Zelia Nuttall ayudó a descifrar manuscritos mesoamericanos —incluido el Calendario Azteca.

hace 2 semanas

Zelia Nuttall ayudó a descifrar manuscritos mesoamericanos —incluido el Calendario Azteca.

Cuando hay voluntad, siempre hay un camino. Para Zelia Nuttall, la falta de una educación universitaria formal y de una cátedra académica no iban a ser obstáculos que se interpusieran en la consecución de sus objetivos. Como madre soltera a finales del siglo XIX, Nuttall trabajó incansablemente para financiar sus propias investigaciones antropológicas y arqueológicas, logrando identificar artefactos y descifrar códigos dejados por las civilizaciones mesoamericanas que habían desconcertado a los expertos durante décadas.

Nuttall, una académica estadounidense-mexicana, puede que no sea recordada de forma masiva por el gran público actual, pero para la comunidad científica sus contribuciones fueron sencillamente legendarias. Su capacidad para combinar la tenacidad en el campo con una agudeza intelectual sin precedentes en los archivos históricos la convirtió en una figura clave para entender el pasado prehispánico de México. A través de su mirada, el mundo comenzó a ver a los antiguos aztecas y mayas no como sociedades primitivas, sino como civilizaciones de una sofisticación astronómica y social asombrosa.

Si te apasiona la historia de la ciencia, descubrirás que la trayectoria de Nuttall es un testimonio de resistencia. En una época donde las mujeres estaban relegadas a roles secundarios en la investigación, ella se posicionó en la vanguardia, utilizando sus habilidades lingüísticas y su intuición para devolver la voz a los antiguos habitantes de México. Sus descubrimientos no solo llenaron museos, sino que cambiaron para siempre nuestra interpretación de la iconografía mesoamericana.

Índice
  1. ¿Quién fue Zelia Nuttall?
  2. Los descubrimientos en las bibliotecas de Europa
  3. El desciframiento del Calendario Azteca
  4. El legado en México y la Casa de Alvarado
  5. La importancia de recuperar a las mujeres de la ciencia
  6. Fuentes

¿Quién fue Zelia Nuttall?

Zelia Maria Magdalena Nuttall nació en California en 1857, en el seno de una familia que unía dos mundos: su madre era mexicana y su padre un médico de origen irlandés. Debido a los problemas de salud de su padre, la familia se trasladó a Europa en 1865, donde permanecieron durante los siguientes once años. Este periodo formativo fue crucial para lo que más tarde sería su carrera científica. Aunque ya dominaba el inglés y el español desde la infancia, su estancia en el viejo continente le permitió alcanzar una fluidez absoluta en francés, alemán e italiano, herramientas que le abrirían las puertas de los archivos más exclusivos del mundo.

Tras el regreso de su familia a los Estados Unidos, Zelia contrajo matrimonio en 1880 con un antropólogo aficionado francés. Juntos tuvieron una hija en 1882, pero la relación no prosperó y se separaron apenas dos años después, en 1884. A pesar de que el matrimonio fue breve y complicado, tuvo una consecuencia inesperada y positiva: su exmarido fue quien la introdujo formalmente en el estudio de las culturas mesoamericanas. En aquel entonces, la antropología y la arqueología eran disciplinas en plena formación que requerían grandes sumas de dinero para viajes y excavaciones, lo que permitía que aficionados con recursos económicos pudieran participar activamente sin necesidad de estar afiliados a una universidad.

Como podéis imaginar, el campo de la arqueología en el siglo XIX estaba fuertemente masculinizado. Sin embargo, mujeres como Nuttall lograron forjarse carreras sólidas porque el terreno estaba poblado por figuras autodidactas que servían como aprendices de los primeros pioneros del área. Para muchas mujeres de su época, las oportunidades solían limitarse a labores de conservación o curaduría de artefactos en museos. Pero Nuttall no se conformó con eso; su dominio de los idiomas y su capacidad analítica le permitieron enfrentarse directamente a la iconografía mesoamericana, logrando descifrar códigos que habían permanecido ocultos durante siglos.

A lo largo de su vida, Nuttall demostró que la erudición no siempre depende de un título colgado en la pared, sino de la disciplina y el rigor con el que se trata la evidencia. Su posición social le permitió financiar sus propios proyectos, pero fue su talento natural para la investigación lo que le valió el respeto de las instituciones más prestigiosas, como el Museo Peabody de la Universidad de Harvard. Zelia no solo estudió la historia, sino que se convirtió en una parte integral de ella al rescatar del olvido documentos que hoy son fundamentales para la identidad cultural de México.

Los descubrimientos en las bibliotecas de Europa

Curiosamente, los hallazgos más trascendentales de Zelia Nuttall no ocurrieron en medio de una selva o bajo el sol de un yacimiento arqueológico, sino en el silencio de las bibliotecas y archivos europeos. Tras la conquista española de América, una cantidad ingente de artefactos aztecas y códices prehispánicos fueron destruidos o enviados a Europa como regalos de gran valor o curiosidades exóticas. Muchos de estos tesoros terminaron olvidados en colecciones privadas o estanterías de bibliotecas reales, perdiendo su contexto original y, con el tiempo, su significado.

Nuttall poseía un conocimiento del registro escrito del pasado como nadie en su época. Tenía una habilidad casi sobrenatural para rebuscar en archivos y museos con un ojo excepcionalmente agudo para el descubrimiento. En lugar de limitarse a observar los objetos, ponía una energía enorme en conectar hechos e ideas, reconstruyendo el rompecabezas de la historia mesoamericana a partir de fragmentos dispersos por todo el mundo. Su metodología era rigurosa: no solo miraba el objeto, sino que intentaba comprender la mentalidad de quien lo había creado.

Para llevar a cabo esta tarea, Nuttall se propuso aprender náhuatl, la lengua de los aztecas. Esto le permitió analizar pictografías que se habían perdido en las colecciones europeas con una profundidad que otros investigadores simplemente no podían alcanzar. En 1886, publicó su primer artículo académico de gran relevancia, titulado Terra Cotta heads of Teotihuacan (Cabezas de terracota de Teotihuacán). En este trabajo, utilizó sus habilidades de decodificación para explicar que estas cabezas eran parte de prácticas funerarias específicas, rebatiendo la creencia común de los académicos de la época, quienes asumían erróneamente que las figuras representaban diferentes razas humanas presentes en la región.

Zelia Nuttall fue una visionaria que no cayó en la obsesión de su generación por las jerarquías de civilizaciones. Mientras muchos de sus contemporáneos buscaban pruebas de que las culturas indígenas eran inferiores a las europeas, ella se centró sistemáticamente en las contribuciones y logros técnicos de las culturas mesoamericanas. Creía firmemente que estas sociedades demostraban algo especial y honorable en la historia de la humanidad, y dedicó su vida a demostrar que su complejidad intelectual estaba a la par de cualquier otra gran civilización del mundo antiguo.

El desciframiento del Calendario Azteca

Uno de los hitos más impresionantes de la carrera de Nuttall fue su trabajo con la Piedra del Sol, comúnmente conocida como el Calendario Azteca. Esta pieza monumental fue probablemente enterrada en el siglo XVI para protegerla de la destrucción por parte de los españoles tras la caída de Tenochtitlán. Aunque fue desenterrada en 1790 en la Ciudad de México, los estudiosos se sintieron confundidos por su compleja simbología durante más de un siglo. No fue hasta que Nuttall aplicó sus habilidades analíticas que se pudo desvelar el verdadero funcionamiento mecánico y ritual de esta piedra.

A través de sus investigaciones, Nuttall determinó que los aztecas utilizaban en realidad dos calendarios que funcionaban de manera simultánea y coordinada. El primero era un calendario ritual de 260 días, utilizado para fines adivinatorios y ceremoniales. El segundo era un calendario solar de 360 días que organizaba los solsticios, equinoccios y las estaciones del año. Para mantener la precisión astronómica respecto al año trópico, los aztecas añadían cinco días adicionales (llamados Nemontemi) al final de cada año solar.

Lo que hizo que el trabajo de Nuttall fuera revolucionario fue su explicación de cómo ambos calendarios se entrelazaban. Descubrió que cada 52 años, ambos ciclos coincidían exactamente en su punto de inicio, un evento que los aztecas celebraban con la ceremonia del Fuego Nuevo. Al demostrar esta sincronía, Nuttall reveló ante la comunidad científica internacional que los aztecas no eran solo guerreros feroces, sino una sociedad altamente sofisticada con un conocimiento avanzado de la astronomía y las matemáticas que rivalizaba con los conocimientos europeos de la misma época.

Los académicos de todo el mundo se beneficiaron enormemente de las publicaciones de Nuttall, incluyendo sus detallados estudios sobre la iconografía azteca presentes en diversos libros de códigos que ella misma ayudó a recuperar. Uno de los documentos más famosos que rescató es el que hoy conocemos como Códice Nuttall (o Códice Zouche-Nuttall), un manuscrito pictórico mixteca que ella identificó en una colección privada en Inglaterra y cuya importancia para la historia de Oaxaca es incalculable. Su labor no solo fue de descubrimiento, sino de traducción cultural, permitiendo que el mundo moderno entendiera la profundidad filosófica de Mesoamérica.

El legado en México y la Casa de Alvarado

Zelia Nuttall no solo fue una investigadora de escritorio; su vida estuvo profundamente ligada al territorio mexicano. En 1902, se estableció permanentemente en la Ciudad de México, adquiriendo la famosa Casa de Alvarado en Coyoacán. Esta residencia no solo fue su hogar, sino que se convirtió en un centro neurálgico para la intelectualidad de la época. Podéis imaginar las cenas y reuniones en sus jardines, donde científicos, arqueólogos y artistas de todo el mundo se daban cita para discutir los últimos hallazgos sobre el pasado de México.

Desde su base en Coyoacán, Nuttall ejerció una influencia significativa en la arqueología mexicana. Fue una figura clave en la creación de la Escuela Internacional de Arqueología y Etnología Americanas, colaborando estrechamente con figuras de la talla de Franz Boas. Su casa era una parada obligatoria para cualquier investigador serio que visitara el país. Además de su labor académica, Nuttall fue una apasionada de la botánica, investigando las plantas y técnicas agrícolas que los antiguos mexicanos habían utilizado para sustentar a sus grandes poblaciones.

Sin embargo, a pesar de su fama y prestigio en vida, la figura de Zelia Nuttall comenzó a desvanecerse tras su muerte en 1933. Una de las razones principales de este olvido fue el cambio drástico en las normas de la disciplina científica. A principios del siglo XX, la antropología y la arqueología comenzaron a profesionalizarse de forma rígida, exigiendo títulos universitarios de posgrado para validar cualquier investigación. Como las universidades de la época eran a menudo clubes cerrados que discriminaban activamente a las mujeres, muchas pioneras sin títulos formales, pero con una experiencia inmensa, fueron borradas de los anales de la historia.

Este proceso de institucionalización no solo excluyó a las mujeres por su género, sino que también tendió a suprimir la memoria de aquellos académicos que no encajaban en las nuevas direcciones teóricas o institucionales que tomaban las disciplinas. Zelia, como mujer independiente, autodidacta y de gran carácter, representaba un modelo de ciencia que la academia moderna de mediados del siglo XX intentó dejar atrás. Afortunadamente, en las últimas décadas, historiadores de la ciencia han comenzado a reivindicar su nombre, devolviéndole el lugar que le corresponde como una de las mentes más brillantes que ha estudiado el México antiguo.

La importancia de recuperar a las mujeres de la ciencia

La historia de Zelia Nuttall es un recordatorio de que el progreso científico no es solo una línea recta de descubrimientos, sino también una lucha constante contra los prejuicios sociales. Al mirar hacia atrás y estudiar su vida, podéis ver cómo su determinación fue capaz de romper barreras que parecían infranqueables. Su trabajo permitió que las generaciones posteriores tuvieran una base sólida sobre la cual seguir construyendo el conocimiento de las culturas prehispánicas, influyendo incluso en la forma en que los propios mexicanos perciben su herencia cultural.

Recuperar su figura es fundamental para entender que la arqueología mexicana no fue obra de unos pocos hombres ilustres, sino el resultado de un esfuerzo colectivo donde las mujeres desempeñaron roles críticos. Zelia Nuttall no solo descifró códigos en piedras y códices; también descifró la manera de ser una científica respetada en un mundo que no estaba diseñado para ella. Su legado sigue vivo en cada estudio sobre el calendario azteca y en cada página del códice que lleva su nombre.

En un mundo donde a menudo se valora más el título que el conocimiento real, la vida de Nuttall nos enseña que la curiosidad genuina y la dedicación rigurosa son los motores más potentes del descubrimiento. Ella nos enseñó a mirar los artefactos del pasado no como simples curiosidades, sino como documentos vivos de la inteligencia humana. Si alguna vez visitas el Museo Nacional de Antropología en la Ciudad de México y te detienes ante la Piedra del Sol, recuerda que gran parte de lo que sabes sobre ella se lo debemos a la agudeza visual y la persistencia de una mujer que se negó a aceptar un "no" por respuesta.

Fuentes

https://www.discovermagazine.com/the-sciences/zelia-nuttall-the-archaeologist-who-cracked-the-aztec-code

https://historia.nationalgeographic.com.es/a/zelia-nuttall-arqueologa-que-descifro-codices-mexicanos_16395

https://www.peabody.harvard.edu/zelia-nuttall

https://www.smithsonianmag.com/history/uncovering-the-extraordinary-life-of-zelia-nuttall-180975841/

https://elpais.com/mexico/2021-03-20/zelia-nuttall-la-investigadora-que-descubrio-los-secretos-del-mexico-antiguo.html

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