Restos humanos de 5500 años extienden en 3000 años el origen de las bacterias causantes de la sífilis
hace 3 semanas

La sífilis a menudo se ha enmarcado como una enfermedad relativamente moderna, vinculada a las densas ciudades, el comercio global y las convulsiones del contacto europeo. Sin embargo, una nueva evidencia genética extraída de restos humanos ancestrales en Colombia sugiere que esta narrativa está incompleta. Si alguna vez pensaste que esta infección era una consecuencia inevitable de la civilización y el hacinamiento, estás a punto de descubrir que su historia es mucho más profunda y compleja.
Investigadores han logrado reconstruir el genoma de Treponema pallidum, la bacteria responsable hoy en día de la sífilis y varias enfermedades relacionadas, a partir de un esqueleto de 5.500 años de antigüedad enterrado en la Sabana de Bogotá. Publicado en la prestigiosa revista Science, este hallazgo retrasa el registro genético confirmado de este patógeno más de 3.000 años y sitúa su presencia en las Américas mucho antes de que existiera la urbanización o la llegada de los europeos.
Esta revelación no solo revoluciona la cronología de las enfermedades treponémicas, sino que también pone en entredicho las arraigadas suposiciones sobre cómo evolucionan y se propagan las enfermedades infecciosas. Imaginaos: una bacteria capaz de causar una enfermedad grave ya estaba circulando entre cazadores-recolectores mucho antes de que se construyeran las pirámides de Egipto.
“Nuestros resultados retrasan la asociación de T. pallidum con los humanos miles de años, posiblemente hasta hace más de 10.000 años, en el Pleistoceno Tardío”, comentó el investigador Davide Bozzi en un comunicado de prensa. Esto significa que, en lugar de ser una plaga moderna o una enfermedad importada, la familia de patógenos a la que pertenece la sífilis ha coevolucionado con los humanos desde que éramos pequeños grupos móviles.
Desentrañando el Genoma de 5.500 Años en la Sabana de Bogotá
El genoma ancestral provino de un esqueleto humano excavado en un abrigo rocoso cerca de la actual Bogotá, un sitio arqueológico clave para entender la transición cultural en los Andes septentrionales. El individuo vivió hace aproximadamente 5.500 años, una época en la que las poblaciones de la región se movían frecuentemente, subsistiendo de la caza y la recolección, aunque ya mostraban ciertos patrones de sedentarización incipiente. Lo notable de estos restos es que no presentaban signos claros de enfermedad ósea.
La ausencia de lesiones visibles es crucial. Las infecciones causadas por T. pallidum solo en ocasiones dejan marcas detectables en los huesos, y la mayoría de los genomas ancestrales recuperados previamente de patógenos han procedido de dientes o de elementos esqueléticos que sí mostraban daños visibles y obvios. En este caso, los investigadores analizaron una tibia, o hueso de la espinilla, un elemento esquelético que raramente se ha analizado en estudios de patógenos ancestrales. Esta elección metodológica, a priori inesperada, resultó ser un éxito rotundo, abriendo nuevas vías para la paleogenética.
El patógeno fue detectado durante la secuenciación de ADN, un proceso que originalmente estaba diseñado para reconstruir la historia de la población humana local. Debido a que el conjunto de datos de la secuenciación era inusualmente grande y de alta calidad, los rastros de T. pallidum se hicieron visibles sin necesidad de un cribado dirigido específicamente al patógeno. Esto tiene una implicación monumental para la investigación futura, sugiriendo que el ADN de patógenos antiguos puede ser detectable incluso en restos que no muestran signos externos de enfermedad, lo que nos obliga a reexaminar colecciones esqueléticas que anteriormente se consideraban "limpias" de infección.
Este descubrimiento fortuito y la posterior confirmación del genoma demuestran la robustez del ADN antiguo en el ambiente andino, que históricamente no se ha considerado tan ideal para la conservación de material genético como los climas fríos o áridos.
Una Historia Milenaria: Poniendo a Prueba el Origen de la Sífilis
Este hallazgo en Colombia no solo empuja la cronología de la presencia del patógeno miles de años hacia atrás, sino que también impacta directamente en uno de los debates más largos y acalorados de la historia de la medicina: la “Hipótesis Colombina” sobre el origen de la sífilis venérea.
Durante siglos, la teoría predominante, conocida como la Hipótesis Colombina, postulaba que la sífilis se había originado en las Américas y fue traída a Europa por los marineros de Cristóbal Colón a finales del siglo XV, coincidiendo con la primera gran epidemia europea de sífilis en 1495. Esta teoría se basaba en la ausencia de menciones claras de la enfermedad en los textos clásicos europeos precolombinos y en su explosiva aparición posterior. No obstante, la evidencia genética encontrada en Bogotá desafía esta visión simplista, demostrando que la familia de patógenos T. pallidum ya estaba diversificándose en el continente americano miles de años antes del contacto con Europa.
El contexto de la Sabana de Bogotá de hace 5.500 años, con sus grupos de cazadores-recolectores móviles, contrasta fuertemente con la idea de que la sífilis solo podía surgir y prosperar en entornos urbanos y densos. Esto sugiere que las treponematosis tienen un ciclo de vida mucho más antiguo y adaptado a las dinámicas sociales de baja densidad de lo que se había asumido. La enfermedad probablemente se transmitía a través del contacto social cercano o cutáneo, una realidad común en grupos nómadas que comparten refugio y recursos.
El Árbol Genealógico Desconocido: Una Rama Fantasma de Treponema pallidum
Las comparaciones realizadas por los investigadores entre el genoma colombiano ancestral y los genomas modernos revelaron algo extraordinario: la cepa antigua no pertenece a ninguna subespecie conocida de T. pallidum. Esto es particularmente interesante si consideramos que, hoy en día, formas casi idénticas de la bacteria causan enfermedades distintas, conocidas colectivamente como treponematosis: la sífilis venérea (T. p. pallidum), la frambesia (T. p. pertenue), el bejel o sífilis endémica (T. p. endemicum), y la pinta (T. p. carateum), aunque esta última sigue estando genéticamente menos caracterizada.
El análisis filogenético situó el genoma ancestral en una rama previamente desconocida del árbol genealógico de T. pallidum. Este linaje parece haberse separado de otras cepas hace aproximadamente 13.700 años, un lapso temporal que se alinea con la migración y el poblamiento inicial de las Américas, mucho antes de la aparición de las subespecies modernas, que divergieron hace unos 6.000 años. En esencia, los investigadores descubrieron una rama "fantasma" que representa la diversidad temprana de la bacteria.
Una de las hipótesis planteadas es que este linaje extinto podría ser un precursor directo de la pinta. “Una posibilidad es que descubrimos una forma ancestral del patógeno que causa la pinta, de la que sabemos poco, pero que se sabe que es endémica de Centro y Sudamérica y causa síntomas localizados en la piel”, explicó la coautora Anna-Sapfo Malaspinas. La pinta es la forma de treponematosis más benigna, caracterizada por lesiones cutáneas que rara vez afectan el hueso, lo que encajaría con la ausencia de patología ósea en el esqueleto de Bogotá.
A pesar de su antigüedad y de estar en una rama primitiva del árbol, el genoma colombiano contenía genes asociados con la virulencia en el T. pallidum moderno. Esto indica claramente que la bacteria ya había evolucionado la capacidad de causar enfermedad mucho antes de que existieran grandes poblaciones sedentarias o centros urbanos. La capacidad de infectar y provocar síntomas serios no fue una adquisición tardía, sino una característica temprana de este grupo de patógenos.
Como señaló la coautora Elizabeth Nelson, "La evidencia genómica actual, junto con nuestro genoma presentado aquí, no resuelve el debate de larga data sobre dónde se originaron los síndromes de la enfermedad en sí, pero sí demuestra que existe una larga historia evolutiva de los patógenos treponémicos que ya se estaban diversificando en las Américas miles de años antes de lo que se sabía”.
Las Cuatro Caras del Patógeno: Sífilis, Frambesia, Bejel y Pinta
Para comprender la magnitud de este hallazgo, es fundamental entender la compleja familia de enfermedades conocidas como treponematosis. Todas son causadas por diferentes subespecies de la bacteria Treponema pallidum, que son morfológica y genéticamente casi idénticas, pero difieren crucialmente en su modo de transmisión, la gravedad de los síntomas y su distribución geográfica. Los científicos se refieren a ellas como un "complejo de patógenos" con una historia evolutiva compartida y profunda.
La sífilis venérea (T. p. pallidum), la forma más conocida, es típicamente de transmisión sexual y evoluciona en etapas, afectando finalmente a sistemas orgánicos vitales si no se trata, pudiendo dejar marcas óseas devastadoras en la fase tardía. Es la forma que se propagó globalmente tras la era de los descubrimientos.
Por otro lado, encontramos la frambesia (T. p. pertenue), que es prevalente en regiones tropicales y húmedas de África, Asia y Sudamérica. Se transmite principalmente por contacto cutáneo no sexual y generalmente comienza en la infancia. Sus síntomas son lesiones cutáneas y óseas, pero tiende a ser menos sistémica y rara vez es mortal. La frambesia se considera una de las enfermedades más antiguas de este complejo, y su existencia en las Américas podría estar relacionada con el linaje ancestral encontrado en Colombia.
El bejel (T. p. endemicum), o sífilis endémica, es común en regiones áridas y cálidas, históricamente en el Medio Oriente y el Norte de África. Se transmite de manera no sexual, a menudo por el uso compartido de utensilios para comer o por contacto oral, afectando principalmente a niños. Al igual que la frambesia, sus lesiones iniciales son cutáneas, pero puede causar daños óseos y mucosos graves en etapas tardías, aunque su propagación está ligada a la higiene y la densidad de población, en contraste con los grupos pequeños de la Sabana de Bogotá.
Finalmente, la pinta (T. p. carateum), que es el candidato más probable para el antiguo genoma colombiano, es casi exclusivamente endémica de América Central y del Sur. Esta es la más benigna del grupo; se transmite por contacto cutáneo y sus síntomas se limitan casi por completo a la piel, causando parches de despigmentación y dejando muy pocas o ninguna marca en el esqueleto. Su limitada virulencia ósea hace que la pinta sea extremadamente difícil de rastrear en el registro arqueológico, y la secuenciación de este antiguo genoma podría ser la primera evidencia directa de su presencia profunda en el tiempo.
El descubrimiento de un linaje tan antiguo en Colombia, que divergió hace más de 13.000 años, no solo sugiere que las treponematosis estaban presentes en el continente desde el Paleolítico, sino que nos obliga a repensar si las distintas subespecies modernas evolucionaron independientemente en diferentes continentes o si el ancestro común se diversificó en las Américas para luego, quizás, migrar al Viejo Mundo en múltiples ocasiones o formas.
Más Allá de la Patología: Implicaciones para la Salud Pública y el Estigma
Los hallazgos genéticos tienen un impacto que va mucho más allá de la mera cronología. Complican las suposiciones de larga data de que enfermedades como la sífilis, y por extensión muchas otras infecciosas, surgieron solo después de que la agricultura, el hacinamiento poblacional o el comercio global crearan las condiciones favorables para su transmisión explosiva.
En cambio, el genoma ancestral sugiere que T. pallidum circuló entre grupos humanos pequeños y móviles, moldeados por un contacto social cercano y una alta movilidad. Esto nos recuerda que los patógenos no esperan a las megaciudades para evolucionar; son una parte intrínseca de la ecología humana desde el principio. Es la intensidad de la transmisión —no la mera existencia del patógeno— lo que se disparó con la urbanización.
Esta nueva perspectiva tiene profundas implicaciones para la salud pública. La sífilis, históricamente, ha conllevado una carga social y moral inmensa, siendo asociada con el vicio, la promiscuidad y la decadencia urbana. Esta estigmatización ha obstaculizado los esfuerzos de salud pública durante siglos.
Reforzar la idea de que la sífilis y otras enfermedades infecciosas son, en primer lugar, productos de condiciones evolutivas, ecológicas y biosociales localizadas y muy específicas, antes de ser amplificadas por la globalización, puede ser un paso fundamental para reducir el estigma y mejorar la salud pública. Así lo argumentan las coautoras Molly Zuckerman y Lydia Ball: “Replantear la sífilis como producto de condiciones evolutivas, ecológicas y biosociales localizadas y altamente específicas, además de la globalización, puede representar pasos críticos hacia la reducción del estigma y la mejora de la salud pública”.
Comprender la larga historia de coevolución entre humanos y T. pallidum ayuda a normalizar la enfermedad en el contexto de la biología humana. La sífilis no es un "castigo moderno", sino una interacción bacteriana que ha existido durante milenios. Este cambio de marco es vital en la era moderna, donde el resurgimiento de las tasas de sífilis en todo el mundo subraya la necesidad de un enfoque de salud pública desprovisto de juicios morales.
Además, el método utilizado en este estudio —el descubrimiento de ADN patógeno incidentalmente en huesos sin lesiones— abre la puerta a una reevaluación masiva de la paleopatología. Si podemos rastrear enfermedades sin depender de la evidencia destructiva ósea, el panorama de cuándo y dónde surgieron otras plagas humanas (como el tifus, la tuberculosis o la lepra) podría cambiar drásticamente. Solo imaginaos la cantidad de historias de enfermedades que esperan ser descubiertas en los restos esqueléticos que habéis considerado previamente no informativos. El genoma de Bogotá es, por tanto, una llamada a la acción para la comunidad científica, instándonos a buscar más profundamente en el ADN de los huesos antiguos.
Fuentes
https://www.eurekalert.org/news-releases/1112755
https://www.science.org/doi/10.1126/science.adl0864
https://www.who.int/news-room/fact-sheets/detail/yaws (Organización Mundial de la Salud sobre Frambesia y Treponematosis)
https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC6488319/ (Estudio sobre la Genética de Treponema pallidum y sus subespecies)
https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC4231572/ (Revisión histórica sobre la Hipótesis Colombina y las Treponematosis)

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