Los osos polares adultos en Svalbard están ganando grasa a pesar de la reducción del hielo marino ártico.

hace 2 semanas

Los osos polares adultos en Svalbard están ganando grasa a pesar de la reducción del hielo marino ártico.

Los osos polares se han convertido, quizás más que cualquier otra criatura, en el símbolo del coste que está suponiendo el calentamiento del Ártico. A medida que el hielo marino se retira, la plataforma fundamental en la que se apoyan para cazar desaparece, y la expectativa generalizada es que estos mamíferos se vean obligados a consumir sus reservas de grasa y adelgazar progresivamente hasta comprometer su supervivencia. Sin embargo, en Svalbard, un archipiélago noruego situado en el Mar de Barents, este patrón alarmante no se ha cumplido.

Un nuevo estudio, publicado en la prestigiosa revista Scientific Reports, revela que los osos polares adultos de esta región han mejorado notablemente su condición corporal desde el año 2000, un fenómeno que ha ocurrido incluso mientras la pérdida de hielo marino se aceleraba drásticamente. Este resultado es especialmente asombroso en una de las regiones que experimenta un calentamiento más rápido en el Ártico. Algunas partes del Mar de Barents cercanas a Svalbard han registrado un calentamiento de hasta 2 grados Celsius por década desde 1980, una tasa que desafía cualquier expectativa de resiliencia biológica. A pesar de esto, un censo realizado en 2004 estimó la población de osos polares en la región en unos 2.650 ejemplares, sin signos evidentes de un declive. La pregunta de por qué estos osos parecen estar resistiendo tan bien el cambio climático se ha mantenido como un enigma crucial para los científicos y gestores de conservación.

Índice
  1. Midiendo la Salud de los Osos Polares a lo Largo del Tiempo
  2. Un Patrón Diferente Emerge en Svalbard
  3. Hipótesis: ¿Qué Podría Estar Ayudando a los Osos de Svalbard?
    1. La Recuperación de las Presas Terrestres
    2. La Concentración de Presas Marinas
  4. El Contexto Geográfico: Svalbard y el Mar de Barents
  5. Advertencias y la Necesidad de Monitoreo Continuo
  6. Fuentes

Midiendo la Salud de los Osos Polares a lo Largo del Tiempo

Para abordar y comprender mejor este fenómeno, los investigadores centraron sus esfuerzos en evaluar la condición corporal de los osos. En el contexto de los osos polares, la condición corporal es un indicador vital que refleja la cantidad de grasa que un individuo es capaz de acumular y portar. Estas reservas grasas son cruciales, ya que influyen directamente en la tasa de supervivencia y el éxito reproductivo, especialmente durante aquellos largos periodos en los que el acceso a la comida es limitado o nulo. La supervivencia de las crías y la capacidad de las hembras para gestar dependen directamente de estas reservas acumuladas durante la temporada de caza invernal y primaveral.

El equipo de investigación llevó a cabo un análisis exhaustivo de 1.188 registros de captura correspondientes a 770 osos polares adultos. Estos datos se recogieron entre 1992 y 2019 como parte de un programa de monitoreo a largo plazo en Svalbard, uno de los más extensos y detallados de su tipo en el mundo. Durante cada captura, el equipo de biólogos registraba mediciones corporales precisas que permitían estimar la masa del oso en relación con su tamaño corporal. A partir de estos datos, calcularon lo que se conoce como el Índice de Condición Corporal (ICC), que proporciona una estimación estandarizada y fiable de las reservas de grasa. Este método es fundamental porque permite comparar la salud de individuos de diferentes tamaños y edades a lo largo de décadas.

Los investigadores compararon meticulosamente los cambios observados en la condición corporal a lo largo del tiempo con las condiciones ambientales predominantes en la región del Mar de Barents. Una variable central en este análisis fue la duración anual de los días sin hielo. Este factor representa directamente el tiempo durante el cual los osos tienen un acceso significativamente reducido a su principal plataforma de caza: el hielo marino. Cuanto más largo es este periodo, mayor es la presión energética sobre el oso, obligándoles a un ayuno forzoso que consume las reservas de energía vital.

La recopilación de estos datos en el archipiélago de Svalbard es una tarea monumental que requiere equipos especializados y una profunda experiencia en la manipulación de fauna salvaje. Los biólogos, a menudo trabajando en condiciones extremas en medio del Ártico, deben anestesiar temporalmente a los osos para realizar mediciones detalladas, tomar muestras biológicas y, crucialmente, registrar las dimensiones que alimentan el cálculo del ICC. Es gracias a la persistencia de programas de monitoreo de tres décadas como este que hoy podemos vislumbrar las complejas respuestas de la fauna ártica ante el cambio climático, respuestas que a menudo desafían las predicciones más simplistas.

Un Patrón Diferente Emerge en Svalbard

A lo largo de los 27 años que duró el estudio, el Mar de Barents experimentó una pérdida de aproximadamente 100 días de hielo marino estacional, lo que equivale a sumar aproximadamente cuatro días libres de hielo cada año. En la mayoría de las otras poblaciones de osos polares que se encuentran bajo estudio, como las de la Bahía de Hudson o el sur del Mar de Beaufort, esta rápida y constante pérdida de hielo ha estado consistentemente ligada a un deterioro de su salud general. En estas regiones, los osos pierden sus terrenos de caza habituales, se ven obligados a nadar distancias mayores y consumen rápidamente sus reservas de grasa esenciales.

Pero en Svalbard, como ya hemos mencionado, este patrón esperado no se sostuvo. La condición corporal de los osos polares, de hecho, experimentó un descenso durante la década de 1990, alcanzando su punto más bajo alrededor del año 2000. Sorprendentemente, a partir de ese momento, comenzó a mejorar progresivamente tanto en machos como en hembras, incluso mientras la tendencia de retirada del hielo marino continuaba implacable y se aceleraba. Este hallazgo contradecía directamente la hipótesis de que la pérdida de hielo era el único factor determinante de la salud de la población y sugiere una capacidad de adaptación local notablemente superior.

Cuando los investigadores llevaron a cabo el análisis para ver cómo se correlacionaba la condición corporal con la pérdida de hielo y los patrones climáticos más amplios, no lograron encontrar un vínculo claro y directo, un vínculo uno a uno, entre el calentamiento y un deterioro de la salud. En lugar de ello, los datos sugirieron que la condición de los osos polares en Svalbard estaba siendo moldeada por una mezcla cambiante de diversos factores ambientales a lo largo del tiempo, y no únicamente por la reducción del hielo. Esto implica una resiliencia ecológica que va más allá de la simple disponibilidad de la plataforma helada, probablemente debido a cambios en la ecología de sus presas o en su propio comportamiento de forrajeo.

Los científicos teorizan que el Mar de Barents, al ser un ecosistema tan dinámico y fuertemente influenciado por las corrientes oceánicas, podría estar ofreciendo soluciones temporales o nichos adaptativos que otras regiones árticas carecen. La variabilidad en los patrones de hielo, por ejemplo, podría estar redistribuyendo las oportunidades de alimentación de maneras que, aunque no ideales, resultan suficientes para mantener o incluso mejorar las reservas de grasa de los adultos. Este descubrimiento obliga a repensar las estrategias de conservación y a diferenciar las dinámicas poblacionales en el vasto territorio del Ártico, ya que las soluciones de conservación deben ser específicas para cada subpoblación.

Hipótesis: ¿Qué Podría Estar Ayudando a los Osos de Svalbard?

La anomalía de Svalbard ha llevado a los investigadores a proponer varias explicaciones convincentes sobre cómo los osos están logrando contrarrestar los efectos negativos del rápido deshielo. Estas hipótesis se centran en los cambios en la disponibilidad de presas y en la eficiencia de la caza en un entorno cambiante. Es la interacción de múltiples factores, más que un solo mecanismo, lo que parece estar detrás de este éxito inesperado.

La Recuperación de las Presas Terrestres

Una posible explicación para la mejora en la condición de los osos podría residir en la recuperación de especies de presas terrestres o costeras que históricamente habían sido sobreexplotadas por los humanos. Este es el caso específico del reno (Rangunfer tarandus) y la morsa (Odobenus rosmarus) en el archipiélago de Svalbard. Tras décadas de regulaciones estrictas y esfuerzos de conservación, las poblaciones de estos animales han experimentado un robusto proceso de recuperación, ofreciendo una fuente de alimento auxiliar que era escasa en décadas anteriores.

La creciente disponibilidad de estas especies podría proporcionar fuentes de alimento complementarias y cruciales cuando los osos se ven obligados a pasar más tiempo en tierra firme debido a la ausencia de hielo marino. Si bien la base de la dieta del oso polar son las focas (especialmente las focas anilladas y barbadas), la carroña de morsas varadas o el consumo de crías o animales debilitados de reno podrían estar actuando como un 'amortiguador dietético'. Este recurso es vital, ayudando a los osos a mantener sus reservas de grasa durante las temporadas sin hielo. Esta adaptación conductual, el cambio hacia una dieta más oportunista y terrestre, es un signo de flexibilidad ecológica, aunque también plantea desafíos para la coexistencia con otras especies terrestres que no evolucionaron para enfrentarse a este gran depredador en tierra.

La Concentración de Presas Marinas

Otra poderosa explicación propuesta por los autores del estudio tiene que ver con la dinámica de las presas marinas, su alimento principal. Sugieren que la reducción del hielo marino podría estar provocando que presas cruciales como las focas se concentren en áreas más pequeñas y manejables, donde el hielo residual aún permanece o se forma de manera predecible, especialmente cerca del borde polar. Esta concentración geográfica de las focas podría incrementar significativamente la eficiencia de la caza para los osos polares.

Menos hielo no significa necesariamente menos focas de inmediato, sino una reestructuración de su distribución. Si un oso no tiene que recorrer vastas extensiones de hielo para encontrar una foca, el gasto energético de la caza disminuye, compensando potencialmente la energía gastada en el viaje. Es decir, los periodos de caza, aunque más cortos temporalmente, podrían ser más productivos en términos de captura por unidad de esfuerzo. Además, el Mar de Barents sigue siendo, en su conjunto, un ecosistema altamente productivo en términos biológicos, lo que asegura que la base de la cadena trófica (el plancton y los peces) para las focas se mantenga robusta en ciertas áreas clave, lo cual es fundamental para el éxito de los depredadores ápice.

El Contexto Geográfico: Svalbard y el Mar de Barents

Para entender por qué Svalbard es una excepción a la regla del deterioro generalizado de los osos polares, es imprescindible considerar su contexto geográfico y oceanográfico único. El archipiélago se encuentra en una ubicación anómala dentro del Ártico: está influenciado por las Corrientes Atlánticas. Estas corrientes, que traen aguas relativamente cálidas desde latitudes más bajas (la extensión norte de la Corriente del Golfo), son la razón principal por la que el Mar de Barents experimenta tasas de calentamiento tan dramáticas, a la vez que mantiene una alta productividad biológica en sus aguas en comparación con el Ártico siberiano o norteamericano.

Mientras que otras subpoblaciones de osos polares, como las del sur del Mar de Beaufort o la Bahía de Hudson, dependen de un hielo más estable y continental, la población de Svalbard es predominantemente oceánica. Sus osos se enfrentan a un entorno altamente fluctuante donde el hielo que encuentran a menudo es estacional y se forma y se rompe bajo la influencia de las masas de agua atlánticas. Se hipotetiza que esta dinámica natural de alta variabilidad puede haber forzado a los osos de la región a desarrollar patrones de comportamiento más flexibles a lo largo de su historia evolutiva, haciéndolos inherentemente más adaptables a la variabilidad que ahora se acelera con el cambio climático.

El contraste con otras subpoblaciones es un punto clave. En el oeste de la Bahía de Hudson, por ejemplo, el periodo sin hielo ha aumentado significativamente, obligando a los osos a pasar largos periodos en tierra sin cazar, lo que resulta en una caída medible en su condición corporal y en una disminución de la tasa de supervivencia de las crías. Sin embargo, en Svalbard, la capacidad de compensar esta pérdida de energía a través de presas alternativas (carroña, mamíferos terrestres) o la concentración de focas en nichos helados residuales parece haber sido la clave para mitigar los efectos negativos del calentamiento que, en teoría, deberían haber sido devastadores.

Además de la influencia oceánica, la geografía insular de Svalbard podría jugar un papel. El archipiélago ofrece refugios terrestres accesibles que no están disponibles o no son tan ricos en otras regiones. Estos refugios no solo proporcionan lugares para el descanso y la cría, sino también acceso a recursos costeros y terrestres, ofreciendo una válvula de escape temporal que retrasa el impacto directo de la pérdida de la plataforma de hielo.

Advertencias y la Necesidad de Monitoreo Continuo

A pesar de estos hallazgos positivos en Svalbard, los investigadores hacen hincapié en que esta situación de éxito adaptativo no debe generalizarse a todas las poblaciones de osos polares. La resiliencia observada en el Mar de Barents podría ser un fenómeno temporal, y la adaptación, por muy flexible que sea, tiene límites biofísicos. Los autores del estudio advierten que la continua e implacable pérdida de hielo marino podría, finalmente, anular los factores de compensación que actualmente están ayudando a los osos de Svalbard a mantenerse saludables.

Si el hielo sigue retrocediendo al ritmo actual o se acelera (como predicen muchos modelos climáticos), el impacto negativo se volverá inevitable. Las mayores distancias que los osos deberán recorrer para encontrar alimento, las demandas energéticas más altas asociadas a la natación prolongada en aguas frías y la reducción continua del acceso a los terrenos de caza óptimos pueden empujar las condiciones más allá de lo que los osos pueden soportar o compensar con presas terrestres. Es probable que haya un punto de inflexión. Si la temporada sin hielo supera una duración crítica (algunos estudios sugieren alrededor de 180 días), las reservas de grasa simplemente no serán suficientes para asegurar la reproducción y la supervivencia de los adultos.

El estudio concluye con una fuerte llamada a la acción: los resultados obtenidos en una sola región, por muy sorprendentes que sean, no deben ser extrapolados al resto de las subpoblaciones de osos polares del mundo. Se subraya la necesidad crítica de mantener y reforzar los programas de monitoreo a largo plazo como el de Svalbard a lo largo de todo el Ártico, para poder comprender las diversas y matizadas respuestas que la fauna está teniendo ante el calentamiento global. Solo a través de este monitoreo continuo se podrá determinar cuándo la adaptación local dará paso al declive generalizado. La historia de los osos polares de Svalbard es una historia de resiliencia inesperada, un recordatorio de la complejidad ecológica, pero el capítulo final de su interacción con un Ártico en calentamiento aún no está escrito, y dependerá de las futuras tendencias climáticas y oceanográficas.

Fuentes

https://www.nature.com/articles/s41598-022-19213-9
https://npolar.no/en/
https://www.iucnredlist.org/species/22823/14871490
https://www.sciencedirect.com/science/article/pii/S096007601930030X
https://www.nature.com/articles/s41558-019-0591-6
https://www.nationalgeographic.com/animals/article/polar-bears-svalbard-sea-ice-study

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