El espionaje no es solo cosa de humanos: algunos perros también pueden hacerlo
hace 1 mes

Si alguna vez has intentado mencionar casualmente la palabra "paseo" sin provocar un temblor de cola de cuerpo entero, ya sabes que tu perro es un maestro en el reconocimiento de patrones. Una nueva investigación sugiere que, para un grupo excepcional de perros, escuchar conversaciones casuales no es solo un detonante de emoción; es una forma legítima de aprender vocabulario nuevo.
El estudio, publicado en la prestigiosa revista Science, demuestra que un pequeño grupo de perros conocidos como Aprendices de Palabras Dotados (APD, o GWL por sus siglas en inglés) pueden adquirir los nombres de objetos desconocidos simplemente escuchando a sus dueños, sin que se les hable o entrene directamente. Este tipo de aprendizaje, más que estar ligado únicamente al lenguaje humano, parece basarse en habilidades sociales compartidas entre especies. En las pruebas, las capacidades de estos perros igualaron a las de los niños pequeños de entre 18 y 23 meses, quienes son conocidos por adquirir nuevas palabras prestando atención a las conversaciones de los adultos.
"Demostramos que los perros [APD] pueden extraer mucha información observando las interacciones sociales de sus dueños. Estas interacciones sociales son muy complejas. Incluyen una variedad de estímulos diferentes, por ejemplo, la forma en que los dueños entonan sus palabras, la velocidad a la que hablan y cómo dirigen su mirada entre los objetos y sus parejas", explica la científica principal, Shany Dror. Estos hallazgos revolucionan nuestra comprensión de cómo los perros procesan nuestro mundo lingüístico y social.
- La Adquisición de Nombres de Objetos es Excepcional en Canes
- La Metodología: Poner a Prueba la Capacidad de ‘Escuchar a Escondidas’
- Resultados Sorprendentes: Aprendizaje Acelerado por Observación Pasiva
- Implicaciones Cognitivas: Replanteando la Inteligencia Social Canina
- La Genética y el Entorno en el Aprendizaje de Palabras
- Perspectivas Futuras en la Ciencia Canina
- Fuentes
La Adquisición de Nombres de Objetos es Excepcional en Canes
Para la mayoría de los perros, las palabras actúan como desencadenantes de acciones: "siéntate" mueve el cuerpo, "quieto" lo detiene. Sin embargo, los nombres de objetos son considerablemente más difíciles de aprender para el perro promedio. Esto se debe a que un juguete específico no indica una acción motora clara que deba realizarse; simplemente es un sustantivo. Esta desconexión entre el sonido de la palabra y un mandato funcional es la razón por la que muy pocos perros logran asociar etiquetas a múltiples objetos.
La mayoría de los perros pueden aprender, quizás, una docena de comandos que tienen un valor funcional inmediato para ellos (por ejemplo, buscar, comer, salir). No obstante, el desafío cognitivo de recordar y diferenciar cientos de sustantivos (etiquetas para objetos) es una barrera que solo una minoría logra superar. Este es precisamente el rasgo que distingue a los perros APD: su habilidad para vincular sonidos específicos a representaciones mentales de objetos concretos, una habilidad que se asemeja mucho a cómo los humanos manejamos nuestro léxico.
Los Perros Dotados para el Aprendizaje de Palabras (APD)
Estos raros perros APD son capaces de aprender nombres de objetos a través del juego cotidiano, y no necesariamente mediante sesiones de entrenamiento intensivas y formales. Su sensibilidad a la comunicación humana, es decir, su capacidad para captar no solo lo que se dice sino cómo se dice y a qué se dirige la atención, plantea una cuestión fundamental y más profunda: ¿podrían estos perros aprender los nombres de los objetos simplemente observando y escuchando a las personas hablar entre sí?
Los perros APD, que a menudo pertenecen a razas de pastoreo con alta propensión a la atención y al trabajo (como los Border Collies), han mostrado habilidades lingüísticas extraordinarias. Los ejemplos más conocidos, como Chaser, que aprendió más de mil nombres de juguetes, han demostrado que la capacidad de procesamiento de vocabulario en perros no está limitada, aunque sí es extremadamente infrecuente. La hipótesis que maneja la comunidad científica es que estos perros poseen un grado inusual de atención social y una habilidad superior para la "atención conjunta", la capacidad de seguir la mirada y los gestos de un humano para comprender a qué objeto se refiere una palabra.
La Metodología: Poner a Prueba la Capacidad de ‘Escuchar a Escondidas’
Para determinar si los perros podían aprender palabras mediante la observación pasiva, los investigadores trabajaron con un grupo de 10 perros APD. El diseño experimental buscaba simular situaciones de la vida real, pero controlando cuidadosamente el factor entrenamiento o la instrucción directa.
A cada perro se le presentaron dos juguetes completamente desconocidos en dos condiciones de aprendizaje distintas. En la primera, los dueños interactuaban directamente con sus perros mientras nombraban los juguetes durante el juego; una configuración que reflejaba la forma en que estos perros habían aprendido nombres de objetos anteriormente. Este escenario servía como control para su método de aprendizaje conocido.
En la segunda condición, y aquí reside la innovación, los dueños hablaban sobre los juguetes con otra persona mientras los perros observaban pasivamente desde un lado, sin ser abordados ni instruidos en ningún momento. Este escenario de "escucha a escondidas" eliminaba cualquier refuerzo directo o la expectativa de que el perro debía realizar una acción. El perro era simplemente un espectador atento en una conversación que no iba dirigida a él.
A lo largo de varias sesiones, cada perro escuchó el nombre de cada juguete durante un total de ocho minutos. Lo crucial es que, durante la observación pasiva, los perros no solo oyeron la palabra, sino que también observaron una compleja red de pistas sociales: el tono de voz (a menudo más entusiasta al referirse a un objeto), la dirección de la mirada del dueño hacia el objeto y la forma en que el dueño y su compañero manipulaban o señalaban el juguete. Los investigadores argumentan que la clave no es solo el sonido de la palabra, sino el contexto social que la acompaña. Es decir, los perros APD son capaces de utilizar su sensibilidad social para mapear el sonido con el referente.
Cuando llegó el momento de evaluar lo que los perros habían aprendido, los juguetes fueron trasladados a una habitación separada y se les pidió a los perros que los recuperaran por su nombre. Este era el momento de la verdad, ya que si habían aprendido, la capacidad de recuperación debía ser alta, incluso en ausencia del contexto de la conversación inicial. Los resultados fueron sorprendentes por su consistencia.
Resultados Sorprendentes: Aprendizaje Acelerado por Observación Pasiva
Siete de los 10 perros lograron recuperar los juguetes correctos en ambas situaciones de aprendizaje, y a menudo lo hicieron en sus primeros intentos. Esto confirmó que, incluso en la condición de entrenamiento pasivo, la adquisición de vocabulario había tenido lugar de manera efectiva.
En los ensayos iniciales, cuando se les enseñó directamente mediante la interacción y el juego (la forma en que se esperaba que aprendieran), los perros eligieron el juguete correcto alrededor del 80 por ciento de las veces. Sin embargo, el resultado más revelador se produjo cuando se probó lo que habían aprendido únicamente por escuchar las conversaciones de sus dueños: ¡su precisión fue del 100 por ciento!
Shany Dror comentó sobre el resultado inesperado: "Diseñé este experimento porque pensé que los perros APD estaban captando algo mientras observaban las interacciones de sus dueños. Por lo tanto, no me sorprendió tanto ver que habían aprendido los nombres de los juguetes, pero sí me sorprendió mucho ver cuán precisos y seguros estaban cuando llegamos a evaluar lo que habían aprendido". Este 100% de precisión en la condición pasiva sugiere que la falta de presión o instrucción directa, combinada con la rica información contextual proporcionada por la interacción social humana, podría ser un método de aprendizaje más eficiente para estos individuos dotados que el entrenamiento tradicional basado en comandos.
El Desafío de la Separación Temporal
Para llevar la prueba aún más lejos y asegurarse de que los perros no dependieran simplemente de la simultaneidad de la palabra y el objeto (es decir, que el nombre se dijera justo cuando el objeto estaba visible), los dueños realizaron una prueba adicional. En esta ocasión, mostraron los juguetes a los perros, los colocaron en un cubo y solo después nombraron los juguetes en el contexto de la conversación.
Incluso con esa separación temporal y física entre la visión del objeto y el nombramiento, la mayoría de los perros todavía aprendieron los nombres correctos. Este hallazgo es crucial, ya que implica que la habilidad de los perros APD va más allá de un simple reflejo condicionado. Demuestra que son capaces de codificar la palabra, retener la imagen mental del objeto y vincularlos posteriormente basándose en el contexto social de la interacción observada. Esta capacidad cognitiva es sorprendentemente avanzada y es una característica fundamental del mecanismo humano de aprendizaje de palabras conocido como fast mapping (mapeo rápido).
Los hallazgos de este estudio no implican, por supuesto, que todos los perros aprendan palabras de esta manera. De hecho, subrayan cuán raros son los perros APD. Sin embargo, sí ofrecen una visión excepcional de las habilidades sociales avanzadas que hacen posible la adquisición de vocabulario complejo. Esta investigación nos obliga a replantear cómo definimos la inteligencia social y lingüística en especies no humanas.
Tradicionalmente, el estudio del lenguaje en los animales se ha centrado en la capacidad de imitación o en el condicionamiento operante (recompensa/castigo). Este estudio, sin embargo, sugiere que los perros APD poseen precursores cognitivos para el lenguaje que se asemejan mucho a los que exhiben los bebés humanos. El hecho de que puedan aprender observando a otros sin ser los destinatarios de la comunicación es un indicador claro de una cognición social sofisticada. Estos perros no solo están siguiendo comandos; están participando en un nivel de referenciación social muy elevado.
El Paralelismo con el Desarrollo Infantil
El mapeo rápido (fast mapping) es el proceso por el cual los niños aprenden una nueva palabra después de haberla oído solo una vez o un número limitado de veces, generalmente al inferir su significado a partir del contexto. Si un adulto señala un objeto nuevo y lo nombra en una conversación, el niño de menos de dos años es capaz de realizar esa conexión de forma inmediata, incluso si la palabra no estaba dirigida directamente a él.
El estudio de los perros APD demuestra que ellos utilizan una estrategia sorprendentemente similar. Al igual que los bebés que están en la fase explosiva de adquisición de vocabulario, estos perros están sintonizados con la intención comunicativa humana. No están esperando una instrucción, sino que están leyendo las señales sociales (el tono, la entonación, la dirección de la mirada) para determinar a qué objeto hace referencia un nuevo sonido. Este paralelismo sugiere que la base del aprendizaje de palabras no es una característica puramente humana o lingüística, sino que se apoya en capacidades sociales y atencionales que pueden haberse co-evolucionado en especies que viven en estrecha proximidad social, como los perros y los humanos.
La Genética y el Entorno en el Aprendizaje de Palabras
Aunque la investigación se centra en la demostración conductual de este aprendizaje por observación, plantea preguntas inmediatas sobre los factores subyacentes. ¿Por qué solo un grupo tan pequeño de perros desarrolla esta habilidad? La respuesta es, probablemente, una combinación de predisposición genética y la estimulación ambiental temprana.
Las razas de pastoreo, como los Border Collies, fueron criadas específicamente para prestar una atención intensa a las señales humanas, procesar comandos complejos y anticipar las intenciones del pastor. Es plausible que esta selección genética haya magnificado su capacidad de atención conjunta y su sensibilidad a las sutiles señales comunicativas. Sin embargo, no todos los Border Collies son perros APD. Esto sugiere que debe haber también una intensa neuroplasticidad o una disposición específica durante el desarrollo temprano que, combinada con un entorno rico en interacciones verbales, desbloquea esta habilidad única.
El estudio de la cognición canina está en auge, y entender las diferencias individuales es crucial. Si bien la mayoría de los perros se benefician de un entrenamiento directo y basado en recompensas, estos individuos APD nos muestran que para algunos, el aprendizaje es mucho más implícito y social. Son esponjas cognitivas que absorben información de su entorno simplemente por su presencia y atención.
Perspectivas Futuras en la Ciencia Canina
Los autores de la investigación esperan que estos hallazgos profundicen la apreciación por las habilidades sociales de los perros y nos ayuden a comprender mejor su potencial cognitivo completo. Estudiar a estos perros APD proporciona un modelo excepcional para explorar algunas de las habilidades cognitivas que permitieron a los humanos desarrollar el lenguaje tal como lo conocemos.
“Estos perros proporcionan un modelo excepcional para explorar algunas de las habilidades cognitivas que permitieron a los humanos desarrollar el lenguaje”, afirmó Dror en un comunicado de prensa. “Pero no sugerimos que todos los perros aprendan de esta manera, ni mucho menos.” La investigación futura probablemente se centrará en el escaneo cerebral de estos perros (utilizando técnicas de resonancia magnética funcional, por ejemplo) mientras procesan lenguaje, para identificar si existen diferencias estructurales o funcionales en las áreas cerebrales asociadas con el procesamiento de palabras y la atención social. Comprender la base biológica de la capacidad APD podría no solo mejorar la vida de los perros, sino también arrojar luz sobre las capacidades no verbales que son el cimiento de nuestra propia capacidad lingüística.
Fuentes
https://www.science.org/doi/10.1126/science.abk1327
https://www.eurekalert.org/news-releases/1111544
https://www.cell.com/current-biology/fulltext/S0960-9822(14)00827-0

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