Las bacterias, como la E. coli, nadan contracorriente en el cuerpo para infectar las vías urinarias y el intestino.

hace 4 semanas

Las bacterias, como la E. coli, nadan contracorriente en el cuerpo para infectar las vías urinarias y el intestino.

Cuando bacterias como la Escherichia coli (E. coli) entran en vuestro cuerpo, nadan con una misión clara: alcanzar objetivos como los intestinos o el tracto urinario. Estos intrusos no se detienen ante nada para colonizar e infectar espacios vitales. De hecho, la E. coli posee la asombrosa capacidad de nadar contra corriente, remontando el flujo de fluidos para lanzar su invasión con una eficiencia que ha desconcertado a los científicos durante años.

En un nuevo y fascinante estudio publicado en la revista Nature Physics, investigadores se dedicaron a rastrear el movimiento de la E. coli para comprender exactamente cómo estas bacterias se desplazan a través de los microcanales de nuestro organismo. Lo que descubrieron fue que las bacterias son expertas navegantes de los canales biológicos y pueden incluso acelerar a través de fuertes corrientes de fluidos, utilizándolas a su favor. Este conocimiento va mucho más allá de explicar cómo se propagan las infecciones bacterianas, ya que podría proporcionar el modelo fundamental para el desarrollo de microrobots capaces de administrar fármacos con precisión quirúrgica dentro del cuerpo humano.

Índice
  1. La Increíble Velocidad de E. coli: Nadadores Expertos
  2. La Hidrodinámica de la Invasión: ¿Cómo Nadan Contra Corriente?
    1. H3: El Papel de la Geometría en la Propagación
    2. H3: Usando la Corriente como Guía
  3. Implicaciones Clínicas: Infecciones Urinarias y Contaminación de Dispositivos
    1. H3: Biofilms: Semillas de Colonización Resistente
  4. Biomimética: La E. coli como Modelo para la Nanotecnología Médica
    1. H3: De Bacterias a Microdispositivos Autónomos
  5. Fuentes

La Increíble Velocidad de E. coli: Nadadores Expertos

Las bacterias son capaces de nadar sin esfuerzo, y esto se debe enteramente a su extraordinario sistema de propulsión: el flagelo. Este apéndice, que se extiende desde el cuerpo bacteriano, es esencialmente un motor rotatorio biológico. El flagelo gira para impulsarlas a través de entornos líquidos con una eficacia sorprendente.

Para entender cómo logran su movilidad, es clave saber que el motor flagelar tiene la capacidad de alternar entre movimientos en sentido horario y antihorario. Esta reversibilidad es lo que permite a las bacterias cambiar de dirección rápidamente, una característica conocida como 'reorientación' o tumble, según detalla un estudio en Trends in Microbiology. Cuando el flagelo gira en sentido antihorario, la bacteria avanza en línea recta (fase de run o carrera). Cuando la rotación se invierte, la bacteria da tumbos aleatorios, lo que le permite reorientarse y elegir una nueva dirección, un proceso adaptativo fundamental para la supervivencia y la búsqueda de nutrientes.

El biofísico Arnold Mathijssen de la Universidad de Pensilvania, autor principal del estudio, señalaba en un comunicado que “las bacterias son nadadoras notablemente rápidas y adaptativas, capaces de moverse cientos de longitudes corporales por segundo mientras son sometidas a fuertes flujos de fluidos”. Para ponerlo en perspectiva, nadar cientos de longitudes corporales por segundo es una hazaña de rendimiento hidrodinámico que supera con creces a la mayoría de los organismos conocidos.

Pero la E. coli no solo nada rápido, sino que elige el camino difícil. En lugar de dejarse llevar por la corriente, remontan el flujo para alcanzar zonas críticas como el tracto respiratorio, el gastrointestinal y, muy comúnmente, el urinario. Además, estas bacterias demuestran la misma destreza de navegación en el interior de equipos médicos, como los catéteres. Contra todo pronóstico, la E. coli no tiene problemas para contaminar e infectar espacios que, por su dificultad de acceso y la presencia de flujo constante, deberían ser inalcanzables.

La Hidrodinámica de la Invasión: ¿Cómo Nadan Contra Corriente?

El objetivo principal de la reciente investigación era desentrañar el misterio de por qué las bacterias son nadadoras tan competentes, incluso cuando las corrientes de fluidos intentan empujarlas hacia atrás.

Para resolver este enigma, los investigadores diseñaron tubos nanoscópicos con múltiples canales, imitando fielmente la estructura y las dimensiones de los conductos que encontramos dentro del cuerpo humano. Posteriormente, hicieron que la E. coli nadara a través de ellos. Este enfoque experimental les permitió observar miles de células, combinando estas observaciones detalladas con simulaciones avanzadas y análisis matemáticos rigurosos. El propósito era predecir el flujo bacteriano —el número total de células que se movían contra la corriente a lo largo del tiempo— a través de diversas configuraciones y formas de microtubos.

H3: El Papel de la Geometría en la Propagación

Los resultados mostraron que la E. coli nadaba sin dificultad a través de los tubos que imitaban la estructura interna del cuerpo humano, caracterizados por esquinas lisas y redondeadas. Las esquinas afiladas, por otro lado, resultaron ser un obstáculo significativo, ya que interrumpían el movimiento bacteriano y frenaban su propagación.

Este hallazgo tiene implicaciones inmediatas para la prevención de infecciones hospitalarias. Si los dispositivos médicos, especialmente aquellos que entran en contacto con fluidos corporales (como los catéteres o ciertos implantes), pudieran implementar estos diseños de esquinas más afiladas, se podría perturbar mecánicamente el avance de las bacterias y, potencialmente, evitar la colonización inicial.

H3: Usando la Corriente como Guía

El descubrimiento más sorprendente, sin embargo, se centró en la dinámica del flujo de fluidos. Los investigadores esperaban que una corriente más fuerte frenara o arrastrara a las bacterias. En cambio, observaron que el flujo más intenso no solo no las ralentizaba, sino que las ayudaba a nadar más rápido.

¿Cómo es esto posible? Las bacterias utilizaron las corrientes más fuertes como una especie de "carril guía". Cuando una bacteria nada muy cerca de una superficie (la pared del canal), el flujo del líquido no es uniforme. Debido a la fricción, se forma una capa límite o región de bajo flujo cerca de la pared. Sin embargo, la propia presión del flujo fuerte más allá de esta capa empuja e inclina a la bacteria. Las fuerzas hidrodinámicas generadas por este flujo fuerte fuerzan a la bacteria a alinearse con la pared en la dirección opuesta al flujo, un fenómeno conocido como reotaxis.

Al alinearse automáticamente con el flujo, la E. coli optimiza su dirección y reduce el gasto de energía en la reorientación, alcanzando las ubicaciones río arriba mucho más rápido que en condiciones con menos fricción o flujo más débil.

“En cuestión de minutos, vimos cómo las primeras células llegaban hasta el final del canal, río arriba,” comentó Suya Que, coautora de la investigación e investigadora de la Universidad de Pensilvania. Una vez que estas células pioneras llegan a su destino, siembran nuevas colonias, creando una invasión que avanza en “doble vía”: una que se establece río arriba y otra que se propaga desde allí hacia abajo.

Implicaciones Clínicas: Infecciones Urinarias y Contaminación de Dispositivos

El mecanismo de colonización que la E. coli ha perfeccionado tiene graves consecuencias para la salud humana, especialmente en lo que respecta a las Infecciones del Tracto Urinario (ITU) y las infecciones nosocomiales relacionadas con dispositivos médicos.

Una vez que las bacterias alcanzan su destino final (por ejemplo, en el interior de la vejiga o un riñón), comienzan a formar bioagregados en forma de serpentina, que son precursores del biofilm. Estas estructuras, que luego pueden desprenderse y ser arrastradas de nuevo río abajo, sirven para colonizar la totalidad del canal, garantizando que la infección se extienda y persista.

H3: Biofilms: Semillas de Colonización Resistente

El desarrollo de biofilms es uno de los mayores desafíos en la lucha contra las infecciones. Un biofilm es una comunidad compleja de microorganismos encerrados en una matriz protectora (polimérica extracelular) que ellos mismos secretan. Esta matriz actúa como un escudo, haciendo que la bacteria sea cientos o miles de veces más resistente a los antibióticos y al sistema inmunitario que las bacterias que nadan libremente.

El estudio de Mathijssen y su equipo subraya la importancia de esta colonización temprana. La presencia de bacterias en la parte inferior del tracto urinario es, a menudo, el preludio de un problema mucho mayor en zonas más altas y delicadas, como los riñones, lo que puede llevar a una pielonefritis, una condición grave.

En el contexto hospitalario, la habilidad de la E. coli para nadar contra corriente es la razón principal por la que las Infecciones del Tracto Urinario Asociadas a Catéteres (ITUACs) son tan comunes. Los catéteres proporcionan una vía física directa. Las bacterias, utilizando el catéter como un conducto y remontando el flujo de orina drenado, pueden colonizar la vejiga rápidamente.

Comprender que el flujo más fuerte realmente acelera la migración upstream de las bacterias sugiere que las estrategias de prevención deben ir más allá de la mera higiene. Podrían centrarse en diseños de dispositivos que minimicen el efecto de reotaxis o que introduzcan perturbaciones geométricas (como las esquinas afiladas observadas en el estudio) para desorientar y frenar a estos nadadores microscópicos.

Biomimética: La E. coli como Modelo para la Nanotecnología Médica

Más allá de la prevención de infecciones, el conocimiento preciso de cómo las bacterias navegan por entornos complejos y con flujo dinámico abre un campo de aplicación increíblemente prometedor: la nanomedicina y la robótica biomimética.

La biomimética es una disciplina que busca imitar los modelos, sistemas y elementos de la naturaleza para resolver problemas humanos complejos. En este caso, la E. coli se convierte en el "ingeniero" perfecto para diseñar microrobots que puedan desplazarse de manera autónoma dentro del cuerpo.

Los microrobots farmacéuticos son una visión futurista que se está volviendo realidad. La idea es crear máquinas submilimétricas capaces de inyectarse en el torrente sanguíneo o en otros fluidos corporales para navegar hasta un tumor, un coágulo o una zona inflamada, liberando el medicamento solo donde es necesario. El principal desafío técnico para estos robots es la propulsión y la orientación dentro de los canales fluidos del cuerpo, que son turbulento y están sujetos a corrientes constantes.

H3: De Bacterias a Microdispositivos Autónomos

Tradicionalmente, la propulsión de microrobots se ha basado en fuerzas externas, como campos magnéticos o ultrasonidos. Sin embargo, imitar la propulsión flagelar bacteriana o, mejor aún, imitar su estrategia de navegación contra corriente, ofrece soluciones mucho más eficientes y autónomas.

"Los mecanismos que utilizan [las bacterias] para reorientarse contra la dirección del flujo y nadar río arriba son muy similares a los de un microrobot," explica Mathijssen. La capacidad de la E. coli de utilizar las fuerzas de cizallamiento y el flujo fuerte como "guías" es un modelo de ingeniería que los científicos están aplicando. Un microrobot diseñado para imitar la reotaxis bacteriana podría, por ejemplo, utilizar el flujo sanguíneo no como un obstáculo, sino como un mapa para llegar más rápido y con mayor precisión a sitios distantes, como el tejido renal o el cerebro.

La investigación actual en este campo se centra en la síntesis de "microswimmers" (micronadadores) que responden a estímulos químicos o magnéticos, pero que también integran principios hidrodinámicos pasivos tomados de la E. coli. Estos dispositivos podrían revolucionar el tratamiento del cáncer (llevando quimioterapia directamente al tumor) o la reparación de tejidos.

"Creo que esta es un área muy emocionante en biomimética —aprender de la biología— que podría ayudarnos a crear mejores herramientas biomédicas y potencialmente nuevas terapias," concluye Mathijssen. Al estudiar la biología de invasión de uno de nuestros patógenos más comunes, no solo fortalecemos nuestras defensas, sino que también obtenemos los planos de ingeniería para la próxima generación de tecnología médica.

Ten en cuenta que este artículo tiene fines informativos y no ofrece consejo médico.

Fuentes

https://www.eurekalert.org/news-releases/1112353

https://www.nature.com/articles/s41567-024-02604-9

https://www.cell.com/trends/microbiology/fulltext/S0966-842X(14)00227-2

https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC8956973/

https://www.sciencedirect.com/science/article/pii/S016770122200236X

https://www.mdpi.com/2072-666X/13/11/1979

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