones inacabadas, la historia concluye de forma abrupta y la música se desvanece sin una nota final clara. Nos queda su obra, que es inmortal, mientras que el hombre que la creó sigue guardando su último secreto bajo el suelo de Viena.

Es probable que nunca sepamos con certeza absoluta qué ocurrió en aquella habitación de la Rauhensteingasse. Quizás esa sea parte de la fascinación que Mozart ejerce sobre nosotros: la mezcla de una claridad artística absoluta con un final envuelto en la bruma. Mientras los científicos debaten sobre bacterias y toxinas, tú puedes seguir disfrutando de su legado, sabiendo que, aunque su cuerpo sucumbió a las limitaciones de su tiempo, su genio logró escapar de ellas para siempre.

Más datos sobre Mozart:

Además de las teorías sobre su muerte, existen otros aspectos de su salud que han sido estudiados por neurólogos y psiquiatras. Por ejemplo, se ha debatido a menudo si Mozart padecía el Síndrome de Tourette debido a su comportamiento errático y su lenguaje soez en algunas cartas personales (su famoso humor escatológico). Aunque es una teoría popular, muchos historiadores argumentan que ese tipo de humor era común en la cultura de la época y no necesariamente un síntoma de un trastorno neurológico.

Otro dato fascinante es la teoría de la deficiencia de vitamina D. Algunos investigadores sugieren que, dado que Mozart trabajaba principalmente de noche y dormía durante el día, sumado a los largos y oscuros inviernos vieneses, su sistema inmunológico podría haber estado severamente comprometido por la falta de luz solar. Esta deficiencia le habría hecho mucho más susceptible a las infecciones que finalmente acabaron con su vida. Es un recordatorio de cómo incluso los factores más simples de la vida cotidiana pueden influir en el destino de un gigante de la historia.

Fuentes

https://www.nytimes.com/2010/08/25/arts/music/25death.html

https://www.ucl.ac.uk/news/2009/aug/unravelling-mystery-mozarts-death

https://pmc.ncbi.nlm.nih.gov/articles/PMC3025332/

https://www.pbs.org/newshour/health/symphony-second-opinions-mozarts-final-illness

https://www.mayoclinic.org/diseases-conditions/henoch-schonlein-purpura/symptoms-causes/syc-20354040

https://bcmj.org/premise/history-bloodletting

https://www.whiteswritingwhiteness.ed.ac.uk/blog/mozart-has-just-died/

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