Los humanos abandonaron un sitio de caza de bisontes hace unos 1100 años: el cambio climático fue el responsable.
hace 1 mes

Los cazadores de bisontes frecuentaron el yacimiento de Bergstrom durante cientos de años. Sin embargo, hace aproximadamente 1.100 años, abandonaron la zona y dejaron atrás a todos sus bisontes. Este hecho ha permanecido como una de las grandes incógnitas de la arqueología en las Grandes Llanuras de América del Norte, planteando preguntas sobre por qué una comunidad renunciaría a un recurso tan abundante y vital para su supervivencia. Si alguna vez te has preguntado cómo los cambios ambientales pueden alterar radicalmente el curso de una cultura, el caso de Bergstrom ofrece una respuesta fascinante y reveladora.
Ahora, un nuevo estudio publicado en la revista Frontiers in Conservation Science ha resuelto el misterio del extraño abandono del lugar. Según los autores del estudio, la zona, situada en pleno centro de Montana, fue desértica cuando graves sequías secaron su suministro de agua. Esto sugiere que el cambio climático, combinado con una dinámica social y económica cambiante, provocó que los cazadores de bisontes modificaran cuándo, dónde y cómo cazaban. Este hallazgo no solo arroja luz sobre el pasado, sino que nos invita a reflexionar sobre la resiliencia humana frente a las crisis climáticas recurrentes.
Encontramos que los cazadores de bisontes dejaron de utilizar un lugar de matanza en el centro de Montana hace unos 1.100 años, afirma el paleoecólogo John Wendt, autor del estudio y profesor asistente en la Universidad Estatal de Nuevo México. Al analizar los datos, parece que los cazadores dejaron de utilizarlo porque las sequías graves y recurrentes redujeron el agua disponible para procesar a los animales en un pequeño arroyo cercano. El abandono del sitio fue una respuesta directa a los factores de estrés ambiental y a las crecientes presiones sociales y económicas de la época.
El enigma de Bergstrom: Caza y sostenibilidad en Montana
A finales del siglo XIX, la caza intensiva llevó al bisonte al borde de la extinción en Montana y otras regiones. Sin embargo, hace unos 2.000 años, la situación era muy diferente. Los cazadores de bisontes se desplazaban por todo el territorio empleando una serie de estrategias y emplazamientos para cazar manadas de forma sostenible. No eran simples depredadores, sino gestores de un ecosistema complejo que permitía la regeneración de las poblaciones animales mientras satisfacían sus propias necesidades. El yacimiento de Bergstrom fue una pieza clave en este engranaje durante siglos.
La forma en que estos cazadores tomaban sus decisiones, incluida la de abandonar el sitio de Bergstrom, seguía siendo una incógnita hasta hace poco. Lo más desconcertante era que los bisontes seguían prosperando en la zona mucho después de que la caza humana se hubiera detenido. El sitio de Bergstrom presentaba un rompecabezas porque se utilizaba de forma intermitente y se abandonó cuando los bisontes eran comunes en toda la región y la caza era intensa, explica Wendt. La lógica sugeriría que, si hay presas disponibles, los cazadores deberían permanecer allí. ¿Por qué dejarían de usar un lugar que había funcionado durante tanto tiempo?
Para resolver este misterio, los autores del estudio analizaron diversos artefactos encontrados en Bergstrom, junto con fragmentos de carbón vegetal y polen extraídos de un par de núcleos de sedimentos tomados del lugar. Al combinar estos resultados con reconstrucciones de las poblaciones de bisontes y las condiciones climáticas de los alrededores de Bergstrom, el equipo pudo determinar qué cambios contribuyeron al declive del sitio. Esta metodología multidisciplinar permitió reconstruir no solo lo que hacían los humanos, sino el entorno exacto en el que vivían.
El abandono no se debió a que el lugar dejara de ser adecuado desde el punto de vista ecológico en un sentido absoluto. Los bisontes seguían allí, la vegetación no había cambiado y no hubo un cambio sustancial en las actividades de los incendios, señala Wendt. Esto demuestra que la actividad de caza de bisontes no seguía simplemente a las poblaciones de presas, sino que estaba mediada por otros recursos críticos que a menudo pasan desapercibidos en el registro arqueológico tradicional, como el agua potable y los recursos logísticos para el procesado de la carne.
El papel crítico del agua en el procesado del bisonte
Aunque solemos pensar en la caza como el acto de abatir al animal, la realidad de los grupos ancestrales de Montana era mucho más compleja. Una vez que el bisonte caía, comenzaba un proceso intensivo de trabajo que requería grandes cantidades de agua. El agua no solo era necesaria para que los cazadores bebieran, sino que era esencial para limpiar la carne, procesar las pieles y, lo más importante, para hervir los huesos y extraer la grasa y el tuétano. Sin un suministro constante de agua en el arroyo cercano, el sitio de Bergstrom perdía su valor operativo.
Las sequías recurrentes identificadas en el estudio fueron lo suficientemente severas como para secar fuentes de agua que habían sido estables durante generaciones. Al desaparecer el agua, el coste energético de transportar la carne de bisonte a otro lugar para su procesamiento se volvió prohibitivo. Imagina por un momento el esfuerzo de mover cientos de kilos de carne y pieles sin la ayuda de tecnología moderna; si no puedes procesar el animal donde lo matas, el lugar de caza pierde su utilidad inmediata.
Además, el agua era fundamental para la cohesión del grupo. Las expediciones de caza no eran tareas solitarias, sino eventos comunitarios que implicaban a familias enteras. La falta de agua afectaba no solo a la logística de la caza, sino a la habitabilidad del campamento base. En este contexto, el abandono de Bergstrom no fue una huida desesperada, sino una decisión estratégica y adaptativa para optimizar los recursos disponibles en un entorno cada vez más hostil.
Este cambio de comportamiento subraya la sofisticación de los cazadores de las Grandes Llanuras. Eran capaces de evaluar las condiciones ambientales a largo plazo y tomar decisiones drásticas para asegurar el futuro de su comunidad. El estudio del polen y los sedimentos confirma que, aunque el paisaje seguía siendo verde y los bisontes seguían pastando, el equilibrio hídrico se había roto, forzando un cambio de paradigma en la ocupación humana del centro de Montana.
Los autores del estudio señalan que la caída de la actividad en Bergstrom coincidió con una serie de sequías severas que redujeron la utilidad del sitio para los cazadores. Al mismo tiempo, se produjo un fenómeno social fascinante: un aumento simultáneo de la demanda de alimentos y de excedentes alimentarios. Esto llevó a los cazadores a agruparse en grupos más grandes y menos móviles. Estos grupos empezaron a preferir sitios de mayor tamaño que Bergstrom, donde podían establecerse durante periodos de tiempo más prolongados.
Estas operaciones de mayor envergadura se basaban en matanzas a gran escala y podían producir excedentes para el comercio y el almacenamiento durante el invierno, explica Wendt. Sin embargo, este nuevo modelo de vida también implicaba una mayor dependencia de recursos específicos, como el agua en grandes cantidades, forraje para manadas más grandes y combustible para los fuegos de procesamiento. Bergstrom, al ser un sitio más pequeño y ahora afectado por la sequía, simplemente no podía soportar esta nueva estructura socioeconómica.
El paso de una movilidad alta en grupos pequeños a una semi-sedentarización en grupos grandes marcó un hito en la historia de las poblaciones indígenas de la región. Los sitios más grandes, a menudo situados cerca de ríos principales o fuentes de agua más resilientes, ofrecían la seguridad necesaria para mantener estos grandes excedentes. Mientras que Bergstrom quedó en el olvido, otros yacimientos cercanos experimentaron un auge en su uso, convirtiéndose en centros neurálgicos de actividad económica y social.
Este cambio también sugiere un ajuste en las redes de comercio. Al producir más excedentes de los que necesitaban para el consumo inmediato, estos grupos podían intercambiar productos de bisonte por otros bienes, como herramientas de piedra de alta calidad o productos agrícolas de regiones vecinas. El abandono de Bergstrom es, por tanto, un síntoma de una sociedad que se estaba volviendo más compleja y que estaba reorganizando su geografía para adaptarse a un mundo cambiante, tanto climática como socialmente.
La importancia de la adaptación en la historia humana
A pesar de su declive final, Bergstrom fue un lugar extremadamente importante para la supervivencia de los pueblos antiguos. El sitio fue frecuentado durante unos 700 años antes de caer en desuso. Aunque los autores del estudio no pudieron determinar la frecuencia exacta y la duración de cada ocupación individual, los restos encontrados demuestran que los cazadores utilizaron un enfoque adaptativo muy avanzado hace 1.100 años. No eran víctimas pasivas del clima, sino actores dinámicos que ajustaban sus estrategias según las circunstancias.
La historia de Bergstrom nos enseña que la adaptación humana no siempre consiste en luchar contra los elementos hasta el final, sino en saber cuándo es el momento de cambiar. Mientras que las personas se han estado adaptando al clima durante mucho tiempo, el abandono de Bergstrom muestra que las personas se reorganizaron en respuesta a sequías recurrentes en los últimos 2.000 años, comenta Wendt. Esta capacidad de reorganización social es lo que permitió a estas culturas prosperar en un entorno tan desafiante como las llanuras de Montana.
El estudio también destaca la relevancia de la paleoecología para comprender los desafíos actuales. Al observar cómo las sociedades pasadas respondieron al cambio climático, podemos obtener valiosas lecciones sobre la resiliencia y la gestión de recursos. Los investigadores utilizaron técnicas de datación por radiocarbono en los fragmentos de carbón vegetal para situar con precisión los eventos de ocupación y abandono, vinculándolos de manera inequívoca con los registros climáticos regionales de sequía.
Hoy en día, el yacimiento de Bergstrom es un testimonio silencioso de una era de grandes cambios. Los artefactos recuperados —puntas de flecha, raspadores de piel y restos óseos— cuentan la historia de una comunidad que supo leer los signos de la naturaleza. Aunque el sitio dejó de ser un centro de matanza, su legado perdura en el registro arqueológico, recordándonos que la historia de la humanidad es, en gran medida, la historia de nuestra relación con el agua y el clima.
La metodología científica: Reconstruyendo el pasado
Para llegar a estas conclusiones, el equipo de investigación no solo se limitó a excavar objetos. La verdadera clave estuvo en los núcleos de sedimentos. Estos cilindros de tierra extraídos del suelo actúan como cápsulas del tiempo, preservando capas de polen y carbón que permiten a los científicos reconstruir cómo era la vegetación y con qué frecuencia se producían incendios en el pasado. Si alguna vez os habéis preguntado cómo sabemos qué tiempo hacía hace mil años, la respuesta está en estos granos microscópicos de polen.
El análisis de los artefactos también fue exhaustivo. Cada herramienta de piedra fue registrada y analizada para entender qué actividades se realizaban en el sitio. La presencia de herramientas específicas para el raspado de pieles y el procesamiento de carne confirmó que Bergstrom no era solo un lugar de caza, sino un centro de procesamiento completo. La desaparición de estos restos en las capas superiores de sedimento coincide exactamente con los indicadores de sequía severa encontrados en los núcleos.
Este enfoque integrador es lo que hace que este estudio sea tan sólido. No se basa en una sola prueba, sino en la convergencia de datos arqueológicos, biológicos y climáticos. Al mirar el problema desde múltiples ángulos, Wendt y su equipo pudieron descartar otras teorías, como la sobrecaza o los conflictos bélicos, que a menudo se citan como causas de abandono de sitios. En Bergstrom, el culpable fue claramente el clima, actuando como un catalizador para una transformación social que ya estaba en marcha.
En última instancia, el trabajo en Bergstrom refuerza la idea de que la arqueología moderna es una ciencia de sistemas. No se trata solo de encontrar "tesoros", sino de entender los sistemas ecológicos y sociales que sostuvieron a las poblaciones humanas. Al desenterrar la historia de este pequeño rincón de Montana, los científicos nos han dado una visión más clara de cómo nuestra especie ha navegado por las crisis ambientales a lo largo de los milenios, adaptando su cultura y su economía para sobrevivir y prosperar.
Fuentes
https://www.frontiersin.org/journals/conservation-science/articles/10.3389/fcosc.2024.1432247/full
https://www.eurekalert.org/news-releases/1114210

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