Ratas muy estresadas buscaban caladas de cannabis para relajarse

hace 2 meses

Ratas muy estresadas buscaban caladas de cannabis para relajarse

Algunos roedores son naturalmente tranquilos. Otros recurren al cannabis para sobrellevar la situación. Eso es lo que un nuevo estudio publicado en la prestigiosa revista Neuropsychopharmacology parece sugerir, después de revelar que tasas más altas de hormonas del estrés están ligadas a un mayor consumo de cannabis en ratas. Este hallazgo no solo ofrece una nueva perspectiva sobre la biología subyacente de la adicción, sino que también refuerza la idea de que la gestión del estrés juega un papel central, tanto en animales como en humanos, a la hora de predecir la propensión al uso problemático de sustancias.

“Sometimos a las ratas a una extensa batería de pruebas de comportamiento y biológicas, y lo que encontramos fue que, cuando observamos todos estos factores y todas las variables que medimos, los niveles de estrés parecen ser lo que más importa en lo que respecta al consumo de cannabis,” explicó Ryan McLaughlin, autor principal del estudio y profesor de psicología en la Universidad Estatal de Washington. Este enfoque exhaustivo, que combinó evaluaciones biológicas detalladas con la observación directa del comportamiento de autoadministración, nos permite profundizar en los marcadores de vulnerabilidad antes de que se establezca cualquier patrón de consumo, proporcionando pistas valiosas para futuras estrategias de prevención.

La paradoja del consumo de cannabis: ¿Por qué algunos y otros no?

A medida que la regulación del cannabis recreativo se relaja en muchas partes del mundo, el foco de la investigación científica se ha desplazado hacia la comprensión de los factores individuales que influyen en el consumo. Una de las grandes incógnitas que la neurociencia de la adicción busca resolver es por qué, ante una misma exposición a la droga, algunos usuarios recreativos desarrollan lo que conocemos como trastorno por consumo de cannabis (TCC), mientras que otros mantienen un consumo esporádico o controlado sin consecuencias negativas.

El trastorno por consumo de cannabis se define como un patrón de consumo problemático o adictivo que varía en gravedad, desde leve hasta grave, y se caracteriza por la incapacidad de reducir o detener el consumo a pesar de las consecuencias perjudiciales en la vida personal, laboral o social. Esta variabilidad en la respuesta individual sugiere que la adicción no es simplemente una función de la droga en sí, sino una interacción compleja entre factores genéticos, ambientales y, crucialmente, biológicos. Comprender los rasgos preexistentes que aumentan la vulnerabilidad es fundamental para identificar a aquellas personas que podrían necesitar apoyo preventivo antes de iniciar el consumo.

Esta variabilidad en la respuesta al cannabis es lo que llevó a McLaughlin y su equipo a buscar respuestas en modelos animales. Si bien los factores socioculturales son complejos en humanos, simplificar el entorno y centrarse en la biología intrínseca del individuo permite aislar biomarcadores clave. La pregunta central era: ¿Qué rasgos conductuales y biológicos hacen que un individuo sea más propenso a buscar y autoadministrarse la droga repetidamente? Al recopilar perfiles biológicos y conductuales extensos de los sujetos de estudio, los investigadores estaban buscando la ‘firma’ biológica de la vulnerabilidad.

El Modelo Animal: Desentrañando la Adicción en Roedores

Para investigar estos rasgos, los investigadores recurrieron a un modelo animal robusto y bien establecido en la investigación de adicciones: las ratas. Estos animales comparten con los humanos vías neurobiológicas cruciales, incluyendo el sistema de recompensa dopaminérgico y el eje hipotalámico-pituitario-adrenal (HPA), que regula la respuesta al estrés.

El estudio se centró en 48 ratas individuales, a las que se les evaluó una amplia gama de características biológicas y de comportamiento, incluyendo sus niveles basales de estrés y de hormonas relacionadas con el estrés. Una vez que se compilaron estos perfiles detallados, el equipo implementó un sistema de autoadministración de cannabis. A las ratas se les ofreció la oportunidad diaria de consumir la droga, permitiéndoles introducir sus narices en un puerto de vapor hermético para obtener caladas de tres segundos de vapor de cannabis. Este método es crucial en la investigación de adicciones porque requiere que el animal elija activamente consumir la sustancia, reflejando un comportamiento de búsqueda y recompensa.

Durante un periodo de tres semanas, los investigadores observaron cómo las ratas se autoadministraban estas caladas. Los resultados fueron reveladores y proporcionaron una imagen clara: los roedores que mostraban niveles más altos de hormonas del estrés de forma crónica fueron significativamente más propensos a elegir consumir cannabis, introduciendo la nariz en el puerto de manera mucho más regular.

“Si quieres reducirlo a lo esencial, existen niveles basales de hormonas del estrés que pueden predecir las tasas de autoadministración de cannabis, y creo que esto tiene sentido si consideramos que la razón más común por la que las personas consumen cannabis habitualmente es para lidiar con el estrés,” afirmó McLaughlin. El uso de sustancias como estrategia de afrontamiento se establece muy pronto, incluso antes de que el individuo se vuelva adicto, y este estudio demuestra que la predisposición biológica para el uso como auto-medicación está marcada por una firma hormonal específica.

La Conexión Hormonal: Corticosterona y Cortisol Basales

La principal contribución biológica del estudio radica en la distinción entre diferentes tipos de estrés hormonal. Tanto los humanos como las ratas poseen un nivel basal de hormonas del estrés en sus cuerpos. En humanos, esta hormona es el cortisol; en ratas, es la corticosterona. Estos niveles basales varían de un individuo a otro.

El hallazgo más significativo fue que los niveles que predijeron el consumo de cannabis fueron los niveles basales de corticosterona. Es decir, no fueron los picos hormonales causados por el estrés agudo (como los que ocurren tras el ejercicio intenso, el agotamiento cognitivo o la exposición puntual a un factor estresante) los que influyeron fuertemente en su deseo de consumir, sino el nivel crónico y persistente de la hormona presente en el organismo antes de cualquier evento estresante.

Esta diferenciación es crucial para comprender la vulnerabilidad a la adicción. Un nivel basal crónicamente elevado de corticosterona (o cortisol en humanos) no es simplemente una señal de que el cuerpo ha pasado por un evento estresante, sino que el sistema de respuesta al estrés (el eje HPA) puede estar desregulado o que el individuo está experimentando una carga de estrés sostenida que ha alterado su equilibrio interno. En esencia, las ratas que ya estaban biológicamente "estresadas" o predispuestas a una mala regulación del estrés fueron las que mostraron una mayor motivación para buscar el efecto ansiolítico y paliativo del cannabis.

La carga alostática: un estado de vulnerabilidad

Podemos entender este fenómeno a través del concepto de carga alostática. La alostasis es el proceso por el cual el cuerpo mantiene la estabilidad (homeostasis) a través del cambio. Sin embargo, la exposición repetida o crónica a factores estresantes, o una desregulación intrínseca del sistema, conduce a una "carga alostática" elevada. Esta carga representa el desgaste acumulado que sufren los sistemas fisiológicos, incluido el eje HPA.

Los individuos (humanos o animales) con una alta carga alostática, marcada por niveles basales elevados de cortisol/corticosterona, viven en un estado de vulnerabilidad neurobiológica. Su sistema está perpetuamente en alerta máxima o, por el contrario, agotado y desregulado. El consumo de cannabis, que es conocido por sus efectos reductores de la ansiedad y moduladores del estado de ánimo, puede funcionar como un mecanismo extraordinariamente potente para reducir momentáneamente esa carga alostática percibida. En este contexto, el uso de la droga pasa de ser un placer recreativo a una necesidad funcional para restablecer un equilibrio interno que el cuerpo no puede mantener por sí mismo. Esta es la base de la auto-medicación adictiva.

Endocannabinoides y Flexibilidad Cognitiva: Los otros factores de riesgo

El estudio de McLaughlin y su equipo no solo se limitó a las hormonas del estrés. También se examinaron otros biomarcadores cruciales que contribuyeron a la decisión de la rata de autoadministrarse la droga. Dos factores adicionales demostraron ser significativos predictores del consumo: los niveles de endocannabinoides y la flexibilidad cognitiva.

El sistema endocannabinoide (SEC) es un sistema de comunicación celular vital en el cuerpo, responsable de mantener la homeostasis (equilibrio interno), regulando funciones como el estado de ánimo, el metabolismo, el sueño y la respuesta al dolor. Los endocannabinoides son compuestos que nuestro propio cuerpo produce y que actúan de manera similar a los cannabinoides que se encuentran en la planta de cannabis (fitocannabinoides).

Los investigadores descubrieron que las ratas con niveles naturalmente bajos de endocannabinoides mostraron una mayor motivación para buscar el vapor de cannabis. Esto sugiere que estos animales ya podrían estar experimentando un déficit en su capacidad natural para manejar el estrés, el dolor o la ansiedad, lo que hace que la administración externa de cannabinoides sea particularmente atractiva y efectiva para restaurar su equilibrio interno. Si el sistema interno de 'calma' está funcionando deficientemente, es lógico que el individuo recurra a una fuente externa potente.

Además de los factores biológicos, la evaluación de la cognición también resultó relevante. Aquellas ratas que mostraron niveles más bajos de flexibilidad cognitiva —es decir, una menor capacidad para cambiar de estrategias o adaptarse a nuevas reglas— manifestaron una motivación más alta para buscar caladas de cannabis. La flexibilidad cognitiva es un componente clave de las funciones ejecutivas del cerebro. Cuando esta función está comprometida, los individuos tienden a volverse más rígidos en sus respuestas de comportamiento.

En el contexto de la adicción, la falta de flexibilidad cognitiva puede significar que, una vez que el individuo ha descubierto que el cannabis es un mecanismo eficaz para reducir el estrés (o la incomodidad de la baja función endocannabinoide), le resulta extremadamente difícil encontrar o adoptar estrategias de afrontamiento alternativas y saludables. El consumo se convierte en la única respuesta viable, reforzando el patrón adictivo incluso cuando empieza a ser perjudicial. Esta rigidez conductual es una característica común observada en diversos trastornos por uso de sustancias.

Implicaciones Prácticas y Estrategias de Prevención

Los resultados del estudio de Neuropsychopharmacology trascienden el laboratorio de ratas; tienen profundas implicaciones para la comprensión de los predictores de consumo y uso indebido en humanos. A medida que el estatus legal del cannabis continúa evolucionando, se vuelve imperativo desarrollar herramientas de detección y prevención más sofisticadas.

El hallazgo de que el nivel basal de cortisol (el equivalente humano de la corticosterona) puede ser un marcador predictivo ofrece una vía tangible para la prevención. Una prueba de cortisol, que a menudo se realiza de manera no invasiva a través de muestras de saliva, podría integrarse en evaluaciones de riesgo para identificar a individuos con una propensión elevada a desarrollar patrones de uso problemático.

“Nuestros hallazgos resaltan potenciales marcadores tempranos o pre-uso que algún día podrían apoyar estrategias de detección y prevención,” concluyó McLaughlin. “Ciertamente, podría vislumbrar un escenario donde tener una evaluación del cortisol basal proporcione cierto nivel de información sobre si existe una mayor propensión a desarrollar patrones problemáticos de consumo de drogas más adelante en la vida.”

Si los profesionales de la salud mental pudieran identificar a jóvenes o adultos que presentan altos niveles de cortisol basal junto con evidencia de baja flexibilidad cognitiva, podrían implementar intervenciones preventivas dirigidas al fortalecimiento de las habilidades de afrontamiento del estrés antes de que ocurra la exposición a la droga. Estas intervenciones podrían incluir terapia cognitivo-conductual centrada en la flexibilidad, entrenamiento en técnicas de relajación y meditación, o manejo del estilo de vida para reducir la carga alostática crónica.

Además, los hallazgos sobre el sistema endocannabinoide sugieren nuevas dianas terapéuticas. Para aquellos individuos con un SEC deficiente, las estrategias de prevención podrían enfocarse en formas naturales de mejorar la función de este sistema, como la dieta, el ejercicio específico o suplementos naturales, reduciendo así la necesidad biológica de recurrir a los cannabinoides externos como mecanismo de auto-regulación. Al fin y al cabo, comprender que la adicción a menudo comienza como un intento de auto-medicación biológica es el primer paso para diseñar estrategias de prevención verdaderamente efectivas y compasivas.

Fuentes

https://www.eurekalert.org/news-releases/1109427

https://www.nature.com/articles/s41386-024-01859-0

https://www.nimh.nih.gov/health/topics/stress

https://www.drugabuse.gov/publications/drugfacts/cannabis-marijuana

https://www.apa.org/topics/stress/alostasis

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