Conoce a Billy el hipopótamo: La mascota presidencial más extraña de la que nunca has oído hablar.

hace 1 hora

Conoce a Billy el hipopótamo: La mascota presidencial más extraña de la que nunca has oído hablar.

Cuando pensamos en la Casa Blanca, solemos imaginar pasillos solemnes, decisiones políticas trascendentales y, como mucho, algún perro correteando por el Jardín Sur. Sin embargo, si pudieras viajar en el tiempo hasta la década de 1920, te encontrarías con una estampa muy diferente. Durante la presidencia de Calvin Coolidge, la residencia presidencial se transformó en algo más parecido a una reserva de fauna exótica que a una vivienda oficial. La familia Coolidge era conocida por su inmenso amor por los animales, acumulando una colección que incluía desde gatos y aves convencionales hasta criaturas que hoy nos parecerían impensables en un entorno urbano.

Entre los residentes más célebres de esta colección se encontraba Rebecca, una mapache que llegó con un destino trágico pero que terminó conquistando el corazón del presidente. Originalmente, Rebecca fue enviada a la Casa Blanca para ser servida como plato principal en la cena de Acción de Gracias. No obstante, los Coolidge se encariñaron de ella de tal manera que decidieron adoptarla como mascota, regalándole incluso un collar bordado con el título de "Mapache de la Casa Blanca". Pero Rebecca no estaba sola; la familia también recibió dos cachorros de león, a los que bautizaron con nombres cargados de humor político: "Tax Reduction" (Reducción de Impuestos) y "Budget Bureau" (Oficina de Presupuesto), además de un oso negro proveniente de México llamado Bruno.

Sin embargo, ninguna de estas mascotas tuvo un impacto tan duradero y tierno como Billy, cuyo nombre completo era William Johnson Hippopotamus. Billy no era un hipopótamo común, sino un ejemplar de hipopótamo pigmeo, una especie mucho más pequeña y rara que sus primos africanos más conocidos. Aunque su estancia física en la Casa Blanca fue breve debido a sus dimensiones, su legado se extendió por todo Estados Unidos, convirtiéndose en el patriarca de casi todos los hipopótamos pigmeos que puedes ver hoy en los zoológicos norteamericanos. En las siguientes líneas, descubrirás la fascinante historia de cómo Billy llegó a América y por qué su estirpe sigue siendo fundamental para la conservación de su especie.

Índice
  1. Billy llega a América: Un regalo con trasfondo industrial
  2. Una estrella mediática en el Zoológico Nacional
    1. El carácter único de Billy
  3. El legado reproductivo y la dinastía de las "Gumdrops"
    1. Una estirpe que sobrevive hasta hoy
  4. Biología y conservación: ¿Qué hace especial al hipopótamo pigmeo?
  5. Otros animales exóticos en la historia de la Casa Blanca
  6. El fin de una era y el recuerdo de Billy
  7. Fuentes

Billy llega a América: Un regalo con trasfondo industrial

En el año 1927, la familia Coolidge recibió una noticia que alteraría su ya concurrido catálogo de mascotas: iban a recibir un hipopótamo pigmeo originario de Liberia. El donante no era otro que Harvey Firestone, el magnate de la Firestone Tire and Rubber Company. A primera vista, podrías pensar que se trataba de un gesto de pura generosidad hacia el presidente de la nación, pero la realidad detrás de la captura de Billy era mucho menos altruista y estaba profundamente ligada a la expansión industrial de la época.

El hábitat natural de Billy en África occidental había sido drásticamente alterado por la creación de inmensas plantaciones de caucho propiedad de Firestone. Durante las labores de deforestación y preparación del terreno para la producción de neumáticos, los trabajadores de la compañía localizaron al pequeño animal. Al verse desplazado de su hogar por la actividad industrial, el animal fue capturado y enviado a los Estados Unidos como un obsequio diplomático y de relaciones públicas. Era una forma de compensar, al menos simbólicamente, la destrucción del entorno natural de donde provenía la materia prima de la empresa.

Cuando Billy desembarcó en suelo estadounidense, ya no era precisamente un "bebé". Medía aproximadamente un metro y ochenta centímetros de largo y casi un metro de alto. Aunque los Coolidge estaban encantados con la idea de tenerlo, pronto se dieron cuenta de que mantener a un hipopótamo en los terrenos de la Casa Blanca, por muy "pigmeo" que fuera, no era una opción viable a largo plazo. Por ello, decidieron donarlo al Zoológico de Rock Creek, que hoy conocemos como el Zoológico Nacional de Washington D.C., donde Billy podría recibir los cuidados especializados que requería su especie.

Una estrella mediática en el Zoológico Nacional

Desde el momento en que Billy se instaló en su nuevo hogar, se convirtió en una atracción sin precedentes. A finales de los años 20, la mayoría de los ciudadanos estadounidenses nunca habían visto un hipopótamo pigmeo, ya que era una especie descubierta para la ciencia occidental apenas unas décadas antes. Su aspecto, más redondeado y manejable que el de los hipopótamos comunes, junto con su temperamento aparentemente más dócil, fascinó a grandes y pequeños por igual.

La prensa de la época no tardó en hacerse eco de la popularidad del animal. El prestigioso diario New York Times llegó a publicar crónicas donde se destacaba que Billy eclipsaba incluso a los primates, que tradicionalmente eran los favoritos del público. Los cronistas describían cómo los visitantes ignoraban por completo las travesuras de los monos en cuanto el cuidador de Billy abría su recinto para interactuar con él. Billy no solo era una mascota presidencial; se había transformado en un fenómeno cultural que ponía de relieve la importancia de la fauna exótica en la conciencia pública estadounidense.

Además de su carisma, la presencia de Billy en el zoológico sirvió para que los científicos de la Smithsonian Institution pudieran estudiar de cerca a una especie de la que se sabía muy poco. En aquel entonces, no se comprendía del todo el comportamiento reproductivo o las necesidades dietéticas de los hipopótamos pigmeos. Gracias a Billy, el zoológico comenzó a asentar las bases de lo que hoy es un programa de conservación internacional para esta especie en peligro de extinción, demostrando que detrás de la curiosidad mediática había un valor científico incalculable.

El carácter único de Billy

A diferencia de los hipopótamos comunes, que son conocidos por ser animales territoriales y extremadamente peligrosos, Billy mostraba una faceta mucho más curiosa. Los hipopótamos pigmeos son animales solitarios y nocturnos en libertad, pero Billy se adaptó sorprendentemente bien a la presencia humana. Su interacción con los cuidadores era constante, y se decía que disfrutaba de las atenciones y de los baños que recibía diariamente, lo que permitía a los visitantes observar detalles anatómicos únicos, como su piel aceitosa que actúa como un protector solar natural.

Esta cercanía permitió que el público desarrollara una conexión emocional con él. No era simplemente un animal en una jaula; era "el hipopótamo del presidente". Esta etiqueta le otorgó una protección y una relevancia que aseguraron que nunca le faltaran los mejores recursos disponibles en una época donde la gestión de los zoológicos todavía estaba en sus etapas iniciales de profesionalización.

El legado reproductivo y la dinastía de las "Gumdrops"

Si Billy fue importante por su llegada y su popularidad, su verdadera contribución a la historia natural de los Estados Unidos comenzó en 1929. Ese año, el zoológico consiguió una pareja para él: una hembra llamada Hannah. La llegada de Hannah marcó el inicio de una de las estirpes reproductivas más exitosas en la historia del Zoológico Nacional. Sin embargo, los primeros años no fueron fáciles; la pareja se enfrentó a tragedias comunes en la cría de animales exóticos de la época, incluyendo partos de crías muertas y un accidente fatal donde una cría fue pisoteada accidentalmente.

La suerte cambió radicalmente en 1938, cuando nació una cría sana. Una joven visitante del zoológico, al observar el aspecto oscuro, brillante y redondeado del pequeño hipopótamo, comentó que parecía una gominola de regaliz negro (en inglés, black licorice gumdrop). El nombre cuajó de inmediato y la cría fue bautizada oficialmente como Gumdrop. A partir de ese momento, se estableció una curiosa tradición: todas las crías de Billy recibirían el nombre de Gumdrop, seguido de un número romano para distinguirlas.

Billy no se detuvo con Hannah. En 1940, el zoológico introdujo a una segunda hembra llamada Matilda. A lo largo de su vida, Billy llegó a engendrar un total de 18 crías. Esta prolífica descendencia fue la clave para la expansión de la especie en todo el país. Dado que el Zoológico Nacional no podía albergar a tantos hipopótamos, las "Gumdrops" fueron intercambiadas con otros zoológicos de Estados Unidos a cambio de otros animales exóticos. Esto permitió que instituciones desde Nueva York hasta California pudieran exhibir hipopótamos pigmeos por primera vez, todos ellos descendientes directos del regalo de Firestone a Coolidge.

Una estirpe que sobrevive hasta hoy

Si visitas hoy un zoológico en los Estados Unidos que cuente con hipopótamos pigmeos, hay una probabilidad altísima de que esos animales lleven la sangre de Billy en sus venas. Los genealogistas de animales han rastreado los linajes de la población actual en cautividad y han confirmado que la mayoría de los ejemplares en Norteamérica pueden trazar su árbol genealógico hasta el William Johnson Hippopotamus original.

Este éxito reproductivo fue fundamental para la supervivencia de la especie fuera de África. En un momento en que las poblaciones salvajes en Liberia, Sierra Leona y Costa de Marfil empezaban a verse amenazadas por la pérdida de hábitat y la caza, Billy y sus descendientes proporcionaron una "reserva genética" vital. La gestión de su descendencia ayudó a los zoológicos a aprender sobre la genética de poblaciones y la importancia de evitar la consanguinidad, sentando precedentes para los modernos Programas de Supervivencia de Especies (SSP).

Biología y conservación: ¿Qué hace especial al hipopótamo pigmeo?

Para entender por qué Billy fue tan importante, debéis conocer las diferencias fundamentales entre su especie y el hipopótamo común. El hipopótamo pigmeo (Choeropsis liberiensis) es una criatura fascinante que parece una versión en miniatura de su pariente más famoso, pero con adaptaciones evolutivas propias. Mientras que el hipopótamo común pasa la mayor parte del día sumergido en grandes ríos y lagos, el hipopótamo pigmeo es más terrestre y prefiere las zonas boscosas y pantanosas densas.

Una de las características más curiosas que podríais observar en un descendiente de Billy es la forma de su cabeza. Tienen los ojos menos prominentes y situados a los lados, no en la parte superior, lo que indica que no pasan tanto tiempo acechando bajo el agua. Además, sus pies son menos palmeados y sus dedos están más separados, lo que les permite caminar con mayor agilidad por el suelo fangoso del bosque tropical. Son, en esencia, los "fantasmas del bosque", animales extremadamente difíciles de ver en estado salvaje debido a su timidez y a sus hábitos solitarios.

Lamentablemente, hoy en día se estima que quedan menos de 3.000 ejemplares de hipopótamo pigmeo en libertad. Están clasificados como especie en peligro de extinción por la UICN. Esto hace que la historia de Billy no sea solo una anécdota curiosa de la presidencia de Coolidge, sino un capítulo crucial en la lucha por salvar a un animal único. La población de zoológicos que él ayudó a fundar sirve hoy como un seguro contra la extinción total, permitiendo programas de educación y concienciación que de otro modo no existirían.

Otros animales exóticos en la historia de la Casa Blanca

La afición de Calvin Coolidge por los animales extraños no era un caso aislado, aunque sí uno de los más extremos. Si os fijáis en la historia de los presidentes de Estados Unidos, veréis que la Casa Blanca ha albergado una auténtica arca de Noé. Por ejemplo, se dice que Thomas Jefferson tuvo dos cachorros de oso grizzly que le trajeron de la expedición de Lewis y Clark, y que los mantenía en una jaula en el jardín delantero. James Buchanan, por su parte, recibió una manada de elefantes del Rey de Siam, aunque sabiamente decidió no quedárselos en la residencia oficial.

Sin embargo, los Coolidge llevaron este amor por lo exótico a un nivel doméstico. Además de Billy y la mapache Rebecca, tenían un antílope, un wallaby enviado desde Australia y una colección de aves exóticas que incluía un ganso de Egipto. Estas mascotas no eran solo caprichos; en una era antes de la televisión y las redes sociales, los animales del presidente servían para humanizar al líder de la nación ante el público. Calvin Coolidge, conocido como "Silent Cal" por su carácter reservado y poco hablador, encontraba en sus animales una forma de conectar con la gente sin necesidad de pronunciar discursos elocuentes.

Incluso dentro de este contexto de extravagancia, Billy destacaba por su singularidad. Un oso o un león eran animales conocidos, pero un hipopótamo pigmeo era un enigma biológico. La decisión de Coolidge de donarlo al zoológico en lugar de intentar mantenerlo en una instalación precaria en la Casa Blanca demostró una responsabilidad hacia el bienestar animal que no siempre fue común en otros mandatarios.

El fin de una era y el recuerdo de Billy

Billy falleció en 1955, habiendo vivido una vida larga y productiva de casi 30 años. Para entonces, ya se había convertido en una institución nacional. Aunque el Zoológico Nacional en Washington D.C. ya no cuenta con una exhibición permanente de hipopótamos pigmeos en la actualidad, el espíritu de William Johnson Hippopotamus permanece en cada rincón de la historia de la institución. Su muerte marcó el final de una época en la que las mascotas presidenciales podían ser criaturas salvajes capturadas en rincones remotos del mundo.

Hoy en día, las regulaciones internacionales de protección de la fauna, como el tratado CITES, harían imposible que una empresa regalara un hipopótamo pigmeo a un presidente de la misma forma que Firestone lo hizo con Coolidge. Hemos aprendido que estos animales pertenecen a sus ecosistemas o, en su defecto, a programas de conservación estrictamente regulados. Sin embargo, no podemos juzgar el pasado con los ojos del presente sin reconocer que, gracias a ese regalo inusual, se salvó una línea genética que ha permitido a millones de personas conocer y aprender a respetar a estos increíbles animales.

Si alguna vez tenéis la oportunidad de ver a un hipopótamo pigmeo en un zoológico de prestigio, deteneos un momento a observar su piel brillante y sus movimientos pausados. Es muy probable que estéis ante un "Gumdrop", un descendiente directo de aquel Billy que, hace casi un siglo, viajó desde las selvas de Liberia hasta el corazón de la política estadounidense para convertirse en una leyenda.

Fuentes

https://blogs.loc.gov/loc/2021/01/when-rebecca-the-raccoon-ruled-the-white-house/

https://coolidgefoundation.org/resources/the-coolidge-pets/

https://boundarystones.weta.org/2021/04/19/presidential-hippopotamus-national-zoo

https://siarchives.si.edu/blog/goody-goody-gumdrops

https://www.nytimes.com/1927/08/28/archives/coolidge-pets-could-make-zoo-of-their-own-the-president-can-keep.html

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